La testosterona es una hormona sexual que se produce principalmente en los testículos de los hombres y en los ovarios de las mujeres. Es la hormona masculina por excelencia, pero un nuevo estudio acaba de concluir que puede jugar un papel clave en la satisfacción de las mujeres tras la menopausia.

Así queda reflejado en un metaanálisis publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology, en el que se han analizado datos de más de 8.000 mujeres comprobando la influencia de esta hormona en su vida sexual. La investigación comparó el tratamiento con testosterona no oral con un placebo o con un tratamiento hormonal alternativo como el estrógeno. Se analizaron los efectos del tratamiento en la salud cerebral, musculoesquelética y cognitiva, así como los riesgos de enfermedades, el riesgo cardiovascular, la influencia sobre el bienestar o los efectos androgénicos, entre otros factores.

Aunque los autores dicen que se necesita más investigación para analizar los efectos a largo plazo, se comprobó que en un número significativo de mujeres posmenopáusicas se produjeron efectos beneficiosos en la función sexual. En concreto, aumentaron el deseo sexual, el placer, la excitación, el orgasmo y la capacidad de respuesta a los estímulos sexuales.

Las mujeres que siguieron este tratamiento presentaron menos preocupaciones y angustia sexuales. No se encontraron, por otro lado, beneficios en la cognición, la densidad mineral ósea, la composición corporal o la fuerza muscular en las mujeres que la tomaron. Pero tampoco se observaron efectos adversos importantes sobre la glucosa o la insulina en la sangre, la presión arterial, el perfil lipídico, el perfil metabólico o la salud de los senos en las mujeres posmenopáusicas.

Tampoco aumentaba la probabilidad de experimentar un evento cardiovascular grave como un ataque cardíaco o un derrame cerebral. Aunque los investigadores se mostraron cautos y afirmaron que se necesitarían más datos para evaluar los impactos en el riesgo de cáncer de mama. Eso sí, en el metaanálisis se aconseja usar formulaciones no orales de testosterona, ya que la testosterona oral puede aumentar el colesterol LDL (malo), al tiempo que reduce el colesterol HDL (bueno), el colesterol total y los triglicéridos. Existen opciones como los parches y cremas transdérmicos que no causan estos efectos.

Lo cierto es que hasta la fecha se habían realizado muchas más investigaciones acerca de la influencia de la testosterona en la función sexual, pero tanto los estudios como las formulaciones han tenido en cuenta más a los hombres que a las mujeres, por lo que no existían suficientes datos acerca de los efectos secundarios, la seguridad y la dosificación específicamente en la población femenina.

Por eso, los expertos que han participado en este estudio piden que se deben crear más productos a base de testosterona diseñados para las mujeres y, más concretamente, adaptados para la etapa posmenopáusica en lugar de utilizar concentraciones más altas de aquellos productos formulados para hombres, tal y como se hace en algunos países, sostienen.

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