Europa sufre los estragos del cambio climático de manera especialmente intensa: si el conjunto del planeta ha experimentado un incremento medio de 1,4 grados desde el año 1900, en el caso del continente europeo se eleva esa cifra a 2,5 grados, de acuerdo con los datos del observatorio climático europeo Copernicus. Estos días, en plena ola de calor recorriendo Europa, se han observado imágenes inédita, como infraestructuras de tranvía fundidas en Alemania o casi toda Francia en alerta roja por temperaturas de hasta 43 grados. Diversos países europeos han alcanzado récords de temperatura estos días. Este miércoles, se ha conocido que este junio ha sido trágico, con más de 200 muertes por calor solo en Catalunya y unas 1.000 en todo el Estado —ha sido el segundo junio más cálido de la serie histórica, con una temperatura media de 3,2 °C por encima de lo habitual, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET)—.
La evidencia científica acumulada durante décadas muestra que en Europa las olas de calor son cada vez más frecuentes, más intensas y más duraderas como consecuencia del calentamiento global provocado por la actividad humana. Europa se ha convertido en el continente que más rápidamente se calienta del planeta, y las temperaturas excepcionalmente altas que se están dando ya y se han dado los últimos veranos lo atestiguan. El informe European State of the Climate 2024, elaborado por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), concluye que Europa se calienta aproximadamente al doble del ritmo de la media mundial desde la década de 1980. El texto señala que 2024 fue el año más cálido registrado en Europa desde que existen registros, con récords de temperatura en amplias zonas del centro, este y sureste del continente.
Esta singular vulnerabilidad europea al cambio climático responde a una combinación de factores climáticos y geográficos. Según el citado informe, un elemento clave es que el acelerado calentamiento del Ártico altera la circulación atmosférica del hemisferio norte, de manera que se han debilitado las corrientes frías provenientes de allí. Asimismo, se ha reducido la cobertura de nieve y hielo sobre Europa, más susceptibles a derretirse por el aumento de las temperaturas. Todos los indicadores señalan que las nevadas en las grandes montañas europeas son menores que hace décadas. Sin esas capas, disminuye el efecto reflector o albedo de la superficie terrestre —el blanco nevado refleja el calor solar, mientras que los colores oscuros lo absorben y se calienta más el territorio—.
Asimismo, cabe destacar el extraordinario calentamiento del mar Mediterráneo, considerado uno de los principales “puntos calientes” del cambio climático global. Las temperaturas superficiales del mar alcanzan valores récord con creciente frecuencia, como señala el informe europeo sobre el clima. Este exceso de calor favorece tanto episodios de temperaturas extremas en las zonas costeras como fenómenos meteorológicos de gran intensidad, incluidas lluvias torrenciales cuando cambian las condiciones atmosféricas. Todos estos factores favorecen la persistencia de situaciones atmosféricas de bloqueo que mantienen durante días o semanas masas de aire muy cálido sobre Europa. Como señala un estudio de World Weather Attribution, episodios de calor intenso y prolongado como los que actualmente padece Europa serían muy inusuales hace medio siglo.
Las muertes por calor podrían doblarse, avisa la OMS
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió la semana pasada que el calor vivido estos días es solo un “ensayo general” de las situaciones que en el futuro se multiplicarán en el continente europeo. El director regional de la OMS en Europa, Hans Henri P. Kluge, ha avisado de que “Europa se calienta más del doble de la media mundial. Las olas de calor ya no son eventos puntuales. Son crisis recurrentes que se hacen más frecuentes, intensas y prolongadas”. La mortalidad por calor ya es elevada entre las personas mayores o con factores de riesgo, y la previsión de las autoridades sanitarias es que el número de fallecimientos pueda doblarse a medida que avance el cambio climático.
