"A una mujer que ha sufrido una agresión sexual le diría que saldrá adelante, que vale la pena luchar, y que, aunque lo piense, no está sola". Tres años después de hacer pública la denuncia por la agresión sexual que sufrió por parte de su jefe en 'El Principal', (el exdirector de Catalunya Ràdio Saül Gordillo)que también recibió una segunda denuncia y fue condenado a un año y medio de prisión, Mar Bermúdez (Barcelona, 1998) reflexiona sobre el coste personal y profesional de enfrentarse a una de las figuras más influyentes del panorama mediático catalán y sobre la revictimización y la campaña de desprestigio y ataques que sufrió por parte de algunos periodistas y medios de comunicación, durante el proceso judicial. La periodista, politóloga y colaboradora de Públic y Crític, acaba de publicar Els pecats d’una feminista: el despertar d’un ’Me Too’ periodístic’ (Ara Llibres), un libro que nace de la necesidad de reparar, denunciar y resignificar una experiencia profundamente traumática. Bermúdez pretende avivar la lucha feminista cambiando los siete pecados capitales: la lujuria, la gula, la pereza, la envidia, la soberbia, la ira y la avaricia. "El relato nos dice que la culpa ha sido nuestra, que tú provocas". Dividido en un prólogo y nueve capítulos —uno para cada pecado capital, uno de ellos dedicado a la primera mujer de Adán, la insumisa Lilith, y otro que habla del infierno como una analogía—,  la autora construye un relato que cuestiona los mecanismos con los que el patriarcado culpabiliza a las víctimas y, a la vez, reivindica la importancia de recuperar la propia voz y el relato público. En esta entrevista, conversamos sobre el papel que ha tenido la escritura del libro, los motivos que hay detrás de la culpa de cada mujer agredida, de la filtración de las imágenes de su agresión en la Sala Apolo, y del estado actual del movimiento feminista en un contexto de auge de los discursos reaccionarios y machistas.

Mar Bermúdez / Foto: Alba Richart

¿Cómo estás, cómo te encuentras?  
Estoy muy bien, fuerte, contenta y muy segura de mí misma. Estoy en un momento muy chulo ahora mismo. Me siento una nueva persona, reconstruida. Siento que ya nada puede conmigo.

¿Escribes el libro como un ejercicio de reparación para demostrar que lo que viviste fue real, para reafirmarte, para validar tu juicio?
Escribo el libro desde una posición de reparación; sobre todo lo que busca es reafirmar todo aquello que he vivido, y como una especie de clausura, utilizarlo también como método de denuncia y como herramienta de lucha. La suma de todo esto hace que sea el cierre de esta experiencia y la apertura de una nueva etapa, porque yo no quiero olvidarlo y continuar, sino utilizarlo ahora desde el activismo y desde la lucha. Siento que estoy poniendo esta etapa en una estantería, dejando allí todo el dolor y toda esta violencia vivida, y abro una nueva etapa de lucha, de activismo.

¿Trabajas de periodista, actualmente?
Actualmente, mi trabajo principal no es de periodista, pero sí que tengo vínculos con el sector y colaboro con Públic y con Crític escribiendo algunas piezas, pero no es mi trabajo principal.

El sector me ha hecho mucho daño y necesito decidir cómo me quiero relacionar con él. Adoro el periodismo, me encantaría dedicarme a él, pero necesito distancia para saber cómo, en qué espacios y de qué manera

¿Qué costes personales y profesionales te ha supuesto poner la denuncia y pasar por el proceso inicial?
Costes personales incontables. Han sido muchísimos. Desde violencia en mi entorno hasta más violencia personalmente, como el hecho de que se difundieran las imágenes (de la agresión) por grupos de WhatsApp que estaban en todas las redacciones de Cataluña, que es algo que no me parece ni ético ni creo que deberíamos tolerar. Como periodistas, creo que recibir una prueba así (judicial) nos debería hacer pensar. Me sorprende que nadie escribiera una columna de opinión diciendo: “No me parece bien haber recibido esto”. Y costes personales también, la salud mental, mi vida en sí, hundida; han sido muchísimos, pero me quedo con el hecho de que he recuperado mi vida, mis espacios seguros y a tomar las riendas de todo, he ganado la batalla. En el ámbito profesional estoy en un punto complejo. Yo no me dedico al sector y no puedo asegurar que sea por eso. Creo que no ha ayudado, de eso estoy segura. Porque soy la que denunció a esta persona, que sí que sigue trabajando en los medios y tiene muchos contactos dentro de los medios. Yo ahora sé muchas cosas y quizás tampoco me sentiría a gusto trabajando depende de dónde. El sector me ha hecho mucho daño y necesito decidir cómo me quiero relacionar y desde qué punto quiero trabajar. Adoro el periodismo, me encantaría dedicarme a ello, pero necesito distancia para saber cómo, en qué espacios y de qué manera.

