El responsable de Energía de la Comisión Europea, Dan Jørgensen, ha lanzado este martes un aviso contundente sobre el alcance de la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio. En una rueda de prensa en Bruselas, el danés ha asegurado que "es probablemente la más grave de la historia", superando en intensidad y en repercusión geopolítica crisis anteriores como las del petróleo de los años setenta. Según Jørgensen, el encarecimiento de los combustibles por el bloqueo del estrecho de Ormuz está "poniendo a prueba la resiliencia" de la economía europea y debería espolear a los Estados miembros a acelerar la transición energética.
Uno de los datos más llamativos que ha aportado el comisario es el impacto financiero directo que el conflicto ya ha tenido sobre el bolsillo comunitario. Desde el inicio de la guerra, la Unión Europea ha gastado más de 30.000 millones de euros adicionales en compras de combustibles fósiles. Y lo más preocupante, según Jørgensen, es que este gasto extra no se ha traducido en un aumento de la cantidad de importaciones. Es decir, la UE está pagando mucho más por los mismos volúmenes de gas y petróleo, lo cual supone una transferencia masiva de renta desde Europa hacia los países productores y una presión inflacionista añadida.
El comisario ha insistido en que, de momento, no hay escasez de hidrocarburos en Europa. Pero ha admitido que el ejecutivo comunitario se prepara para un posible escenario de desabastecimiento, especialmente en lo que respecta al queroseno para los aviones. "Continuamos preparándonos para una situación en la que pueda haber problemas de seguridad en el suministro; no estamos en este punto, pero puede pasar", ha declarado Jørgensen después de reunirse con el ministro de Energía de Moldavia. La aviación comercial es uno de los sectores más vulnerables a una posible interrupción del suministro, porque tiene pocas alternativas al queroseno y no puede electrificarse a corto plazo.
Los daños a las infraestructuras del Golfo Pérsico tardarán años en repararse
Otra advertencia relevante del comisario ha sido sobre las consecuencias a largo plazo del conflicto. Jørgensen ha explicado que "es demasiado pronto" para determinar cuándo volverán a la normalidad los mercados energéticos globales, pero ha avanzado que, incluso si el conflicto se detiene hoy, "algunos de los daños a infraestructuras energéticas del golfo Pérsico, especialmente en Qatar, tardarán años en recuperarse". Este diagnóstico apunta a que la crisis actual dejará secuelas duraderas en la capacidad de producción y exportación de gas natural licuado, un combustible clave para Europa desde que redujo su dependencia del gasoducto ruso. Catar es uno de los principales proveedores de GNL del mundo, y si sus instalaciones han quedado dañadas, la UE tendrá que buscar alternativas aún más caras o lejanas.
Jørgensen ha extraído conclusiones profundas de la crisis. Según el comisario, la "lección más importante" que deja el cierre del estrecho de Ormuz es que "la dependencia energética no es solo una cuestión económica, sino también una vulnerabilidad estratégica". Con esta frase, el danés quería subrayar que los Estados miembros no pueden seguir confiando en la seguridad de las rutas comerciales marítimas ni en la buena voluntad de países terceros para garantizar el suministro. Por ello, ha vuelto a defender las recetas comunitarias: reforzar las interconexiones entre países, diversificar los mercados proveedores y acelerar la electrificación y la expansión de las energías renovables.
La rueda de prensa tenía lugar después de una reunión con el ministro de Energía de Moldavia, Dorin Junghietu, un país que ejemplifica perfectamente la vulnerabilidad energética a la que se refería Jørgensen. Moldavia, que no es miembro de la UE, pero forma parte de la Comunidad Energética Europea, depende casi completamente de las importaciones de gas y ha sufrido de manera aguda el incremento de los precios. El encuentro servía para coordinar ayudas y apoyar a Kishiniv en medio de la crisis. Pero también era una manera de recordar a los Estados miembros que la solidaridad energética es clave, y que los países más vulnerables deben ser protegidos para evitar fracturas políticas y sociales. De momento, la UE no activa el mecanismo de emergencia, pero Jørgensen ha dejado claro que todas las opciones están sobre la mesa si la situación empeora.
