Viajar hasta otra estrella sigue siendo uno de los mayores retos de la exploración espacial. Ahora, un pequeño proyecto privado asegura haber encontrado una ruta posible hacia Alfa Centauri utilizando tecnología disponible actualmente, aunque con una contrapartida enorme: el trayecto duraría decenas de miles de años.
La propuesta pertenece a Fermi Explorer Mission, una organización sin ánimo de lucro que quiere lanzar una pequeña nave antes de terminar 2029. Su objetivo es poner rumbo al sistema de Alfa Centauri, situado a unos 4,4 años luz de la Tierra, con un presupuesto inferior a 15 millones de dólares.
Una parte especialmente llamativa del proyecto es que la trayectoria ha sido desarrollada con ayuda de Physical Superintelligence (PSI), un laboratorio que utiliza inteligencia artificial para resolver problemas de física. El perfil de vuelo calculado sitúa el viaje en torno a los 77.500 años, dentro del objetivo general de mantenerlo por debajo de los 80.000.
Una IA encontró una ruta compatible con la tecnología actual
Fermi Explorer no pretende desarrollar un motor revolucionario. Su estrategia consiste precisamente en apoyarse en tecnologías ya existentes y reducir al mínimo la investigación necesaria antes del lanzamiento.
El proyecto contempla una nave pequeña con propulsión eléctrica solar y una carga útil de al menos un kilogramo. La idea es acelerar de forma gradual y aprovechar diferentes maniobras orbitales para colocarla en una trayectoria interestelar.
El desafío estaba en encontrar una ruta capaz de cumplir esas condiciones sin disparar la masa, el consumo de combustible o el presupuesto. Ahí entró PSI.
Según la propia misión, el laboratorio desarrolló una maniobra final que aprovecha sucesivos acercamientos al Sol para modificar la energía orbital de la nave y aumentar progresivamente su velocidad.
Este tipo de trabajo refleja cómo la inteligencia artificial empieza a utilizarse no solo para analizar datos, sino también para buscar soluciones a problemas físicos complejos. En El Nacional ya hemos visto cómo la IA puede utilizarse para acelerar la búsqueda de nuevas leyes del universo.
Eso no significa que el diseño esté cerrado. Los cálculos de Fermi Explorer siguen siendo preliminares y tendrán que someterse a comprobaciones de ingeniería mucho más detalladas antes de convertirse en una trayectoria definitiva de vuelo.

Alfa Centauri está cerca, pero solo en términos astronómicos
Alfa Centauri es el sistema estelar más cercano al Sol, aunque esa cercanía resulta engañosa cuando se compara con las velocidades que puede alcanzar una nave actual.
La luz tarda algo más de cuatro años en cubrir la distancia que hoy nos separa del sistema. Fermi Explorer viajaría a una fracción diminuta de esa velocidad y tendría que dirigirse al lugar donde estará Alfa Centauri dentro de decenas de miles de años, no a su posición actual.
El cálculo de la misión tiene en cuenta ese movimiento. La trayectoria preferida permitiría que la nave pasara cerca del sistema dentro de unos 77.500 años.
La cifra sirve para poner en perspectiva las limitaciones actuales de los viajes interestelares. Incluso tecnologías diseñadas para mejorar los desplazamientos dentro del sistema solar operan en una escala completamente diferente. Por ejemplo, nuevos sistemas de propulsión espacial desarrollados por el MIT pueden aumentar la eficiencia de satélites y sondas, pero no reducen un viaje a otra estrella a unas pocas décadas.
Los propios responsables de Fermi Explorer reconocen además una posibilidad curiosa: que futuras sondas lanzadas mucho más tarde, pero equipadas con tecnologías más rápidas, terminen adelantándola durante el trayecto.
El objetivo, por tanto, no es ser necesariamente la primera nave en llegar a Alfa Centauri. La meta es conseguir lanzar un objeto diseñado desde el principio para viajar hacia otro sistema estelar.
Un proyecto de 15 millones frente a propuestas mucho más ambiciosas
La comparación más evidente es Breakthrough Starshot, presentado en 2016 con una inversión inicial de 100 millones de dólares. Starshot propone utilizar potentes láseres para acelerar pequeñas sondas hasta alrededor del 20% de la velocidad de la luz. En teoría, eso permitiría alcanzar Alfa Centauri en unas dos décadas.
Fermi Explorer adopta el enfoque contrario: mucha menos velocidad, tecnologías disponibles actualmente y un presupuesto total inferior a 15 millones de dólares.
La relación con Bill Gates aparece a través de PSI, no de la misión directamente. Physical Superintelligence anunció una ronda de 58 millones de dólares liderada por Breakthrough Energy Ventures, la firma de inversión climática fundada por Gates. PSI participa en Fermi Explorer aportando sus herramientas de inteligencia artificial y cálculo físico.
El proyecto llega además en un momento de creciente interés por lo que ocurre fuera del sistema solar. En El Nacional hemos contado, por ejemplo, cómo el SETI investigó el objeto interestelar 3I/ATLAS en busca de posibles señales tecnológicas.
Fermi Explorer plantea el movimiento contrario: en vez de esperar a que algo procedente de otra estrella llegue hasta nosotros, enviar deliberadamente un objeto construido por humanos hacia otro sistema.
Por ahora sigue siendo una propuesta y quedan por resolver cuestiones de diseño, financiación y lanzamiento. El calendario establece que la nave debería despegar antes de finalizar 2029.
Si lo consigue, nadie vivo hoy verá su llegada. Tampoco lo harán miles de generaciones posteriores. El verdadero interés del proyecto está en intentar demostrar que una misión interestelar puede comenzar con tecnología actual, aunque completar el viaje siga siendo un problema de una escala casi imposible de imaginar.