Con el papa León XIV de visita en Catalunya, los estudiantes que lo deseen tienen a alguien a quien encomendarse para pedir suerte o directamente un milagro. Este martes 9 de junio empiezan las pruebas de acceso a la universidad (PAU) los alumnos de segundo de bachillerato y ciclos formativos de toda Catalunya. Tres días intensos en los que un total de 45.821 alumnos —el quinto récord consecutivo de matriculados— harán 245.572 exámenes para demostrar todo lo aprendido los últimos dos cursos y dirimir cómo continuará su vida académica a partir de septiembre. Este año es la selectividad de un curso complejo, marcado por las sucesivas y masivas protestas que ha habido en el ámbito de la educación pública para exigir mejoras laborales y más recursos para atender a la creciente diversidad de las aulas catalanas. También por un final de curso condicionado por las jornadas de bibliotecas cerradas por huelga.
De hecho, este mismo martes hay convocada una nueva jornada de huelga de los docentes, que quieren hacer oír su mensaje coincidiendo con la visita del papa León XIV a Catalunya. El viaje apostólico, la selectividad y las protestas de docentes y asociaciones independentistas parecen un cóctel explosivo para garantizar el caos de movilidad en el área metropolitana de Barcelona. El Govern ha recomendado a los estudiantes "intentar llegar un poco antes" a los tribunales de las PAU que les correspondan, que serán unos 223 repartidos en 33 municipios. La consellera de Recerca i Universitats, Núria Montserrat, ha recordado que siempre hay “flexibilidad” para casos de fuerza mayor, si bien la visita del pontífice está planificada y no coincide con las entradas o salidas de los estudiantes, mientras que los docentes han acordado no arrancar las protestas hasta que no hayan comenzado los exámenes a las 9:00 h.
Sin embargo, la huelga de docentes aboca a otro peligro para la selectividad: y es que entre el personal que se encarga de vigilar el transcurso de los exámenes hay numerosos profesores de secundaria. En previsión de posibles afectaciones como la falta de efectivos, el Govern ha previsto un "refuerzo" como "medidas de contingencia para que se puedan hacer las PAU con normalidad", según ha admitido la consellera. Es el caso de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), donde el rectorado ha iniciado vía correo electrónico una búsqueda de personal entre sus profesores e investigadores para formar parte de los tribunales de la selectividad si finalmente faltan los efectivos necesarios, de manera remunerada. Una "medida de responsabilidad" por parte del centro, con el objetivo de garantizar que los estudiantes puedan hacer las pruebas en condiciones.
"No tengo la angustia de suspender, pero sí de si llegaré a la nota que quiero"
Sin embargo, los alumnos parecen ajenos a este contexto y se centran en lo que han trabajado con tanto esfuerzo, hechos un manojo de nervios como cada año. Es el caso de Lucia, estudiante de bachillerato social en el Institut Martí Pous del barrio de Sant Andreu de Barcelona. Su objetivo es estudiar Relaciones Internacionales en la Autònoma, y haría Ciencias Políticas si no consigue la nota. La chica explica a El Nacional que hace unas semanas estaba más relajada, pero que a medida que se acercaban los exámenes se le ha ido haciendo cuesta arriba y tiene una cierta "angustia". Los últimos días ha estado yendo a las clases de repaso que ofrece el instituto para empaparse de los consejos de los profesores y por las tardes y los fines de semana ha estudiado en casa, haciendo exámenes de prueba. Lucia, que se define como "aplicada", ha hecho un buen bachillerato y lleva una buena nota de base de cara a las PAU —el expediente académico es un 60% de la nota de acceso a la universidad—, pero admite sentir una cierta "incertidumbre" por la extensión del temario del que se examina. Especialmente de materias como Geografía, donde hay mucho detalle, y más ahora que con un solo modelo de examen se lo tienen que saber todo. "No tengo la angustia de suspender, pero sí de si llegaré a la nota que quiero", explica.
Laura, estudiante de segundo de bachillerato científico y tecnológico también en Barcelona, explica a este diario que estos últimos días ha estado muy "saturada", trabajando cada materia de diferentes maneras. "Si estoy una hora sin estudiar me siento culpable", apunta, admitiendo la "presión" que siente por hacer unos exámenes "muy importantes" para su futuro. Ella quiere estudiar Biomedicina, una carrera con nota de corte habitualmente muy alta —por encima del 12 de 14—. También lleva un buen bachillerato por haber sido “constante” y no dejar nada para el último día, y se siente “preparada” después de dos años, pero admite incertidumbre por si sale en las pruebas alguna parte del temario que no lleve demasiado bien. Una cosa que le ha ido muy bien, explica, ha sido que en su centro han hecho trimestrales a modo de “simulacro” de la selectividad. Estos últimos días, además, ha estado yendo a las clases de repaso para incidir más con los profesores donde tienen más dudas, y haciendo exámenes de prueba en grupo con los compañeros para ayudarse.
El segundo año de la nueva selectividad: incertidumbre añadida
Este año, además, es el segundo año que se aplica la nueva selectividad, con unas pruebas más competenciales y menos memorísticas que introdujo la última ley educativa, la LOMLOE. De esta manera, los alumnos deberán demostrar habilidades como la capacidad argumentativa, el pensamiento crítico o la relación de conceptos en preguntas más abiertas y más contextualizadas en situaciones del mundo real. Otra novedad del modelo es que ya no habrá más de un modelo de examen para que el estudiante pueda elegir y todos harán el mismo. El año pasado este paso se vivió con nervios e incertidumbre por parte de los alumnos, que reclamaron tener ejemplos de examen de prueba del nuevo modelo y estos llegaron con el curso ya empezado; y también con algún reproche por parte de los docentes, que en algunos casos lo vieron "precipitado". El cambio se notó y la del año pasado fue la selectividad con el porcentaje de aprobados más bajo desde 2017, con un 94,97%. La nota media también cayó ligeramente de un 6,7 o 6,8 los cuatro años anteriores a un 6,4.
Lucía explica que tiene en la sección de "favoritos" de su buscador una página con todos los modelos de exámenes de prueba de la nueva selectividad que ha habido hasta ahora. Su guía principal, apunta, han sido los del año pasado, si bien también ha repasado bien los de años anteriores porque, al fin y al cabo, y a pesar de los cambios, los ejercicios son similares. Laura, por su parte, afirma que han estado trabajando mucho los exámenes de los últimos años, pero admite que es un factor de incertidumbre añadida y sostiene que ahora asignaturas como las humanidades tienen un temario más amplio.
La ilusión por ir a la universidad
Ahora los estudiantes están centrados en los exámenes, pero un ojo lo tienen puesto sobre la universidad. Lucía admite sentirse muy ilusionada, especialmente por poder elegir qué estudiar: "Te puede gustar más o menos, pero es tu elección. En el bachillerato haces el temario que te dicen y punto, más allá de las optativas", apunta. También tiene miedo, sin embargo, al cambio vital, ya que ha estado los últimos seis años en el mismo instituto y la universidad se le abre como "un mundo nuevo". Laura, por su parte, es consciente de que tendrá que estudiar mucho en la universidad, pero afirma que está "muy motivada" porque serán asignaturas "mucho más específicas" de un campo que ha escogido ella. "A mí la literatura personalmente no me interesa mucho", apunta a modo de ejemplo, y celebra que a partir del próximo curso podrá cursar solo materias de ciencias naturales.
