El futuro, dicen los expertos, será verde o no será y, por eso, son legión ya las personas que estás modificando sus hábitos cotidianos en favor de lo que consideran una forma más sostenible de estar en el mundo. ¿Hacen bien? Seguro que sí, pero la pregunta no es esa porque, de lo que se trata, es de saber si lo que consideramos correcto lo es o no verdaderamente. Por eso, hoy queremos explicarte por qué cinco hábitos que consideras sostenibles no lo son tanto.
Usar bolsas de lona
El plástico es un problema que está presente hasta en la leche materna, pero las bolsas de lona que utilizamos para sustituir las tradicionales bolsas plásticas quizá no sean una solución tan buena como parece: en Dinamarca, hace nada, las autoridades medioambientales elaboraron un estudio en el que se analizaba el impacto que tenía fabricar diferentes tipos de bolsa y se llevaron una sorpresa porque fabricar bolsas de lona o de algodón exigen más recursos, más agua y más energía que fabricar una de polietileno. Si queremos compensar ese gasto, hay que usar las bolsas de lona 7.100 veces y las de algodón, 20.000.

Comprar ropa de algodón orgánico
Si una bolsa de lona de algodón orgánico consume 20.000 veces más recursos que una bolsa de plástico y tres veces más que una bolsa de algodón convencional, está claro que una camiseta fabricada en ese material seguro que causa también notables problemas al medio. ¿Por qué? Pues porque su cultivo consume muchísima agua y ocupa enormes extensiones ya que, al no permitir pesticidas, el porcentaje de plantas que se malogra es muy grande.
Comprar nuevas versiones más sostenibles de lo que ya tienes
Seguramente, esa nevera que tienes desde hace diez años y funciona razonablemente consume más que esa otra que te acaban de enseñar en tu tienda de electrodomésticos de confianza pero ¿te has parado a pensar cuánto vas a contaminar si te deshaces de la tuya antes de tiempo? ¿has pensado cuántos recursos han hecho falta para fabricar la nueva? No seas otra víctima más del marketing y, si has de rendirte, que sea ante la obsolescencia programada: cambia cuando ya no haya remedio, no antes.
Usar Uber o Cabify
Lo nuevo, siempre, nos atrae, pero no tiene porque ser mejor que lo antiguo: un coche no deja de ser un coche y, si un servicio motorizado nuevo aparece para cubrir una necesidad que ya se cubría de otra manera sin que se elimine del mercado la opción anterior, lo que estamos haciendo es multiplicar el número de automóviles presentes en nuestras ciudades. No, no te autojustifiques: Uber y Cabify son más cómodos que un autobús, pero no son más sostenibles que el autobús, el taxi o tu propio coche. Si quieres contaminar menos, camina o monta en bici.
Consumir productos ecológicos sin saber de dónde vienen
¿Qué nos conviene más que compres? ¿Un vino ecológico de Nueva Zelanda o un vino que se elabora a 100 kilómetros de tu casa? Si escoges el vino neozelandés, que sea porque te gusta, pero no por la etiqueta que lleva. Aunque un producto sea ecológico, si para que podamos consumirlo hace falta que cubra miles de kilómetros no estaremos ayudando en nada.