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Pagar cientos de euros para tener acceso durante unas horas a una terraza bien orientada, encontrar habitaciones de hotel que han multiplicado casi por siete el precio habitual, buscar unas gafas homologadas que empiezan a desaparecer de las ópticas o reservar aparcamiento para asegurarse la entrada en un pueblo de montaña. La locura por el eclipse total de Sol del 12 de agosto ya ha empezado y, a solo tres días del fenómeno, ha dejado de ser solo astronómica para convertirse también en turística, comercial y logística.

El privilegio de poder observar la totalidad desde las comarcas de Tarragona, las Terres de l'Ebre y Ponent, durante aproximadamente entre un minuto y un minuto y medio según el punto, ha convertido el sur y el oeste de Catalunya en destinos especialmente buscados. Todo ello coincide, además, con una de las semanas de mayor ocupación turística del año, carreteras habitualmente tensionadas y un momento especialmente delicado por el riesgo de incendio. Catalunya no ve un eclipse total de Sol desde hace más de un siglo y esta excepcionalidad ha creado una tormenta perfecta.

Gafas agotadas y alojamientos disparados

Una de las primeras expresiones visibles de la fiebre está en las ópticas. Durante los últimos días, la demanda de gafas homologadas para observar el Sol se ha disparado y en diferentes municipios ya hay establecimientos que han agotado las existencias o disponen de muy pocas unidades. También se han acabado algunos repartos gratuitos organizados por los ayuntamientos, mientras que la Generalitat prevé distribuir 150.000 gafas homologadas en los puntos oficiales de observación.

Las administraciones insisten en que unas gafas de sol convencionales no sirven para mirar directamente el Sol. Tampoco son seguros los cristales ahumados, radiografías, CD, gafas 3D u otros inventos caseros que estos días vuelven a circular por las redes. Las gafas específicas deben cumplir la normativa para la observación solar y la avalancha de compras de última hora también ha incrementado la atención sobre productos de dudosa procedencia comercializados por internet.

Si conseguir las gafas se ha convertido en una carrera, encontrar dónde dormir todavía lo es más. En el Priorat, la Costa Daurada, las Terres de l'Ebre y otras zonas próximas a la franja de totalidad hay establecimientos que acumulan reservas desde hace meses y algunos ya tenían lista de espera un año antes. La presión llega en pleno agosto, cuando muchos hoteles, campings y casas rurales ya habrían tenido una ocupación muy elevada sin necesidad de ningún eclipse.

Los precios reflejan esta fiebre. Un seguimiento de más de 5.500 alojamientos de municipios situados dentro de la franja de totalidad ha detectado incrementos que en algunos casos se acercan al 700%. En Soria, la mediana de una habitación para la noche del eclipse ha llegado a los 879 euros frente a los 116 de una semana convencional, un 658% más. En León, el aumento es similar: de 59 a 445 euros. En establecimientos concretos, habitaciones que normalmente cuestan poco más de un centenar de euros han llegado a superar los 1.000.

Balcones de pago y cientos de millones en juego

Cuando los hoteles están llenos o los precios se disparan, cualquier metro cuadrado con una buena vista puede convertirse en negocio. En la costa de Tarragona han aparecido anuncios de particulares que ofrecen balcones, áticos y terrazas solo durante las horas del eclipse. En Roda de Berà se ha llegado a anunciar un pequeño balcón por 1.000 euros por persona, mientras que en Salou se han ofrecido terrazas y áticos por cientos de euros y algunas ofertas se han acercado a los 2.000. El fenómeno ha convertido así un balcón orientado hacia poniente en una especie de palco VIP por unas horas.

Y las cifras van mucho más allá del alquiler de una terraza. Un estudio de Analistas Financieros Internacionales calcula que el eclipse podría generar hasta 421 millones de euros de valor añadido bruto en España. Las estimaciones del Govern son diferentes pero igualmente importantes: sitúan el impacto económico en unos 347,6 millones de euros y calculan cerca de 446.000 visitantes adicionales atraídos específicamente por el fenómeno.