Mar Bermúdez / Foto: Alba Richart

La intención (de filtrar las imágenes de mi agresión) claramente era desacreditarme

¿Quién crees que difundió las imágenes de la agresión y con qué intención?
Técnicamente, no lo sé, pero aquellas imágenes son una prueba judicial a las que teníamos acceso las dos partes, y mi abogada y yo no fuimos. Por lo tanto, dos más dos son cuatro, pero no puedo asegurarlo. La intención claramente era desacreditarme. Son unas imágenes de una agresión, pero sin sonido, sin contexto, sin conocerme a mí, sin saber nada de lo que estaba pasando, tú no puedes interpretar nada de todo aquello. Se difundieron de una manera muy concreta, con un corte y probablemente con un texto y un discurso muy concretos detrás para amenazarme. Yo tenía muchísimo miedo de ver si alguien publicaba aquello. Porque no sabía quién lo tenía ni hasta dónde estaba dispuesto a llegar, y además, durante la misma época se publicaron unas imágenes de la víctima de Dani Alves. Y pensaba: "Es que soy la siguiente", y la agonía de vivir con eso, el miedo de pensar quién habrá visto esto, de ir por la calle paranoica y pensar: "Han visto el peor momento de mi existencia". Bueno, te genera una impotencia y un poco lo consiguió, ese era el objetivo, hacerme sentir mal, pero por suerte, se encontraron con una tía más fuerte de lo que se pensaba.

En el libro, en ningún momento dices el nombre de tu agresor. ¿Por qué?
Para mí su nombre me produce mucho dolor, me genera mucho rechazo y es que no me apetecía. Es mi libro y mi reparación y para mí él ya está; hay una sentencia, es lo que es y quiero borrarlo de mi existencia. No quería darle nada de protagonismo. El mal que me ha hecho no se borra.

Mientras tenga una sentencia que ponga que es culpable, lo demás son tecnicismos

No dices su nombre, pero sí que señalas a periodistas que le apoyaron y te atacaron a ti. ¿Qué les dirías ahora con la sentencia en la mano?
Que lo que hicieron era una mala praxis y no era ni periodismo. Y que se revisen, que está muy bien pedir perdón públicamente, no pasa nada, hay que aprender, todo el mundo se puede equivocar, pero la mayoría no se equivocó. Mucha de esta gente son cómplices de agresores y los agresores no piden perdón. No piden perdón de verdad, piden perdón si creen que es lo que se tiene que decir. Pero ellos no tienen empatía, seguirán justificando, toda su vida, que no es verdad lo que hicieron. Muchas de estas personas que son cómplices nunca aceptarán que realmente lo que han hecho es ejercer violencia.

¿Esperabas algún tipo de reparación por parte del agresor? ¿La necesitas?
No. Su existencia me da igual. Nunca he tenido sed de venganza. O sea, yo lo único que necesitaba era, para mí misma, una sentencia que dijera que aquello era verdad, que aquello había pasado. Todo el mundo piensa que lo que queremos las víctimas es una sentencia superalta y que le caiga el pelo. Es que no me importa tanto. Mientras tenga una sentencia que ponga que es culpable, el resto son tecnicismos.

Giselle Pelicot dice que la vergüenza tiene que cambiar de bando, que es una frase que tú también te has hecho tuya. ¿Por qué las mujeres agredidas sienten esta culpa?
La cuestión de la culpa era muy importante explicarla en el libro; a mí me explotaba la cabeza. Yo pensaba, si yo siempre he tenido claro, desde que he desarrollado mi identidad feminista, que no es culpa de las víctimas, ¿por qué ahora que me ha pasado a mí me siento superculpable? No le encontraba sentido. Al final, primero es entender que, por mucho que tú trabajes tu lógica y tu teoría, al final la práctica es muy difícil de cambiar y llevamos toda nuestra existencia escuchando un relato que tenemos muy inculcado, que por suerte estamos cambiando. Y es un relato que nos dice que la culpa ha sido nuestra, que tú provocas, que la culpa ha sido tuya. Básicamente, si te pasa esto, es porque no te has protegido bien o porque lo has ido buscando. Y esto es muy difícil quitártelo de la cabeza. Y, por otro lado, y esto me lo explicó mi psicóloga, es una emoción base y sobre todo porque es muy difícil entender que alguien te ha hecho tanto daño sin ningún motivo.

