Cual espejismo de un desierto, el Universo también posee sus propias ilusiones ópticas. No son oasis de paz y fertilidad, sino más bien todo lo contrario. Son el reflejo de explosiones masivas de energía que se repiten a lo largo del tiempo como un recuerdo constante de lo que fuimos en el ayer. Conocidos como "ilusiones cósmicas", estos reflejos se disipan en la oscura neblina espacial como figura fantasmagórica de la muerte de las estrellas. Estas supernovas eternas palpitan sin cesar en la inmensidad del espacio y contienen una pista clave para resolver uno de los mayores enigmas de la historia del Universo.
La muerte de una estrella, una ilusión cósmica
Las supernovas son uno de los eventos más espectaculares que se dan en el universo. Una explosión estelar que pone fin a la vida de las estrellas y que da paso a un nuevo ciclo vital con la formación de nuevos astros y planetas. Los científicos buscan y localizan estos eventos en el cosmos para comprender cómo funciona el orden natural del universo. Pero, además, la muerte de las estrellas también ayuda a revelar la velocidad a la que se está expandiendo el Universo.
Sherry Suyu, astrofísica del Instituto Max Planck, tiene la fortuna de poder observar las imágenes que el telescopio Hubble envía a nuestro planeta para analizar las supernovas. Recientemente, fijó la mira en la galaxia SN Requiem, donde una estrella de dimensiones colosales agoniza explotando una y otra vez. Ya ha muerto tres veces. Suyu cree que volverá a detonarse de nuevo. Como si la estrella se negara a morir.
Es una ilusión óptica. Un espejismo espacial. La estrella solo murió una vez, pero su muerte se repite en el tiempo a través de la magia de las lentes gravitatorias, un fenómeno que desvía y magnifica la luz de los objetos, distorsionando y curvando el espacio y el tiempo.
Gracias a este efecto, los astrofísicos tienen la capacidad de medir objetos distantes en el universo. La distorsión provoca que la explosión de las estrellas aparezca una y otra vez en las imágenes del telescopio Hubble, en diferentes ubicaciones y tiempos.
Midiendo el retraso temporal, es posible calcular con mucha precisión la distancia de la galaxia en la que se encuentra la explosión estelar. Combinando esa distancia con la rapidez a la que se aleja de la Tierra, se obtiene una medida de la constante del telescopio Hubble: la tasa de expansión del universo.
La cosmografía de retardo temporal no depende de la astrofísica de las supernovas, ni tampoco se relaciona con la materia oscura. Se basa únicamente en que una galaxia o cúmulo de galaxias actúe como lente gravitacional, y en un objeto, como una supernova, cuyo destello brillante proporciona una marca temporal.
Los astrónomos solo necesitan medir el retraso entre los destellos observados y aplicar una geometría sencilla: el retraso da la diferencia en las longitudes de los trayectos. Las posiciones de las imágenes en el cielo permiten a los astrónomos triangular, obteniendo así una distancia absoluta a la supernova.
