La Comisión Europea ha dado a conocer las previsiones macroeconómicas actualizadas para los Estados miembros, y España ha salido beneficiada. Bruselas ha mejorado la previsión de crecimiento del PIB español para este año en una décima, situándola en el 2,4%, a pesar del contexto de guerra en Oriente Medio y el incremento del precio de los combustibles. Esta revisión al alza contrasta con lo que ha pasado con la mayoría de los grandes países europeos. Alemania ha visto empeorar su previsión desde el 1,2% previsto en noviembre hasta el 0,6%; Francia ha caído del 0,9% al 0,8%; los Países Bajos del 1,3% al 1,0%, e Italia del 0,8% al 0,5%.
España es el único país de la Unión Europea que mejora sus previsiones para el 2026, mientras que Lituania y Polonia mantienen sus cifras. El resto de la eurozona ha empeorado de manera generalizada. Para el conjunto de la Unión Europea, la Comisión ha rebajado el crecimiento en 0,3 puntos porcentuales, hasta el 1,1%, mientras que para la eurozona se sitúa en el 0,9%. De cara al 2027, el ejecutivo comunitario prevé una recuperación modesta de los dos bloques, con un crecimiento del 1,4% para la UE y del 1,2% para la eurozona.
Los motores del crecimiento español: demanda interna y mercado laboral
El ejecutivo de Ursula von der Leyen explica que el crecimiento económico de España estará liderado principalmente por la demanda interna, con el apoyo de un rendimiento robusto del mercado laboral y del crecimiento de la inversión. A pesar de la "incertidumbre geopolítica" y los altos precios de la energía, la actividad económica española está prevista que se mantenga "relativamente próspera" este año. La Comisión destaca que las medidas aprobadas por el Gobierno en marzo para hacer frente al impacto económico, como la reducción del IVA de los petróleos, tendrán un impacto del 0,2% del PIB. Las ayudas a los agricultores, transportistas, a las empresas de uso intensivo de electricidad y a las personas vulnerables impactarán en un 0,1% adicional.
No obstante, Bruselas advierte que las exportaciones netas afectarán de manera "negativa" el crecimiento del PIB durante el 2026, a pesar de que prevé que el impacto sea generalmente neutro en el 2027. Otro foco de preocupación es el potencial debilitamiento de la actividad turística, debido a una subida en el coste de los viajes derivada del encarecimiento de los carburantes y de la inflación en los servicios. La situación geopolítica podría reducir la confianza en el mercado, lo cual se traduciría en una menor inversión por parte de las empresas y en una caída del consumo.
Inflación del 3% en 2026 y deuda por debajo del 100%
En cuanto a los precios, la Comisión Europea estima que España terminará el año con una inflación del 3%, una cifra que refleja la subida "aguda de los precios de la energía" derivada del conflicto en Oriente Medio. A corto plazo, Bruselas alerta de que la inflación ha empeorado en comparación con las previsiones publicadas el pasado noviembre, y la sitúa en el 3,1% para el conjunto de 2026 y en el 2,4% para 2027. Este repunte inflacionista es uno de los principales riesgos para la economía española, dado que reduce el poder adquisitivo de los hogares y puede condicionar las decisiones de consumo.
En el capítulo fiscal, Bruselas pronostica que el Gobierno logrará bajar la deuda por primera vez desde 2019 por debajo del 100% del PIB, hasta el 99,6%, gracias al buen ritmo de crecimiento económico. El déficit público se estabilizará en el 2,4% este año y bajará hasta el 2% el próximo, cifras que sitúan a España dentro de los márgenes establecidos por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que fija el límite del 3% para el déficit.
Una de las cifras más destacadas de la previsión es la reducción del paro. Bruselas estima que España cerrará el año con una tasa del 9,9%, lo cual supone situarse por debajo del 10% por primera vez desde 2008. El próximo año el paro continuará reduciéndose hasta el 9,6%. Esta mejora se explica por la creación de empleo, que se mantendrá al alza gracias a la contribución de la inmigración, uno de los factores que está permitiendo cubrir vacantes en sectores como la hostelería, la construcción y los servicios. A pesar de esta evolución positiva, España todavía es uno de los países de la Unión Europea con una tasa de paro más elevada, solo superada por Finlandia, que cerrará el año con un 10,1%. La diferencia con la media de la eurozona, que se situará en el 6,5% en 2026, continúa siendo notable y refleja las debilidades estructurales del mercado laboral español, como la temporalidad y la baja ocupación en determinados segmentos de la población.
En el análisis global, la Comisión Europea destaca que, como la Unión Europea es un "importador neto de energía", la economía comunitaria es "altamente susceptible" a los impactos energéticos causados por la guerra en Oriente Medio. No obstante, Bruselas subraya que la inversión en resiliencia energética realizada desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia "está dando sus resultados", con una diversificación de fuentes de suministro y un impulso a las energías renovables que ha reducido la dependencia del gas ruso.
A pesar de estos avances, el encarecimiento del crudo y del gas natural continúa siendo el principal factor de riesgo para las economías europeas, especialmente para aquellas que, como España, tienen un peso relevante del turismo y del transporte en su PIB. La Comisión ha insistido en la necesidad de continuar avanzando en la autonomía energética para reducir la vulnerabilidad ante futuros choques geopolíticos.