Del vino dicen que es un producto vivo y, aunque quizá decir eso sea un tópico demasiado sobado, no se puede negar que el mosto fermentado de la uva es bastante más de lo que puede parecer de primeras porque, de él, viven regiones enteras y, se quiera o no, acompaña y calienta el alma. Por eso, a nadie debe extrañar que enólogos y vitivinicultores se horroricen cuando ven que uno de sus caldos no se conserva, transporta o consume como toca. Para acabar con ese horror cotidiano que, incluso, puede echar a perder vino excelentes, el grupo bodeguero La Rioja Alta acaba de diseñar un singular sistema que permite controlar tal contingencia

Punto crítico
El transporte y almacenaje de los vinos que abandonan una bodega es uno de los puntos más críticos de la cadena de suministro que lleva al producto desde la bodega a la copa del consumidor y, por esa razón, el Departamento de Calidad de La Rioja Alta S.A. acaba de decidir instalar sensores en cada una de las cajas y estuches que protegen sus botellas para, así, conocer en todo momento las temperaturas, humedades, vibraciones y luminosidad a que sus vinos se ven sometidos hasta que llegan al cliente final. Ahora, todo estará medido y, ante cualquier inconveniente, se podrá saber qué ha fallado.

Trazabilidad
En sí, la medida es sólo un paso más dentro del interés por la trazabilidad que caracteriza a una bodega que controla y monitoriza todas las fases de su sistema de producción. Con ello, ahorra costes y evita devoluciones y, lo más importante, puede saber dónde, cuándo y cómo se producen los problemas para, así, poder ofrecer siempre el mejor producto a sus clientes. Seguramente, su ejemplo será seguido por otros muchos elaboradores agroalimentarios. Con sede en Haro y fundada en 1890, La Rioja Alta, S.A. elabora y comercializa vinos tan reconocidos como Gran Reserva 890, Gran Reserva 904, Viña Arana Gran Reserva, Viña Ardanza o Viña Alberdi.