Cada Mundial de fútbol tiene su mascota, tiene su polémica (este de Qatar tiene más de una) y tiene su balón propio. Nombres míticos como Telstar, Etrusco, Tango, Azteca, Brazuca o Jabulani se asocian todavía en el imaginario de muchos a gloriosas citas mundialistas y se convirtieron en objeto de deseo de jóvenes e infantes de medio mundo. Ahora, en Qatar, el balón que rueda se llama Al Rihla y tiene una particularidad: es inteligente.

Hecho por Adidas
El fabricante de material deportivo responsable del balón de este Mundial es Adidas, la misma marca que lleva fabricando los balones de los Campeonatos del Mundo de Fútbol desde 1970. Antes, en 1966, fue Slazenger el fabricante que se encargó de diseñar el balón que rodó por los campos ingleses en la única Copa del Mundo que, hasta la fecha, ha podido ganar el país que inventó el fútbol. Al Rihla sirgnifica, si lo traducimos a nuestro idioma, algo así como El Viaje y es, efectivamente, una invitación a viajar hacia el futuro del deporte, porque se trata del primer balón utilizado en una competición mundialista que incluye un sensor de medición inercial que envía datos del balón a los realizadores encargados de retransmitir cada partido para que puedan detectar mejor los puntos de saque. El sensor, que está dentro de cada balón, rastrea los movimientos el balón 500 veces por segundo pero se mantiene siempre en el centro de la pelota, porque incluye un sistema de suspensión.
Pensado para el audiovisual
El Al Rihla es una pieza clave del entramado de cámaras (hasta doce por partido) que monitorean la posición del balón y hasta 29 puntos diferentes en el cuerpo de cada futbolista. Al Rihla es, por tanto, una garantía de dos cosas: de más espectáculo y de más fiabilidad en las decisiones arbitrales. Será difícil, eso sí , que (al menos en su configuración actual) se convierta en el regalo estrella de estas Navidades. Acaso, sin sensor y por 60 euros, que ya es dinero y es el precio al que lo vende Adidas en su web.