El viaje a la Luna de la misión Artemis II ha provocado un sentimiento de orgullo, esperanza y de unidad nacional entre los americanos que contrasta con la división política y la polarización que vive el país desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. La vida a bordo de la nave Orion, que han podido observar prácticamente en directo como si fuera un reality, y la humanización de los tripulantes, han contribuido a que la expedición a la Luna, después de 54 años, haya tenido una aceptación espectacular y una reacción pública masiva, con audiencias récord, encuestas entusiastas y un resurgir de la pasión por el espacio. En el primer lanzamiento tripulado lunar en la era de las redes sociales y las cámaras digitales (más de 32 a bordo de la nave Integrity), más de diez millones de espectadores simultáneos en todas las plataformas visualizaron el lanzamiento —el más visto en la historia de la NASA— y los hashtags relacionados con Artemis en TikTok han acumulado cientos de millones de seguidores y miles de visualizaciones. Y en cuanto al apoyo, las encuestas han mostrado que alrededor del 69 % de los norteamericanos afirman que les entusiasma la exploración espacial, y cerca del 80 % expresó una opinión favorable a la NASA, incluyendo grandes mayorías, tanto de republicanos como de demócratas, según una encuesta de Reuters/Ipsos de tres días realizada durante la misión. Unos datos que contrastan con las inquietantes noticias que llegan de Oriente Medio. Muchos han preferido mirar hacia el espacio, o observar a través de las pantallas las hipnotizantes imágenes de la cara oculta de la Luna y de la Tierra como nunca se han visto antes, o seguir el día a día de los cuatro astronautas que han enamorado a los estadounidenses.

El momento más emotivo del viaje

La razón es que la tripulación más diversa de la historia de la NASA ha sabido conectar con el gran público, interactuando de manera natural, desmitificando su trabajo y emocionando a la humanidad, protagonizando momentos muy intensos, emotivos y simbólicos, enviando mensajes a sus familias en vivo o expresando sus emociones. Los mensajes inspiradores del piloto Victor Glover, el primer negro que ha llegado a la Luna; las capacidades como fontanera de la primera mujer, Christina Koch, capaz de arreglar los problemas con el váter —que se ha convertido en una de las grandes atracciones de la misión—; o el momento más emotivo que se vivió cuando el canadiense Jeremy Hansen anunció un gesto que llegó al corazón de millones de personas: la tripulación de la Artemis II propuso bautizar como Carroll, la mujer del comandante Reid Wiseman que murió de cáncer en el 2020, un cráter situado en el límite entre la cara visible y oculta de la Luna, en una zona brillante visible desde la Tierra. “Hace unos años empezamos este viaje como una familia de astronautas muy unida y perdimos a un ser querido. Se llamaba Carroll, la esposa de Reid, la madre de Katie y Ellie. Hay una formación en un lugar muy especial de la Luna. Si miran Glushko, está justo al noreste de este punto, a la misma latitud que Ohm. Es un punto brillante en la Luna y nosotros queremos llamarla Carroll”, dijo Hansen, el primer canadiense en el espacio profundo, con la voz entrecortada por la emoción. Un gesto que estuvo acompañado de un abrazo grupal, como también fue viral otro abrazo fraternal que los tripulantes se dieron después de cerrar su histórico sobrevuelo lunar.

Los diez días de viaje de ida y vuelta hasta la Luna han dejado otros momentos memorables, como el del bote de Nutella flotando por la nave durante una transmisión en directo, una publicidad que no tiene precio, a pesar de que la NASA aseguró que se trató de un accidente fortuito y no un anuncio encubierto porque la agencia “no selecciona los alimentos de la tripulación en asociación con marcas”. También ha tenido su protagonismo la mascota Rise, el pequeño muñeco de peluche que cumple la función de indicador de gravedad cero y que ha sido el quinto tripulante de la nave Orion. Rise fue seleccionado entre miles de propuestas de más de 50 países y es una creación del pequeño Lucas Ye, que junto con su familia, han sido invitados a seguir en directo el regreso a la Tierra en el centro de la NASA.