A una mujer que ha sufrido una agresión sexual le diría que saldrá adelante, que vale la pena luchar, y que aunque le parezca, no está sola

¿Sacas algo positivo de este proceso?
Saco cosas positivas porque no me ha quedado otra. Quiero decir, viviría muy feliz si no me hubiera pasado esto. Lo que saco positivo es la mujer que soy ahora. Si lo que pretendía era hacerme pequeña y silenciarme, al revés, he salido el doble de reivindicativa. Me quedo con lo orgullosa que estoy de mí misma, de haberme conseguido recuperar y también del entorno que tengo.

Mar Bermúdez / Foto: Alba Richart

¿Cómo ha surgido la idea de reapropiarte de los pecados para luchar contra el patriarcado?
La idea de los pecados capitales sale de ser una niña friki. Sabía que no quería hacer un libro biográfico y no quería hacer un libro que fuera teoría pura y dura, porque no me sentía legitimada para hacer teoría y la historia de mi vida no me apetecía. Y como necesitaba encontrar una manera, entonces en una de estas volví a cruzarme con la peli Seven, donde los pecados capitales tienen un peso importante. Y en el cole hacíamos los pastorets, y los personajes más guays eran los demonios, y estaban los personajes de los Siete Pecados Capitales. Ha sido un concepto que ha ido apareciendo. Después he leído libros y he visto series, una de las cuales es Chilling Adventures of Sabrina, y en esta sale también Lilith. Y es una tía chulísima, poderosa, me encanta este personaje. Quería hacer algo que tuviera un punto creativo y que me permitiera hablar de cosas muy diferentes. Y de repente empecé por la lujuria, que es como lo más evidente. Entonces estiré un papel en el suelo de casa, puse todos los pecados dibujados y empecé a intentar relacionar todos los conceptos de los cuales quería hablar.

La sanidad pública en el ámbito de salud mental es pésima

¿Qué le dirías a un hombre que se siente incomodado por el feminismo?
A los hombres que se sienten incomodados, les diría que la lucha no la tenemos que hacer nosotras solas, los hombres tienen un papel fundamental y cada vez más, porque hay muchos espacios muy masculinizados donde solo un hombre puede encender la chispa del cambio. Un hombre que se siente incomodado por el feminismo es un hombre machista. Si es un hombre que se siente incomodado por el feminismo, pero que lo quiere entender, necesita hablar, escuchar a las compañeras. Si se siente incomodado porque "las mujeres tenéis más derechos que los hombres", evidentemente este perfil no es al que nos tenemos que dirigir. Cuando surgió el Me Too, yo me pregunté mucho dónde estaban los hombres periodistas del sector. No entendía si era que nos estaban dejando espacio, si resulta que todos se estaban revisando, porque quizás hay más de lo que pensamos, pero hay muchos que saben cosas.

¿Sientes que estás abanderando este 'Me Too' catalán? ¿En qué momento se encuentra y qué necesita para salir adelante y avanzar?
No sé si siento que lo estoy abanderando. Yo creo que, sin ser muy consciente exactamente de lo que desencadenaría, abrí una puerta a que otras compañeras se sintieran identificadas y encontraran lo que necesitaban para salir. Creo que fue el caso de Ana Polo lo que hizo estallar el MeToo 100%. El objetivo del MeToo, por un lado, sí que es que salgan los nombres y no tengo ninguna duda de que saldrán con el tiempo, calma y tranquilidad, pero saldrán todos. Algunos quizás post mortem, quién sabe, pero saldrán, porque esta rueda ya no se detiene. Pero tienen mucho poder, están muy asentados y con unas estructuras muy claras que los refuerzan allí. Entonces, es muy difícil. La redacción de El Punt Avui publicó un escrito contra su director porque mi agresor continúa trabajando allí. Y yo sé que lo pasaron muy mal. Me parece un gesto muy bestia que hace un tiempo no hubiera pasado.

¿Estamos preparados para conocer todos estos nombres?
No sé si estamos preparados. Yo lo estoy. Creo que las mujeres estamos muy preparadas para que salgan todos los nombres que tengan que salir. La sociedad tendrá que aprender sobre la marcha. Ha pasado con grandes nombres y continuamos viendo las mismas respuestas. Sale Julio Iglesias y como es un personaje increíble, hay mucha gente que lo defiende.

Mar Bermúdez / Foto: Alba Richart

Cristina Fallarás recoge muchos mensajes de mujeres que sufren violencias machistas. ¿A ti también te llegan mensajes?
 Uf, sí. Es extraño porque siento que querría abrazarlas y poder ser amiga suya durante todo este proceso. Me hace sentir muy acompañada y que vale la pena.

La agresión ocurrió en una discoteca y se me juzgó mucho por cómo me movía y cómo bailaba

¿Qué le dirías a una mujer que ha sufrido una agresión sexual?
Le diría dos cosas. Una, que saldrá adelante. Que vale la pena luchar, y que aunque le parezca, no está sola, que quizás su entorno no le da apoyo, y eso hunde mucho, pero que busque red, que existe red feminista, asambleas, espacios de mujeres donde se pueda sentir sostenida. Porque son muchas y dispuestas a darle la mano y a no soltarla y a hacer la lucha de todas.

