No echas de menos lo que se da por hecho hasta que no lo tienes. Gestos cotidianos como abrir el grifo y que salga el agua, para beber, para cocinar, para ducharse, vaciar la cisterna del váter, encender una lavadora o lavar los platos, fregar, regar los cultivos y las plantas… todo aquello que hacemos sin pensarlo, que forma parte de nuestro día a día, y de lo que no nos damos cuenta hasta que no lo tenemos. “El agua es un bien preciado del que no te das cuenta hasta que te falta”, reflexiona en ElNacional.cat Jordi Pibernat, el alcalde de Anglès (la Selva), un pueblo de cerca de 6.000 vecinos que el domingo al mediodía se quedaron sin agua cuando un desprendimiento hizo caer el muro de contención sobre la riera de Sant Amanç y se llevó por delante la tubería principal que conectaba desde los pozos al depósito, y de la planta potabilizadora hasta la red que abastece de agua al pueblo. “Petó la arteria más importante de todas”, y esto dejó sin agua a los vecinos durante casi cinco días, hasta que este jueves se pudo restablecer el servicio de manera parcial, y con problemas de presión, aunque el agua no es apta para el consumo humano, y no está previsto que lo sea hasta el próximo lunes. “No es lo mismo que no sea potable, o que no sea apta para el consumo humano. No se puede beber ni cocinar, pero ya se puede utilizar el agua para ducharse o ir al lavabo, que son los agravios más grandes de los vecinos”, explica Pibernat, alcalde desde 2021, reelegido en 2023 y que pertenece al partido local Fem Anglès, también conocido como Junts per Anglès o Fem Anglès-CM. El pueblo vuelve poco a poco a la normalidad y Pibernat empieza a ver la luz al final del túnel, pero han sido unos días muy estresantes, de dormir poco, de escuchar las quejas de los vecinos, de afrontar fake news en las redes -el Ayuntamiento tuvo que desmentir un mensaje que circulaba afirmando que el agua recuperada estaba contaminada- y muchas horas de intentar encontrar soluciones para restablecer el servicio lo antes posible.
Una tubería que se rompía
Aqualia es la empresa que gestiona el servicio de suministro del agua en Anglès, y fue el objeto de la frustración de los vecinos, que han reclamado soluciones definitivas y mayores inversiones de un entramado estructural que ha sufrido el envejecimiento de las tuberías, que han sufrido hasta cuatro reparaciones durante esta crisis, lo que ha retrasado el restablecimiento del servicio. El primer obstáculo, sin embargo, fue solucionar los efectos del desprendimiento que hundió unos 50 metros de la calle Pla de la Coma. Estas reparaciones las asumieron los servicios técnicos municipales (han costado alrededor de 1,5 millones de euros), con la ayuda de las empresas de maquinaria de toda la zona, que se volcaron para arreglar el desprendimiento. “Fueron horas y horas de trabajo, y gracias a ellas a todos ellos se pudo dar una base necesaria a la tubería”. Pero cuando parecía que el problema comenzaba a solucionarse, la cañeria volvió a reventar más abajo. “Tuvimos que hacer cuatro reparaciones, pero la tubería ya tiene 60 o 70 años y la conexión se hacía inviable”, explica Pibernat. El hecho de que esta tubería de fibrocemento estuviera tan deteriorada, propició otras roturas que no hacían más que alargar el suplicio y la desesperación de los vecinos, que se tenían que abastecer de agua con camiones cisterna y ducharse en las instalaciones de otros pueblos como Amer o Bonmatí, mientras las botellas de agua se agotaban en los supermercados.
Avanzar la entrada en funcionamiento de la nueva red
A finales de febrero estaba prevista la conexión de una tubería nueva, y ante la imposibilidad de utilizar las tuberías viejas en aquella parte de la red, se encontró la solución de utilizar las nuevas tuberías que aún estaban por estrenar, uniéndolas con un bypass a una tubería de superficie para conectarla a un punto fuera de la calle del desprendimiento, en un recorrido de unos 700 metros, desde los pozos hasta el depósito. “Se ha podido conectar la nueva tubería al bypass, y esta solución es la que ha funcionado”, afirma el alcalde, aunque “estas tuberías no se han probado, ni han pasado las desinfecciones y los controles previstos antes de su entrada en servicio, lo que hace que sea apta para utilizarla para la mayoría de usos, pero aún se mantiene la prudencia, y por eso se están haciendo analíticas para comprobar que todo es correcto y se prevé que a partir del lunes ya sea apta para el consumo de boca”. La puesta en marcha de la nueva red ha contado con el permiso de la Agencia Catalana del Agua, que después de dar el visto bueno, ha permitido que la nueva tubería transportara el agua de los pozos al depósito municipal. De momento, las analíticas dan buenas noticias y Pibernat empieza a respirar tranquilo.