Prades se prepara para ser invadido y se blindan espacios naturales

Uno de los ejemplos más evidentes de la presión que pueden sufrir los pequeños municipios es Prades. La población se ha convertido en uno de los puntos más buscados para ver el eclipse y se ha preparado para recibir a miles de personas en pocas horas. Se ha habilitado una zona de observación con capacidad para unas 6.000 personas y aproximadamente un millar de plazas de aparcamiento con reserva previa para intentar impedir una entrada descontrolada de vehículos.

La principal preocupación no son tanto los visitantes que ya lo tienen todo planificado como aquellos que decidan presentarse el mismo miércoles sin reserva. Un municipio pequeño puede multiplicar durante unas horas su población habitual, con el consiguiente impacto sobre carreteras, aparcamientos y servicios.

Esta misma preocupación explica el blindaje del Parc Natural dels Ports y del Parc Natural de la Serra de Montsant, donde se restringirá el acceso motorizado desde la noche del 11 de agosto hasta la mañana del día 13. El objetivo es evitar que miles de personas busquen a última hora un mirador improvisado en plena naturaleza y garantizar que los accesos continúen libres para los servicios de emergencia. Con temperaturas elevadas y riesgo de incendio, una concentración descontrolada de personas y vehículos en zonas boscosas añade un peligro que va mucho más allá de las simples aglomeraciones.

Llegar será complicado; marcharse puede ser peor

La movilidad es, probablemente, la incógnita que más preocupa a las administraciones. La AP-7 será uno de los puntos más sensibles, porque una vía que ya soporta una fuerte presión en verano deberá absorber parte de los desplazamientos vinculados al eclipse. Entre las 17 y las 24 horas del día 12 habrá restricciones para determinados vehículos pesados en sentido sur entre Martorell y Ulldecona, y también se prevé una vigilancia especial en otras carreteras que llevan hacia los principales puntos de observación.

La Generalitat desplegará más de 700 Mossos d'Esquadra, con patrullaje, regulación del tráfico, controles de acceso y vigilancia con drones y helicópteros. Pero una de las principales dificultades es calcular cuánta gente se moverá y, sobre todo, cuándo lo hará. Muchos visitantes pueden llegar con uno o dos días de antelación, mientras que otros intentarán desplazarse el mismo miércoles, con el riesgo de encontrarse atrapados antes de llegar al lugar escogido.

El problema puede ser aún más evidente a la vuelta. La ida se puede repartir durante horas o días, pero una vez terminado el eclipse miles de personas pueden decidir coger el coche prácticamente al mismo momento. El fenómeno terminará para todos en cuestión de minutos y esta concentración de vehículos puede generar un pico de tráfico difícil de comparar con una operación salida convencional. Por eso las administraciones recomiendan anticipar los desplazamientos y evitar tanto como sea posible los movimientos de última hora.

Las nubes, el último factor capaz de cambiarlo todo

Hay, sin embargo, una variable que ningún dispositivo puede controlar: la meteorología. Unas nubes que cualquier otro día pasarían desapercibidas pueden arruinar un viaje preparado durante meses y, por eso, las previsiones se han convertido estos días casi en una segunda obsesión. Personas que tienen reservado un hotel desde hace un año pueden acabar replanteándose el lugar de observación pocas horas antes si el cielo se nubla.

Este es también uno de los grandes riesgos para la movilidad. Si el miércoles por la tarde la previsión empeora en alguno de los puntos más populares, se pueden producir desplazamientos improvisados de personas que intenten encontrar una zona con el cielo más limpio. Cientos de vehículos cambiando de itinerario al mismo tiempo y siguiendo desde el móvil la evolución de las nubes pueden alterar en pocos minutos cualquier previsión de tráfico hecha con antelación.