Nunca es una de las primeras opciones de los estudiantes y, fuera de territorios (y familias) de tradición agraria, genera un interés mínimo. Las razones son muchas: no es sencilla, se asocia a empleos que se desempeñan fuera de entornos urbanos y tiene menos glamour que la robótica, las telecomunicaciones o, también, la biotecnología, con la que se relaciona estrechamente. Se trata de Ingeniería Agrónoma y le sucede algo parecido a la que le pasa a la Ingeniería de Minas, aunque con una diferencia: ofrece todavía mayores posibilidades de inserción. Para estudiarla, en 2022 bastó con un 5 en ciudades como Almería, Huelva, Logroño, Salamanca o Madrid.

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No siempre ha sido así

En los años 90, Agrónomos era una carrera popular en la que no faltaban unos cinco millares de alumnos entre los primeros cursos de todas las facultades. La aparición de alternativas vinculadas al mismo ámbito pero con matices tecnológicos que las hacían más atractivas ha ido restando atractivo a unos estudios que, conforme el interés por ellos se reduce, se han adaptado a las demandas de un sector, el agroindustrial, cada vez más tecnificado en el que la demanda de profesionales bien formados es creciente. Resumiéndolo mucho, el objetivo de un ingeniero agrónomo es hacer que los campos seas más productivos y conseguir que los cultivos sean más eficientes. En un contexto en el que la población crece y las necesidades alimentarias también, a un agrónomo nunca le faltará trabajo.

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Múltiples salidas

Desde el regadío a la sostenibilidad y desde la agricultura de precisión a la gestión de procesos de renovación varietal, la agroindustria exige mano de obra cualificada y ofrece, además, sueldos aceptables que, si bien es cierto que suelen llevar aparejada la obligación de residir en (o cerca) de las zonas agrícolas, también abren la puerta a una calidad de vida (la que ofrece el medio rural) mayor que la de las grandes ciudades. En pequeñas capitales y en centros comarcales medios el precio de la vivienda es muy distinto al de las grandes áreas metropolitanas, así que, estudiar Agrónomos —o ingeniería de Minas, que tiene también salidas vinculadas a desempeños que se realizan fuera de las grandes capitales— es una opción interesante. Ante todo, y después de la Selectividad, conviene preguntarse qué es más importante: si trabajar en algo que te guste de entrada o hacerlo en algo que, aunque no lo conozcas, pueda acabar gustándote y ofreciéndote al tiempo una vida más parecida a esa que imaginas.