En 2050 habrá 10 millones de catalanes, un crecimiento del 24% respecto a los 8,1 millones de habitantes que tiene Catalunya en la actualidad, según predice un informe de la Comisión Europea elaborado por el Centro Común de Investigación (JRC, por sus siglas en inglés). El mismo informe prevé que la población del conjunto del bloque comunitario alcance su máximo en tres años, en el año 2029, cuando la población de la UE alcanzará los 453,3 millones de personas, un incremento de prácticamente 3 millones de personas respecto a los 450,6 millones de europeos que hay en la actualidad. El estudio calcula que en 2050 se reducirá a 445 millones y que en 2100 alcanzará los 398,8 millones, lo que representa una disminución global del 11,7%. La población catalana, sin embargo, seguirá creciendo hasta 2050 y, en el conjunto de los Països Catalans, se estima que a mediados de siglo la población se incremente de los 14,8 a los 17,5 millones, un 18% más.
El tercer informe sobre la transformación demográfica en la UE que ha presentado la Comisión Europea este martes proyecta también que la población del País Valencià aumente hasta los 5,9 millones de personas en el año 2050, un crecimiento del 9% respecto a los 5,4 millones de habitantes actuales, mientras que prevé un crecimiento superior, de hasta el 33% en las Illes Balears, que pasarían de los 1,2 millones de habitantes actuales a 1,6 millones en 2050. Los datos demográficos de los Països Catalans contrastan con las proyecciones para el conjunto del bloque comunitario, que empezará a perder población en solo tres años, mientras que en Catalunya y el resto de territorios la población seguirá aumentando.
También de forma generalizada, el informe apunta a un pronunciado envejecimiento de la población europea de cara a lo que queda de siglo. Así, en 2050, uno de cada tres residentes en la UE tendrá 65 años o más cuando, actualmente, son uno de cada cinco. Este envejecimiento de la población concuerda con el aumento proyectado de la esperanza de vida para los europeos y la baja tasa de natalidad actual que el informe apunta que repuntaría de cara a 2100, si bien todavía lejos de los 2 hijos por mujer de media. Las previsiones del ejecutivo comunitario estiman que en 2100 la esperanza de vida podría aumentar hasta los 90 años para las mujeres y 86 para los hombres. Así, un niño nacido en el continente en 2023 tendrá una esperanza de vida libre de enfermedades graves hasta los 75,3 años.
La inmigración continuará, pero no detendrá el decrecimiento
El informe señala que Europa continuará atrayendo inmigrantes del resto del mundo, aunque el flujo no será lo suficientemente grande para evitar el decrecimiento demográfico en el continente. Sin embargo, bajo un escenario de parada completa de la inmigración en el Viejo Continente, Eurostat vaticina que la población de la UE se llegaría a reducir en unos 130 millones de personas menos hasta el 2100, comparado con el escenario más habitual. Aunque la inmigración puede afectar el tamaño de la población, "no puede alterar el cambio fundamental hacia estructuras de edad avanzada", asegura el informe, que indica que, a lo largo de las generaciones, las inmigrantes contribuyen a los mismos patrones demográficos que las sociedades que las acogen. En cuanto a la escala global, la Comisión vaticina un fuerte decrecimiento del peso demográfico de Europa en el mundo y un fuerte ascenso del continente africano, cuya población podría representar un 37,6% de la población global de cara al 2100, mientras que Europa retrocedería hasta el 3,4% de la población del globo.
El informe muestra que el continente está experimentando un cambio demográfico importante que está reconfigurando su mercado laboral, lo que, según los autores del documento, requiere impulsar la participación de la población en el mercado de trabajo y la productividad. Actualmente, un 20% de la población en edad de trabajar está fuera del mercado laboral, mientras aumenta el empleo en los ciudadanos de entre 55 y 64 años. El informe recalca que estas tendencias plantean retos importantes: desde la falta de mano de obra y la presión sobre los presupuestos públicos; hasta la tensión en los sistemas de cuidados, la educación y la cohesión regional. Al mismo tiempo, el estudio destaca que estos cambios también aportan oportunidades. Por ejemplo, la economía de la longevidad, que abre nuevos mercados para productos, servicios e innovaciones diseñados específicamente para las personas mayores, creando nuevas vías de crecimiento económico y creación de empleo. "Esto puede impulsar la innovación en la atención sanitaria, la tecnología y los servicios financieros", señala el informe.
Presión a las finanzas y los servicios públicos
Aun así, las presiones en los presupuestos debidas al envejecimiento aumentarán significativamente, sobre todo durante las dos próximas décadas. Según las proyecciones, el gasto público relacionado con el envejecimiento se incrementará, de media, en 1,2 puntos porcentuales del PIB entre 2022 y 2070, hasta alcanzar el 25,6% del PIB en el año 2070. Según el documento, sin embargo, el gasto público relacionado con el envejecimiento "ya es muy elevado en toda la UE", con un 24,4% del PIB de la UE relacionado con este ámbito en 2022.
No solo el envejecimiento puede tensionar las finanzas públicas, ya que el informe también señala que las regiones "que atraen migrantes", tanto internos como internacionales, como los Países Catalanes, "pueden verse sometidas a una fuerte presión para garantizar una oferta suficiente y de calidad de servicios públicos locales". En este sentido, también se apunta al hecho de que la salida de talento joven de las regiones y de los países que afrontan retos demográficos "debilita su capacidad económica y puede desencadenar un círculo vicioso de declive económico y demográfico que se autoalimenta, hecho que contribuye a una disminución de la confianza en las instituciones de la UE".
"Esta situación se agrava por las dificultades en la prestación de servicios públicos: una población más reducida implica un coste por habitante más elevado para mantener servicios como la sanidad, la educación o el transporte, mientras que la base fiscal se reduce a causa de la disminución de la población y del menor peso de la población en edad de trabajar", subraya el documento.
La crisis de vivienda
La Comisión aborda también el reto de la vivienda en este informe, donde se señalan sobre todo los cambios que vive el continente con respecto al tamaño y la composición de los hogares. De acuerdo con los datos publicados, entre 2010 y 2024, el número total de hogares aumentó un 10,34%, mientras que la población solo creció un 1,96%. Esto se debe a la reducción del número de personas por hogar que ilustra, por ejemplo, el crecimiento de un 16,9% del número de hogares formados por una sola persona desde el año 2015.
El informe también apunta que el crecimiento de la población, favorecido por la urbanización y las migraciones, está relacionado con el aumento de los precios de la vivienda, especialmente en las ciudades. Entre 2010 y finales de 2024, el parque de viviendas de la UE pasó de 218 millones a aproximadamente 248 millones de viviendas. Sin embargo, en una tercera parte de las regiones europeas, la construcción "no ha sido capaz de seguir el ritmo del crecimiento de la demanda demográfica, hecho que pone de manifiesto un desajuste estructural entre la evolución de la población y el desarrollo del parque de vivienda".
