Fueron una colonia española hasta 1898, cayeron bajo la influencia de Estados Unidos y no se liberaron de ella hasta que en 1959 Fidel Castro derrocó a Fulgencio Batista y se mantuvieron en la órbita soviética hasta que la URSS desapareció en 1991. Hablamos, por supuesto de Cuba, la antigua provincia española que, desde 2019, va camino de convertirse en la base china en América. Un ejemplo de esta nueva relación de conveniencia es la inversión que, en materia fotovoltaica, financia el gigante asiático en la isla caribeña. Desde 2017, China es el principal socio comercial de Cuba.

Cuba
 

Tecnología y productos industriales a cambio de materias primas

Además de por su ubicación estratégica, Cuba interesa a China como productor de materias primas. El azúcar cubano y, en menor medida, minerales como el níquel, interesan a los chinos, que están (como la URSS en su día) encantados de tener un aliado a pocos kilómetros de la costa de Florida. Sólo así se entienden proyectos como el parque solar de Los Cristales, que ocupa 45.000 metros cuadrados, se sitúa en la provincia de Sancti Spíritus y es capaz de generar 2,2 MW. En diciembre pasado, la instalación estaba completada en un 80% y, aunque sólo cubre un 1,5% de las necesidades de la provincia citada, tiene un valor simbólico, pues evidencia cómo Cuba juega también a favor de la revolución verde y explicita que cualquier avance económico o industrial que haya de tener lugar en la isla caribeña tendrá a China como protagonista.

Más proyectos

En nuevo parque solar, ubicado en la localidad de Trinidad, forma parte de un proyecto que contempla duplicar los 20 MW de potencia fotovoltaica que están instalados ya en la provincia de Sancti Spíritus, en la que funcionan otros siete parques solares. En 2030, Cuba quiere que un 24% de la energía que necesita se produzca con sistemas renovables. Para hacerlo posible, ya han escogido socio tecnológico: China. España, de nuevo, ha vuelto a perder otra oportunidad.