La comunidad científica no para de encontrar evidencias que demuestran la importancia de una buena salud intestinal y un microbioma adecuado y su vínculo con el sistema inmunológico, el estado de ánimo, la salud mental, las enfermedades autoinmunes, los trastornos endocrinos, las afecciones de la piel o el cáncer, por poner algunos ejemplos.
Es verdad que es una cuestión compleja que necesita aún de más investigación para conocer de forma más exhaustiva esta conexión y comprender cómo se produce, pero lo que está claro es que los millones de microorganismos que viven en nuestro intestino de diferentes especies, pueden determinar para bien o para mal muchos aspectos de nuestra salud.
Un ejemplo es este importante estudio llevado a cabo en Houston y publicado en el Journal of Gastroenterology and Hepatology, que incide en la importancia de tener una amplia variedad de bacterias buenas en nuestro intestino.
Y aunque sea un ámbito relativamente nuevo para el mundo científico y del que se desconocían muchos aspectos hasta hace poco, las propias personas pueden tener algunas pistas que le indiquen que su intestino no está todo lo bien que debiera. Estos son los signos más comunes.
Malestar estomacal
Los trastornos estomacales como gases, hinchazón, estreñimiento, diarrea y acidez estomacal pueden ser signos de un intestino enfermo. Un intestino equilibrado tendrá menos dificultades para procesar los alimentos y eliminar los desechos.

Seguir una dieta muy rica en azúcar
Una dieta rica en alimentos procesados y azúcares añadidos puede disminuir la cantidad de bacterias buenas en su intestino. Este desequilibrio puede a su vez provocar un mayor deseo de azúcar, lo que puede perjudicar todavía más esta parte del organismo.
Cambios de peso involuntarios
Aumentar o perder peso sin hacer cambios en la dieta o hábitos de ejercicio puede ser un signo de un intestino no saludable. Un intestino desequilibrado puede afectar la capacidad del cuerpo para absorber nutrientes, regular el azúcar en la sangre y almacenar grasa. La pérdida de peso puede ser causada por el crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado (SIBO), mientras que el aumento de peso puede ser causado por la resistencia a la insulina o la necesidad de comer en exceso debido a la disminución de la absorción de nutrientes.
Alteraciones del sueño o fatiga constante
Un intestino enfermo puede contribuir a alteraciones del sueño como el insomnio o la falta de sueño y, por lo tanto, provocar fatiga crónica. La mayor parte de la serotonina del cuerpo, una hormona que afecta el estado de ánimo y el sueño, se produce en el intestino. Por lo tanto, el daño intestinal puede afectar su capacidad para dormir bien.
Irritación de la piel
Las afecciones de la piel como el eccema pueden estar relacionadas con un intestino dañado. La inflamación en el intestino causada por una dieta deficiente, intolerancias o alergias a los alimentos puede provocar permeabilidad intestinal, lo que a su vez desemboca en una filtración de ciertas proteínas sin procesar hacia el cuerpo, que al mismo tiempo puede irritar la piel y causar afecciones como el eccema.
Intolerancias alimentarias
Las intolerancias alimentarias son el resultado de la dificultad para digerir ciertos alimentos (diferente a una alergia alimentaria, que es causada por una reacción del sistema inmunológico a ciertos alimentos). Los expertos apuntan a que las intolerancias alimentarias pueden deberse a la mala calidad de las bacterias en el intestino.