El coipú, una especie invasora procedente de Patagonia, ha colonizado las comarcas gerundenses. Este roedor herbívoro, también conocido como 'rata-nutria', entró en Catalunya por el Alt Empordà hace siete años. Y desde allí ha ido extendiéndose por el territorio hasta llegar ya a la comarca de la Selva. Se caracteriza por sus incisivos, de color naranja y muy desarrollados, y por su voracidad. Tiene un impacto directo sobre los ecosistemas fluviales, porque suele comer las plantas que crecen en los cauces de los ríos y hace sus guaridas cerca del agua. "En tramos del Fluvià o la Muga podemos encontrar hasta una decena de coipús por kilómetro", concreta el biólogo del servicio de Fauna y Flora de Territorio Santi Palazón. La Generalitat admite que esta especie invasora ha venido para quedarse y se centra en minimizar los efectos en parques naturales y espacios protegidos.

Puede llegar a pesar hasta 10 kilos y se reproduce con facilidad (porque de cada parto pueden llegar a nacer hasta ocho crías). Parece un cruce entre una rata y una nutria ―de aquí, su sobrenombre― y se caracteriza por sus grandes incisivos naranjas. Se incluye dentro del catálogo de especies invasoras y puede comprometer el hábitat fluvial.

En Catalunya, la presencia constante del coipú se detectó por primera vez ahora hace siete años. Llegó procedente de Francia, donde se lo criaba para la industria peletera. Según explica Palazón, antes de 2012 se había visto algún ejemplar en la Cerdanya, pero las primeras citas regulares de este roedor fueron en el Alt Empordà, adonde llegó a través de las cuencas fluviales del Albera.

A partir de aquí, esta especie invasora se estableció en los Aiguamolls y empezó a extenderse por el territorio. Ha ido colonizando ríos como la Muga, el Ter y el Fluvià y ahora, incluso, hay coipús que ya han llegado a la comarca de la Selva.

coipú ACN

Un ejemplar de coipú capturado en las comarcas gerundenses. Foto: ACN

Este roedor tiene un impacto directo encima de los ecosistemas fluviales. El biólogo del Servicio de Fauna y Flora explica que cambia "la morfología" de los ríos, porque suele hacer sus guaridas muy cerca del agua y se come las plantas que crecen en las orillas. "Además, le gusta mucho el césped y los brotes verdes", concreta Palazón, explicando que se han llegado a ver prados de campos de golf llenos de coipús.

La especie invasora, además, puede comprometer los hábitats de ribera. "Es un competidor de otras especies de herbívoros más pacíficos, como la rata de agua", indica el biólogo. Además, como come vegetación y plantas acuáticas, puede dejar sin alimento a las aves de la zona (o destruir sus nidos).

El biólogo del Departament admite que es imposible erradicar esta especie invasora. "Es difícil de frenar, porque es un animal acuático con una gran capacidad reproductora; hay tramos del Fluvià y la Muga donde, en un kilómetro lineal de río, llegan a vivir entre cinco y diez coipús", explica Palazón.

"Lo que tenemos que hacer es empezar a pensar que tenemos que convivir con las especies invasoras, y eso significa que allí donde puedan crear daños sobre la biodiversidad, tenemos que bajar la densidad", concreta el biólogo. Por eso, los esfuerzos se centran sobre todo en controlar la población en aquellos espacios protegidos, como ahora el parque natural de los Aiguamolls de l'Empordà.

Aquí, se colocan trampas para atraparlos o también, según concreta Palazón, los Agentes Rurales los vigilan y los abaten. Pero los coipús son escurridizos y es "complicado" capturarlos, admite el biólogo. En el 2017, se cogieron 39; y el año pasado, una treintena.

El coipú, además, no es la única especie invasora que se ha establecido en los ríos gerundenses. También hay el visón americano o la tortuga de Florida, entre otros. Además, según concreta Palazón, el listado se podría ampliar con otro roedor: la rata almizclera (Ondatra zibethicus).

En este caso, es omnívora y también puede dar el salto a Catalunya procedente de Francia. La rata almizclera, como el coipú, también hace sus madrigueras junto al agua. Puede llegar a roer gran cantidad de juncos pero, sobre todo, afectar a los cultivos de la zona y las poblaciones de crustáceos.

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