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El amor es, probablemente, uno de los conceptos más difíciles de descifrar. Si le preguntamos a Google, que toma como referencia a la RAE, lo define como un sentimiento de afecto y unión hacia una persona, un animal o una cosa. Sin embargo, sabemos que explicarlo implica analizar multitud de vivencias y factores subjetivos; según tus circunstancias personales, tendrás una perspectiva más o menos optimista sobre el tema.

La comunidad científica también se ha volcado en su estudio, aunque desde un enfoque completamente distinto: el de las matemáticas. El objetivo de estas investigaciones es identificar los puntos de inflexión que determinan si una relación perdurará o si terminará por desmoronarse. Por extraño que parezca, los modelos matemáticos pueden aplicarse a los sentimientos entendidos como sistemas dinámicos, tomando como variables la atracción, las reacciones emocionales, los conflictos y la capacidad de recuperación tras una crisis.

¿Existe el amor duradero y se puede predecir con una fórmula matemática?

El punto de partida lo fija la Universidad de Lyon I junto con un equipo de investigadores liderado por el profesor Laurent Pujo-Menjouet. Bajo su tutela, abordan las relaciones románticas como sistemas complejos: analizan la evolución de los sentimientos y cómo responden a las presiones externas, determinando cómo se desgastan o se fortalecen con el paso del tiempo. Pujo-Menjouet es autor del libro Love! Valour! Equations!, una obra que entrelaza las matemáticas con la literatura, el cine y la psicología. Como se ha sostenido a lo largo de la historia, no existen pociones mágicas ni fórmulas infalibles, pero el autor plantea si toda esperanza está perdida. Es ahí, según su criterio, donde reside el verdadero interés de la cuestión.

Para armar el modelo matemático, el estudio toma como símil el comportamiento de un animal muy concreto: el conejo. Las primeras teorías sobre la dinámica de parejas se inspiraron en el análisis del crecimiento poblacional en el reino animal. El ejemplo más claro lo encontramos en los modelos malthusianos y en las ecuaciones depredador-presa, empleadas para estudiar la expansión de los conejos en Australia o de los linces en Canadá. En este contexto cobra relevancia el denominado efecto Allee, que describe qué ocurre cuando una población cae por debajo de un nivel crítico: por debajo de ese umbral, la supervivencia se complica; por encima de este, la población tiene más probabilidades de crecer y mantenerse estable.

El amor podría verse como una ciencia inexplicable

Del mismo modo que se predice el crecimiento demográfico o el riesgo de extinción de una especie, es posible formalizar un modelo sobre la evolución de los afectos en una pareja. La finalidad es comprender por qué ciertos vínculos permanecen sólidos frente a las adversidades, mientras que otros se van distanciando indefectiblemente.

Las matemáticas aplicadas al amor a través de modelos interconectados

El conocido Dr. John Gottman, apodado Dr. Love, colaboró en la caracterización del comportamiento afectivo mediante la aplicación del análisis matemático. A partir de las interacciones observadas en parejas reales, logró traducir esos flujos de datos en gráficas cuantitativas. Otros estudios añaden capas adicionales de complejidad, como las reacciones retardadas: ese lapso en el que las personas no responden de inmediato durante un desacuerdo y cuya falta de respuesta puede apaciguar el conflicto o, por el contrario, agravarlo.

Volviendo a Pujo-Menjouet, el investigador insiste en que la premisa central destaca por su sencillez: cada relación cuenta con un umbral crítico que representa la intensidad mínima necesaria para que el vínculo se mantenga estable. Si los afectos decaen y se estancan por debajo de esa línea, los modelos indican una trayectoria clara hacia la ruptura. Identificar este umbral resulta crucial para que las parejas reconozcan las zonas de riesgo y apliquen medidas correctoras a tiempo. Entre las variables integradas en estos modelos figuran el estrés, las discusiones y las presiones externas; no se trata solo de registrar su presencia, sino de evaluar cómo reacciona la pareja ante ellas y si logra recuperarse tras el impacto.

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En conclusión, existen tres factores clave para predecir la estabilidad de una relación a lo largo del tiempo: la atracción mutua, el desgaste gradual de los sentimientos y el tipo de respuesta emocional hacia la otra persona. En conjunto, estas tres variables determinan la resiliencia del vínculo cuando se enfrenta a discusiones o situaciones adversas. El modelo presenta limitaciones lógicas, ya que las dinámicas cambian notablemente según la región geográfica o el contexto socioeconómico. Las matemáticas ofrecen pautas y sirven de guía, pero no constituyen una ciencia exacta capaz de predecirlo todo. Aún queda un largo camino por recorrer en este campo.