Si has visto películas, series o documentales sobre Chernóbil, sabrás que es una zona no autorizada para permanecer. Sin embargo, la naturaleza es sabia y se ha adaptado a un entorno donde la presencia humana no existe. La llamada zona de exclusión parece tener vida debido a la presencia de varias especies animales. 

Lo que llama la atención 40 años después del suceso que cambió una parte de la historia es cómo pueden permanecer, en especial, algunos perros que están en el lugar. Curiosamente, fueron parte de las familias que tuvieron que evacuar la zona. Es como un gran laboratorio al aire libre, según los biólogos que han estudiado durante años este caso. Las mutaciones son parte del día a día; se ha podido notar que hasta las ranas cambiaron de color debido a la melanina que funge en su interior como un protector. ¿Pero qué pasa con los perros que permanecen en este lugar? 

Chernóbil parece ser un lugar que no ha perjudicado totalmente a los perros

De acuerdo con un estudio reciente del ADN de más de 300 perritos, los que están muy cerca de la central nuclear son distintos a los que habitan en Chernóbil, al menos genéticamente. Los dividen 10 kilómetros de distancia y lo más extraño es que no dan por hecho que la radiación los ha hecho mutar en el aspecto de sobrevivencia. La radiación no es el factor número 1 de evolución, sino que afirman que su propia existencia se debe a que pueden prosperar en un área aislada sin humanos. 

Como bien se ha dicho por años que el perro es el mejor amigo del hombre, existe una excepción de la regla, pero para los canes. Para demostrar lo que está sucediendo, los investigadores observaron con lupa el genoma de cada uno de ellos. Estuvieron buscando rastros de radiación hasta en los cromosomas. Se comparó a estos canes de Chernóbil con los de otros países cercanos, pero que no están dentro del radio de afectación. Encontraron que no hay ni una mínima evidencia clara de mutación acelerada, por lo que la radiación no está provocando ningún tipo de mutación para salvar sus vidas. Esto podría verse en su huella celular, cosa que no está ni cerca de suceder. 

Son más de 1.000 perros que aún están presentes en la zona de exclusión, que es de 30 kilómetros; para buscar su sobrevivencia, les gusta reunirse en la central nuclear debido a que existen algunos trabajadores que les dan de comer. Un acto de salvación que parece estar ocurriendo en menor escala es que desde el 2017 se está tratando de reubicarlos, no sin antes vacunarlos, esterilizarlos y hasta castrarlos. Aún se está investigando el caso de algunos canes que tienen un pelaje de tonalidad azul. 

El caso de los perros en Chernóbil

Esto sucedió con los perros de Chernóbil en 1986

Cuando la antigua Unión Soviética estableció la zona de exclusión, los evacuados no pudieron llevar nada que no pudieran cargar y las mascotas tuvieron que quedarse con la promesa de que podrían regresar en tres días, pero nunca volvieron. Los soldados del Ejército Soviético visitaron Pripyat con la finalidad de sacrificar a los animales que quedaron. Por suerte, no pudieron reunirlos a todos. Algunos han sido expulsados por manadas de lobos que los atacan. Sobreviven en los alrededores de la central nuclear, otros en Chernóbil y otros en los diferentes puestos de control de seguridad. 

Desde el 2017 existe el programa de Perros de Chernóbil, donde Clean Futures Fund estableció el programa de cuidado mediante esterilización, castración y vacunación. Expertos entre veterinarios, técnicos, científicos y agentes de control de animales, además de voluntarios de todo el mundo, han ido año con año a brindar atención médica. Es posible realizar una donación en su página web desde los 5 dólares. 

Seguramente seguirá circulando este tipo de información conforme al paso del tiempo; lo que es importante es que esta organización está poniendo el foco de atención en el problema y que lleva varios años haciéndolo. ¿Cuántos años podrán permanecer así tomando en cuenta las condiciones actuales? Una situación que luce complicada, aunque si ya duraron los descendientes durante 40 años, parece que seguirán viviendo por muchos más años gracias a la ayuda de la gente que puede visitarlos.