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El incendio forestal originado en Los Gallardos, en Almería, ha evidenciado que un territorio con pocos árboles también puede alimentar un fuego de grandes dimensiones y convertirse en una trampa mortal. La orografía accidentada, la vegetación reseca, la dispersión de las viviendas y las carencias en la planificación de emergencias coincidieron en una zona especialmente difícil de evacuar y de defender. Una de las claves de la propagación fue el relieve del levante de Almería. La sucesión de barrancos, ramblas y vertientes pronunciadas favorece el llamado efecto chimenea: el aire caliente sube rápidamente por las pendientes, empuja las llamas hacia arriba y acelera el avance del fuego.

Este fenómeno se produjo, además, en unas condiciones meteorológicas marcadas por las altas temperaturas, la baja humedad y una vegetación extremadamente seca. La combinación de calor, sequedad y viento facilita tanto el inicio de los incendios como su propagación rápida y dificulta las tareas de los equipos de extinción.

El esparto, un combustible abandonado

El paisaje afectado no es un bosque convencional, ya que se trata de un territorio principalmente desarbolado, con algunos pinos concentrados en los barrancos, matorrales y grandes extensiones de espartales.

El esparto es una gramínea que antiguamente se aprovechaba para fabricar cestas, sillas y otros objetos. El abandono progresivo de esta actividad rural ha permitido que la planta se extienda sin control. Cuando llega a cerca de un metro de altura y se seca, se convierte en un combustible capaz de transmitir el fuego con mucha rapidez.

La zona recibe habitualmente entre 200 y 300 litros de lluvia anuales, una cantidad insuficiente para el desarrollo de un bosque denso. Esto explica la falta de árboles, pero no reduce necesariamente el peligro: la acumulación de hierba seca y matorrales puede originar incendios muy intensos y veloces.

Viviendas dispersas y caminos sin salida

Otro factor determinante es la manera como se ha ocupado el territorio. Entre los barrancos y los espartales hay viviendas aisladas, segundas residencias, casas de nueva construcción y antiguos cortijos parcialmente abandonados.

Muchas de estas edificaciones están conectadas por una red de caminos estrechos que, en algunos casos, acaban delante de una casa o en un punto sin salida. Son los llamados "caminos ciegos", que pueden convertirse en auténticas ratoneras durante una evacuación.

Las autoridades andaluzas han relacionado las muertes con el hecho de que algunas de las víctimas no habrían seguido adecuadamente las instrucciones de evacuación, habrían tomado una ruta equivocada y habrían quedado atrapadas en un callejón sin salida. Otras fuentes, sin embargo, reclaman que se aclaren qué órdenes recibieron exactamente las personas evacuadas.

Planes de emergencia sin actualizar

Prácticamente todo el término municipal de Los Gallardos está clasificado como zona de peligro de incendios forestales. Esta catalogación obliga al municipio a disponer de un plan local de emergencia por incendio forestal aprobado y actualizado.

En el momento del fuego, sin embargo, el Plan Territorial de Emergencia Local de Los Gallardos se encontraba en proceso de redacción y renovación. Por lo tanto, el municipio no tenía completamente actualizado el instrumento que debe organizar la respuesta local ante incendios, inundaciones y otras situaciones de riesgo grave. Estos planes deben establecer las estrategias de prevención, los itinerarios de evacuación, los mecanismos de aviso a la población y la coordinación con el dispositivo Infoca.

Las urbanizaciones, los núcleos aislados y los campings situados en zonas de peligro también deberían disponer de planes de autoprotección ante incendios forestales. Estos documentos deben evaluar los riesgos, definir medidas preventivas y organizar la evacuación.

¿Por qué no se activó el ES-Alert?

La Junta de Andalucía ha defendido la decisión de no enviar un aviso masivo mediante el sistema ES-Alert. El vicepresidente primero del gobierno andaluz, Antonio Sanz, explicó que se siguieron "criterios técnicos" porque un mensaje general podía perjudicar más que beneficiar a la población.

Según esta explicación, no todos los vecinos debían recibir la misma instrucción: mientras algunos debían evacuar, otros podían tener que confinarse. La cobertura de los repetidores de telefonía de la zona no permitía delimitar con suficiente precisión a los destinatarios y existía el riesgo de enviar indicaciones inadecuadas.

El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, evitó cuestionar la decisión de la administración autonómica y defendió la "cooperación institucional" ante la emergencia.

En definitiva, el incendio de Almería no se hizo tan grande por una sola causa. El relieve accidentado, la vegetación seca, las viviendas dispersas, los caminos sin salida y las carencias en los planes de emergencia complicaron tanto la extinción como la evacuación. Todo ello demuestra que, aunque haya pocos árboles, el fuego puede extenderse con mucha rapidez y tener consecuencias trágicas.