La fundación dedicada a la educación Equitat.org —anteriormente llamada Fundació Bofill— sostiene que es necesario cambiar y potenciar la enseñanza de inglés en las escuelas de Catalunya para alcanzar los estándares del marco europeo de referencia para las lenguas. Un estudio presentado por la entidad concluye que el reto no es empezar antes con el inglés, sino "aprenderlo mejor". Por lo cual, plantea que podría ser mejor consolidar primero el aprendizaje del catalán —la lengua “inmersiva”, aprendida en la cotidianidad— en las etapas tempranas y, una vez que los alumnos tengan las competencias lingüísticas y cognitivas necesarias, introducir la enseñanza más intensiva del inglés —lengua de “instrucción”, adquirida en clase— en la segunda etapa de la Primaria.
"Introducir la lengua inglesa en la etapa de educación infantil o durante los primeros cursos de primaria puede ser una buena decisión, pero debemos tener en cuenta que, si mantenemos la exposición mínima, no supondrá ninguna ventaja real en comparación con empezar a introducir el inglés un poco más adelante", apunta la investigación, elaborada por la investigadora Elisabet Pladevall Ballester. Su propuesta es introducir el inglés en Infantil o en los primeros cursos de Primaria "de una manera relajada, lúdica, y regular, solo con el objetivo de familiarizar a los niños". Después, se intensificaría el aprendizaje de manera más formal y estructurada a partir del ciclo medio y superior —a partir de los ocho años—, cuando los niños ya tengan un desarrollo cognitivo mayor y "una motivación y continuidad sostenidas".
Así, el estudio defiende que un buen aprendizaje de esta lengua implica sobre todo garantizar una enseñanza coherente con la etapa evolutiva del alumno y asegurar que se practica un uso real de la lengua cuando se está en condiciones de progresar. Sobre esto, el trabajo plantea las etapas clave en el aprendizaje del idioma. La primera, antes de los 8-9 años, se basa en la familiarización. A partir de 3.º y 4.º de primaria es cuando hay que introducir la enseñanza explícita del inglés, con un trabajo más sistemático de vocabulario, estructuras y uso funcional de la lengua en grupos reducidos que permitan la práctica oral. A partir de 5.º de primaria se debe intensificar la enseñanza, manteniendo los grupos reducidos y dando un peso importante a la práctica oral y el uso activo de la lengua.
Tres horas semanales de inglés a partir de 3.º y 4.º de primaria, y cinco a partir de 5º
Partiendo de este planteamiento, la propuesta de la entidad es asegurar un mínimo de tres horas semanales de inglés a partir de 3.º y 4.º de primaria, con al menos una hora en grupo reducido en los centros ordinarios y dos en los de alta complejidad. Unas cifras que subirían a un mínimo de cinco horas semanales a partir de 5.º y durante la ESO —tres de trabajo explícito de lengua, con desdoblamiento incluido, y dos horas para incrementar la práctica oral—. Los autores del estudio aseguran que este incremento se puede articular dentro del marco curricular vigente, utilizando las horas de gestión autónoma de los centros. En primaria, con la reorganización interna, mientras que en la ESO se tendrían que incorporar 926 docentes adicionales —667 en los centros públicos y 259 en los concertados—, lo cual tendría un coste de unos 45 millones de euros anuales. Si se empieza a aplicar en los centros de alta y máxima complejidad, tendría un coste de unos ocho millones de euros anuales, y pasando posteriormente a todos los institutos, pero solo para dos cursos de ESO (22,5 millones) y finalmente para toda la ESO (45 millones).
Los planteamientos de Equitat.org parten de los resultados alcanzados en inglés por parte de los alumnos catalanes en las pruebas de competencias básicas. La organización apunta que desde hace más de quince años los resultados se mueven entre el suspenso (con un 67,5 como nota más baja en 2012) y el aprobado justo (con un 74,7 como nota más alta en 2020). Además, casi la mitad del alumnado termina la ESO con un nivel bajo de competencia oral. Según su análisis, los resultados empeoran durante la secundaria —el alumnado con bajo rendimiento casi se duplica y pasa del 14% en 6º al 25% en 4º de ESO— y las diferencias según la complejidad del centro se amplían con el tiempo. Es cierto que cerca de un tercio de los alumnos hacen extraescolares de inglés, si bien mayoritariamente de oferta privada.
Rediseñar las pruebas de inglés, objetivos claros por etapa o más auxiliares de conversación
Partiendo de esta base, y además del incremento de horas semanales de la asignatura, el informe plantea un total de siete medidas estructurales, cuya aplicación supondría una inversión de 58 millones de euros anuales —un 0,8% del presupuesto del Departament d'Educació—. Equitat.org propone una aplicación gradual, empezando por los centros de mayor complejidad. La primera medida es rediseñar las pruebas de competencias básicas en inglés para alinearlas con el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas y con el enfoque competencial de PISA. En segundo lugar, propone elaborar un documento de estándares que defina "con claridad" qué se espera lograr al final de cada etapa —orientativamente A2 al final de primaria, B1 al final de ESO y B2 al final de bachillerato—. El documento debería concretar también orientaciones metodológicas coherentes con la investigación.
La organización propone también recuperar las estancias de formación en el extranjero del profesorado —destinando 400.000 euros anuales para garantizar que al menos el 10% del profesorado pueda acceder a ellas cada año— y aumentar las oportunidades de formación permanente, crear un programa de mentoría con 40 mentores para acompañar centros y docentes con visitas aproximadamente cada quince días —con un coste de unos dos millones anuales— y ampliar los auxiliares de conversación para asegurar presencia regular en los centros. Sobre esto último, asegura que actualmente solo hay 145 auxiliares de conversación y que sería necesario llegar a los 730, priorizando centros de alta y máxima complejidad, con presencia regular de entre una y dos horas semanales en grupos desdoblados a partir de 5º de primaria. La ampliación de este programa tiene un coste estimado de 5,6 millones de euros.
Finalmente, la antigua Bofill reclama impulsar un programa de actividades extraescolares en inglés de país para centros en entornos vulnerables. La propuesta concreta es impulsar un programa coordinado con ayuntamientos y los planes educativos de entorno dirigido a los 236 institutos y 456 escuelas de alta complejidad. Este debería ofrecer actividades gratuitas o subvencionadas orientadas especialmente a la comunicación oral y al uso activo de la lengua, garantizando un mínimo de tres meses de actividad por alumno y curso en los centros priorizados. El coste estimado sería de seis millones de euros anuales.
