¿Los militares tienen que estar en el Saló de l'Ensenyament? A las puertas de una nueva edición, el Ajuntament de Barcelona ha reabierto el debate para que el ejército español deje de contar con un puesto en este y otros eventos educativos y de ocio. El posicionamiento no es sólo una declaración de intenciones, sino que cuestiona las salidas profesionales que ofrece el ministerio de Defensa. La polémica abre un debate más político que moral, que pone de relieve el sentimiento antimilitarista en Catalunya.

Barcelona no quiere militares

Hace dieciséis años que Barcelona no acoge al ejército español en sus calles. La última ocasión fue en el año 2000, con motivo del día de las Fuerzas Armadas. Ya entonces la ciudadanía mostró su rechazo al desfile y el Govern fue criticado por su posición ambigua.

En medio del contexto soberanista, el posicionamiento institucional se ha adecuado al sentimiento antimilitarista de los catalanes. En este marco, el Ajuntament de Barcelona aprobó el pasado 26 de febrero una declaración institucional propuesta por la CUP en la que se instaba a la Generalitat a hacer todo los posible para evitar la representación de las fuerzas armadas españolas en el Saló de l'Ensenyament, que este año se celebrará entre el 9 y el 13 de marzo.

Ensenyament se lo piensa

La consellera d'Ensenyament, Meritxell Ruiz, no se posicionó en contra de la presencia de militares durante la sesión de control del Govern el 3 de marzo en el Parlament. Ruiz sólo ofreció la posibilidad de que la Generalitat negocie de nuevo el convenio con Fira de Barcelona para replantear la presencia del ejército español en los puestos. Con todo, la Generalitat no ha respuesta a la petición del consistorio barcelonés y, en la edición de este año, el ministerio de Defensa volverá a presentarse como una opción educativa más para los jóvenes.

La enseñanza no es un ámbito para hacer apología del militarismo, asegura Jordi Armadans

Los pacifistas, pieza clave

Las entidades se han avanzado a las instituciones en la lucha para separar la doctrina del ejército del mundo educativo. Un buen ejemplo es la Fundació per la Pau (Fundipau), que promueve la cultura del desarme y la paz. Su director, Jordi Armadans, considera que la enseñanza "no es un ámbito desde donde se tenga que hacer apología del militarismo" y ha apuntado que ahora ve las instituciones más dispuestas a afrontar esta polémica: "Históricamente, han evitado afrontarlo", ha asegurado a El Nacional. Por otra parte, Armadans encuentra especialmente preocupante que en acontecimientos como el festival de la Infància de Montjuïc el ejército "se presente como una cosa divertida", hecho que en su opinión supone un "engaño" ya que no representa los valores reales de la institución militar.

Precisamente sobre la moralidad del ejército se ha pronunciado la plataforma Pangea, que desde 2008 persigue la misma causa a través de la iniciativa ‘Desmilitaritzem l'educació’. Desde esta asociación, aseguran que la presencia de las fuerzas armadas en el Saló de l'Ensenyament no se debería permitir ya que el ejército "transmite valores como el patriarcado, el androcentrismo y la violencia como método para resolver conflictos," principios que contradicen al modelo educativo catalán, basado en "la paz, el diálogo y la libertad". Bajo esta premisa, Pangea ha puesto en marcha una iniciativa para que la consellera Ruiz y la directora del Saló de l'Ensenyament, Roser Soley, acaben con la presencia de militares.

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