Tú explicas en el libro que te ha ayudado mucho tu psicóloga y que también te sientes una privilegiada por haberte podido costear todo el proceso. ¿Has llegado a calcular el coste económico total?
Es mucho dinero, y soy muy consciente de que es un privilegio muy grande, porque no todo el mundo puede denunciar. Parece mentira, pero es que yo me pude permitir la abogada que yo quise, que era una abogada especializada. En el libro lo reconozco, es una cuestión de transparencia y de humildad. Porque mi lucha no es menos que la de nadie más, pero quiero que quede claro desde dónde estoy luchando y por qué puedo luchar así.

Mar Bermúdez / Foto: Alba Richart


¿Qué o quién te ayudó a poner la denuncia?
Para poner la denuncia, yo recuerdo dos pensamientos muy claros. Al principio, me daba mucho miedo, pánico; lo único que sabía es que había un juicio, pero no tenía ni idea de cómo era un procedimiento judicial. Y por eso también lo intento compartir, para dar un poco de nociones a todo el mundo. Pero lo que al final me ayudó a dar el paso fue, primero, que yo siempre había abanderado que se tenía que denunciar y de repente pensé: "Es que no puede ser que ahora, que me pasa a mí, no lo haga". También con el tiempo he aprendido que no todo el mundo puede ni quiere denunciar, que a veces ni siquiera es la mejor opción. Y la otra era el miedo tremendo de pensar que si de aquí a dos años alguien lo denuncia y yo no he dicho nada, no sería ni mucho menos culpa mía. Lo hablaba con la abogada Carla Vall, que es un sentimiento bastante compartido a la hora de poner la denuncia, el hecho de decir: "No lo hago por mí, lo hago por las demás".

Creo que ahora mi sexualidad es incluso mejor

¿Cómo se supera una agresión como esta?
Los dos ingredientes más importantes son la terapia y la red. La sanidad pública en el ámbito de salud mental es pésima y no todo el mundo tiene la suerte de tener una red, yo tengo muy buenos amigos.

¿Has podido volver a disfrutar de una noche de fiesta con tus amigos?
Me costó muchísimo volver a salir de fiesta. Y a la Sala Apolo no he vuelto, pero quizás también hemos aceptado que no hace falta. Y las primeras veces que salía, bromeaba que era como un suricata porque iba así (rígida), "no me toques, no me mires", pero bueno, poco a poco fui encontrando espacios y ahora soy plenamente funcional y he recuperado mi vida en todos los sentidos.

¿Te has reconciliado con tu cuerpo?
La sexualidad, ya de por sí, es tabú. Y encima con esto yo pensaba: “Mi vida sexual se acaba aquí”. Pero no, realmente con mucha terapia y encontrarme personas muy buenas, con una sensibilidad que te puedan acompañar. Creo que ahora mi sexualidad es incluso mejor, porque desapareció y he tenido que reaprender a relacionarme; y creo que ahora soy mucho más comunicativa, tengo pareja y para mí era básico hablar mucho. Y aquí no habrá tabúes con esto y yo creo que he aprendido muchísimo, tanto de mí como de tener una relación sexual sana. Y después había un punto que también explico, de hasta dónde llega este punto de juzgar tu cuerpo o de juzgarte a ti misma, que en mi caso era con el baile. El hecho pasó en una discoteca y se me juzgó mucho por cómo me movía y cómo bailaba. Y yo, desde hace muchos años, bailo por gusto, como hobby; me encanta. Y recuerdo un día que, después de que pasara todo esto, fui a clase de baile y de repente me miré, me juzgué a mí misma, preguntándome si un paso era insinuante. Y recuerdo pensar: "por favor no, esto no me lo quites, porque si me quitas el baile ya me quedo sin nada."

¿Con qué idea te gustaría que se quedara el lector una vez ha leído el libro?
Más que en un mensaje, es una sensación. Es la fuerza: que caigan todos, que te encienda esta llama de luchar y de seguir adelante. Cada uno puede interpretar la fuerza como quiera. Para algunas personas será fuerza para seguir adelante; para otras, fuerza para acompañar a su amiga, fuerza para abrir temas que en casa no se han hablado, de repente hablar con tu madre y preguntarle sobre agresiones, o con la abuela. Fuerza para salir a la calle a manifestarte, para apuntarte a la asamblea feminista de tu barrio, la que necesites, pero que encuentres esta fuerza.

Cubierta del libro ’Els pecats d’una feminista: el despertar d’un ’Me Too’ periodístic’, de Mar Bermúdez