Cientos de personas han inaugurado el año con la tradicional capbussada en las frías aguas del litoral catalán, una práctica que se ha repetido en diversos puntos del país como la Barceloneta, Torredembarra, Sant Feliu de Guíxols y Sitges. En la playa de Sant Sebastià de Barcelona, la cita ha reunido a cientos de bañistas convocados por el Club Natació Atlètic Barceloneta, que organiza la actividad desde hace 27 años. Buena parte de los participantes repiten la experiencia, convertida ya en costumbre, y a pesar de los termómetros, se animaban mutuamente con gritos de “¡No hace frío, no hace frío!”. La totalidad del dinero recaudado con las inscripciones se destina al Hospital de campaña Santa Anna, que presta atención a más de 2.500 personas en situación de vulnerabilidad cada año.
Más allá de la capital catalana, en Sant Feliu de Guíxols, la playa también ha sido el escenario de una de las imágenes más singulares del primer día del año. Cientos de personas se han reunido allí para lanzarse al agua, en una actividad organizada por el ayuntamiento y que ya se ha convertido en una cita emblemática en el municipio del Baix Empordà. El agua, a unos 13 grados, no ha sido ningún impedimento para los más valientes, que han desafiado el frío con ganas de empezar el año con energía y buen humor. Desde media hora antes del pistoletazo de salida, la arena se ha llenado de gente que desplegaba las toallas, se inscribía en la actividad y se cambiaba la ropa de invierno por el bañador, todo ello en un ambiente distendido y familiar.
Algunos, impacientes, ya se habían mojado los pies antes de la señal oficial, pero ha sido a las 13 horas cuando el grupo ha corrido hacia el agua en una zambullida colectiva casi sincronizada. La escena, llena de gorros de Papá Noel, ha mezclado personas de todas las edades, desde niños hasta abuelos, en una jornada que combina tradición, valentía y espíritu de comunidad.
En Sitges, más de 600 personas han comenzado el año en la playa de Sant Sebastià con la quinta edición de la Capbussada, que este año ha batido su récord de inscripciones. La actividad, que nació en 2020 de forma espontánea entre cuatro amigos, se ha consolidado como una tradición local, con bañistas de todas las edades venidos tanto del municipio como de otros puntos de Catalunya y del extranjero. Desde poco después de las 11 horas, el ambiente se ha ido calentando con un ambiente festivo acompañado de disfraces originales y gorros navideños. Los participantes han desafiado el frío del agua con entusiasmo y, una vez acabado el baño, muchos se han repuesto con chocolate caliente. La sensación general, descrita por algunos como una “borrachera de endorfinas” en declaraciones a la ACN, ha vuelto a demostrar que el primer baño del año es mucho más que una tradición: es una celebración colectiva cargada de energía.