Hay situaciones que son tan rocambolescas que parece que no se puedan repetir, pero la vida nos demuestra que todo es posible. Al principio del pasado mes de septiembre la prensa informaba de que un Airbus A350 de Delta Airlines había llegado con mucho retraso al aeropuerto del Prat de Barcelona después de cubrir la ruta entre Atlanta (EE. UU.) y Catalunya. Las explicaciones que dio la compañía estaban relacionadas con un "riesgo biológico" (biohazard, en inglés) que se detectó en el interior de la aeronave. No se trataba de una fuga de productos químicos ni ninguna amenaza, se trataba de un pasajero con diarreas, que se esparcieron —por causas que todavía no se han confirmado— por todo el avión.
La historia se repitió este domingo, según publica Daily Mail, un avión de EasyJet tuvo que suspender un vuelo de Tenerife a Londres por los excrementos que un pasajero dejó en el suelo del lavabo después de horas esperando el despegue. El vuelo salía con horas de retraso por motivos que no se conocen, pero, además, uno de los pasajeros defecó en el suelo del lavabo, cosa que obligó a la compañía a cancelar el vuelo porque se tenía que desinfectar el aparato.
Los pasajeros no daban crédito y eso no es todo, según el citado diario, EasyJet pospuso la salida del vuelo al lunes, pero no pudo ofrecer hoteles a los viajeros por "alta demanda". Lo único que hizo la compañía fue comprometerse a devolver el importe de las habitaciones donde decidieran alojarse los pasajeros "a precio razonable".
Peligroso para los pasajeros
Tal como explicó el responsable de Tráfico Aéreo de Catalunya a ElCaso.cat, en el caso del avión de Atlanta en Barcelona, este tipo de alertas no son habituales, y todavía menos que hagan dar la vuelta a un avión con este tipo de ruta. Si bien es cierto, también, que hacer un viaje de largo recorrido con esta peste puede ser un suplicio e, incluso, un peligro para los pasajeros.