Los astronautas que forman parte de la tripulación de Artemis II tienen todos ellos un iPhone 17 Pro Max en su bolsillo. Esto es algo curioso, ya que cada gramo extra que se envía al espacio cuesta mucho dinero; por eso es muy importante reducir el peso al máximo en este tipo de misiones. El iPhone 17 Pro Max es el más pesado de Apple, por lo que ponerlo en órbita ha costado bastantes miles de euros. ¿Cómo es posible que la NASA lo haya permitido?
Así fue como la NASA autorizó el uso del iPhone 17 Pro Max para los astronautas de la misión Artemis II
No es la primera vez que un iPhone participa en una misión espacial, pero sí es la primera vez que la NASA ha proporcionado un iPhone a cada miembro de la tripulación para que puedan tomar fotos y vídeos. Apple no ha participado en el proceso de aprobación de los iPhones para esta misión, aunque sabemos que tienen modificaciones especiales: no tienen Wi-Fi, ni Bluetooth, ni conectividad de datos. Funcionan exclusivamente como cámaras de fotos y vídeo de alta resolución, muchas de estas fotos ya han sido publicadas.
Pero ese no era el único requisito de la NASA. También se evaluó la resistencia del dispositivo mediante la prueba de los materiales a posibles roturas. El iPhone 17 Pro Max cuenta con Ceramic Shield 2 tanto en la parte frontal como en la trasera y se evaluó que, si la pantalla se rompía, los fragmentos no flotaran en microgravedad.
También se realizó otra prueba extrema para garantizar que las baterías de litio no se sobrecalienten o exploten en la atmósfera sellada de la cápsula Orion. Tras pasar todas estas pruebas, la propia NASA le dio a cada miembro de la tripulación un iPhone 17 Pro Max.
Y no es algo que les haya salido barato. Más allá del propio coste del dispositivo, se estima que poner un kilogramo en órbita lunar con el sistema SLS cuesta aproximadamente entre 50.000 y 100.000 dólares. El iPhone 17 Pro Max pesa 231 gramos, por lo que los cuatro dispositivos pesan casi un kilogramo, enviarlos no ha sido nada barato. Aunque es cierto que el coste es bajo si lo comparamos con los miles de dólares que ha costado la misión Artemis II.
