El confinamiento en pueblos pequeños gerundenses, a menudo con poblaciones envejecidas, con núcleos diseminados y masías aisladas, obliga a tirar de ingenio y coordinación para garantizar la atención a los vecinos más vulnerables. Desde el inicio del estado de alarma por el coronavirus, han aparecido varias iniciativas para hacerles llegar comida o medicamentos, sobre todo en aquellas poblaciones donde no hay farmacia ni tienda de comestibles. En Maià de Montcal (Garrotxa), el ayuntamiento hace los pedidos de medicamentos por teléfono y el alguacil les va a comprar. En Sant Martí de Llémena (Gironès), la alcaldesa M. Dolors Arnau va llamando a las personas mayores que viven solas: "De momento todo el mundo tiene de todo, pero tendremos que acabar definiendo el servicio para que se haga con todas las precauciones".
Sant Martí de Llémena, Juià, Campllong, Vilanant, Agullana, Rupià, Ultramort, Beuda, Maià de Montcal, Queralbs... Son sólo algunos ejemplos de pueblos pequeños de la geografía gerundense. En muchos no hay farmacias ni supermercados, sino como máximo tiendas de comestibles.
Aquí, el confinamiento obligado por el riesgo de coronavirus se vive a otro ritmo porque quién más quién menos tiene patio o terreno para poder salir a fuera y distraerse. Pero las dificultades son otras. Parte de la población es envejecida, son grupos de riesgo y no pueden salir de casa. Además, a todo eso se añade que estos municipios están salpicados de núcleos diseminados y masías aisladas.
Por eso, en muchos pueblos el confinamiento se ha traducido en solidaridad vecinal a la hora de garantizar la atención a los vecinos más vulnerables. Ya sea para llevarles comida o medicamentos. En Sant Martí de Llémena, la alcaldesa ha llamado uno por uno a los abuelos que viven solos, para ofrecerles ayuda por si les hace falta algo. De momento, todos me dijeron que estaban bien, pero como suponemos que la situación se alargará, tendremos que ver cómo lo montamos", explica Arnau.
Sant Martí de Llémena tiene 670 habitantes. Están repartidos entre este núcleo, el de Granollers de Rocacorba, el de Les Seerres y Llorà (que es donde vive más gente). Aquí los que tienen coche ya están acostumbrados a acercarse hasta el supermercado de Sant Gregori para hacer la compra.
"Cargamos mucha comida un día a la semana y ya está", explica Albert Coll, que vuelve de buscar a su hijo Marc. Él y su mujer son autónomos y siguen trabajando. El confinamiento les ha trastocado parte del día a día, pero no tanto los hábitos de compra. "Con el niño nos lo vamos combinando como podemos; él ya tiene claro que hay una gripe muy fuerte y que no puede salir porque se tiene que ir con cuidado con el contagio", dice.
Al otro lado de la valla
Pero la movilidad que tiene la familia de Albert no la tienen las personas mayores de Llorà. Y ayer, sin ir más lejos, la misma alcaldesa llevó manzanas y peras a un vecino suyo de 81 años, Jaume Margenat, que vive solo. Lo hizo protegida con mascarilla y le pasó la fruta desde el otro lado de la valla, guardando siempre las distancias. "Siempre como una manzana por la mañana y una pera para comer pero hoy ya no tenía", explica el vecino. Aprovechando que tenía médico, pensaba ir a comprar pero finalmente se ha suspendido y no ha ido.
La familia también lo está ayudando. Este sábado confía en que vendrá su hija, que siempre le lleva comida preparada para los próximos días. "Yo también tengo cosas congeladas, tengo el cofre (congelador) y siempre hay alguno para comer; todavía no me lo he terminado todo", añade.
Por su parte, la alcaldesa admite que los vecinos están acostumbrados a ir al mercado, como el de Girona y, los que trabajan, aprovechan para ir al supermercado en lugares como Sant Esteve. "Ahora es más difícil pero haremos lo que podamos y si tenemos que ayudar a ir a hacer la compra y llevarla hasta el portal de casa, lo haremos".
En el municipio también han salido voluntarios para ayudar a las personas más vulnerables. Desde su punto de vista, sin embargo, lo más importante es extremar las medidas de seguridad. "La solidaridad es muy buena pero puede ser contraproducente" si no se siguen las recomendaciones, como dejar la comida en el portal para evitar contactos. Es por eso que pide que las personas que quieran ayudar, primero lo comuniquen al ayuntamiento por Whatsapp o correo y que, con la ayuda de la brigada y los concejales, ir "todos a la una" y bien coordinados para poder llegar a todas las situaciones de necesidad.
Lista de la compra por Whatsapp y encargos por teléfono
Donde tampoco hay tiendas de alimentación es en Riudaura (Garrotxa). El coronavirus, sin embargo, no ha alterado demasiado el día a día porque desde hace años tienen una red vecinal bien organizada. A través de un grupo de Whatsapp, los vecinos escriben lo que necesitan y si alguien tiene que ir a Olot al supermercado o a la farmacia lo lleva a los que no pueden ir. "Yo sé que mañana bajaré a comprar y hoy preguntaré si alguien necesita algo, sobre todo lo que pide a la gente son productos frescos", explica Mariona, una vecina del pueblo. Con respecto al pan, tienen una furgoneta que cada mañana (de lunes a sábado) se para en la plaza a vender. Es el mismo servicio que tenían hasta ahora con la diferencia de que ahora los clientes tienen que guardar más distancias.
En Beuda (Garrotxa) no tienen ninguna tienda de alimentación y los vecinos se desplazan a los pueblos de los alrededores. Según su alcalde, Bernat Sanz, la "desventaja de vivir en un pueblo pequeño se ha convertido en ventaja con el coronavirus" porque la gente que vive allí ya está acostumbrado a no tener tiendas ni centros sociales y hacen vida en la masía. También siguen velando por los mayores que viven solamente para que no les falte comida ni medicamentos. Y el resto de vecinos ya están acostumbrados a tener una buena despensa y a organizarse porque en una situación normal tampoco bajan a comprar a menudo a los pueblos próximos.
En Maià de Montcal (Garrotxa) sí que tienen una tienda de alimentación donde los vecinos pueden hacer la compra. Con el coronavirus se ha restringido el número de clientes dentro pero la actividad es la habitual. Y en el caso de los medicamentos para las personas mayores, el Ayuntamiento coge los encargos por teléfono de vecinos que no se pueden desplazar y es el alguacil del pueblo quien se encarga de ir con las recetas a comprarlo. "Eso nos funciona muy bien", señala al alcalde, Joan Gainza.
En Queralbs, un pueblo del Ripollès de cien habitantes, sólo hay una tienda de comestibles que también hace de estanco. Su responsable, Cesc, explica que desde la emergencia sanitaria han pasado a recibir los pedidos por teléfono y sólo abren un par de horas por la mañana para que los clientes lo vayan a recoger. Para extremar las medidas de seguridad, han decidido no cobrar en efectivo y están haciendo lista con la idea de ajustar las cuentas con los clientes cuando todo eso haya acabado. "Para no entrar a manejar dinero, vamos tomando nota; conocemos a todos los clientes que tenemos", afirma.
De momento, tienen suficiente género para ir proveyéndolos. Lo único que ha cambiado es que la carne la venden congelada y a porciones. Preguntado por si han vivido momentos de histerismo con productos como el papel de váter, el responsable asegura que en el pueblo eso no les ha pasado. Lo que sí que han notado es que el fumador en vez de comprar un paquete ahora compra un cartón.