Con la llegada de las altas temperaturas y los viajes estivales, la rutina diaria de quienes conviven con la diabetes sufre alteraciones significativas. Desde la conservación de los fármacos hasta el cuidado específico de la piel y los pies frente a la playa o la piscina, la época veraniega exige extremar la precaución para evitar descompensaciones en la salud.
Para resolver las dudas más frecuentes y garantizar un periodo vacacional seguro, la Dra. María Evangelina Oñativia Vizcay, especialista del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitari General de Catalunya, detalla en el siguiente cuestionario las claves fundamentales para mantener la glucemia bajo control, proteger los dispositivos y prevenir complicaciones durante el verano.
¿A partir de qué temperatura empieza a perder eficacia la insulina y cómo se debe transportar en un viaje o al ir a la playa?
Las temperaturas superiores a 30 °C degradan la insulina, reduciendo la eficacia del control glucémico sin cambios visuales evidentes. La insulina debe conservarse en una bolsa térmica o nevera isotérmica y nunca expuesta al sol directo ni en contacto con hielo.
¿Qué precauciones especiales se deben tener con los sensores de glucosa y las bombas de insulina frente al sol, agua de mar y arena?
El sol directo puede dañar las pantallas de la bomba o el transmisor del sensor. Para mantener la bomba dentro de un rango de temperaturas más seguro, una funda térmica puede proteger tanto la bomba como la insulina.
Por otro lado, los granos de arena pueden obstruir los botones de la bomba, el puerto de recarga o el sitio de inserción del catéter. Se deben limpiar muy bien las manos antes de manipularlos.
Aunque los sensores son resistentes al agua, el agua salada y el oleaje fuerte pueden debilitar el adhesivo. Tanto el agua del mar como el sudor despegan los sensores rápidamente, por lo que es conveniente la aplicación de un apósito impermeable encima del sensor antes de ir a la playa o realizar actividad física.
También se debe aplicar el bloqueador solar alrededor del dispositivo, nunca directamente sobre el sensor o el parche de la bomba, ya que los químicos pueden dañar el plástico o disolver el pegamento. Además, conviene llevar siempre un glucómetro tradicional de tiras en tu bolso. El calor extremo puede hacer que el sensor dé lecturas falsas de hipoglucemia o hiperglucemia.
Por último, es necesario tener presente que el calor y nadar aumentan el riesgo de hipoglucemias severas. Por ello, es recomendable revisar la glucosa con más frecuencia de lo habitual.
¿Por qué está desaconsejado que un paciente diabético camine descalzo por la arena, la piscina o el césped?
Los pacientes con diabetes tienen mayor riesgo de presentar neuropatía diabética (disminución de la sensibilidad en los pies), problemas en la circulación, deformidades óseas, cicatrización lenta y mayor dificultad en la resolución de infecciones, por lo que se desaconseja caminar descalzos. Así, pueden lesionarse sin darse cuenta. Y es que, al tener menos sensibilidad, un corte, pinchazo o quemadura puede pasar desapercibido.
Asimismo, la arena o el suelo alrededor de una piscina pueden alcanzar temperaturas muy altas en verano y provocar quemaduras. Objetos punzantes, piedras, conchas, vidrios, espinas o astillas pueden producir heridas y las pequeñas heridas pueden infectarse con gran facilidad. Una lesión aparentemente pequeña puede evolucionar a una úlcera, una de las complicaciones más importantes del pie diabético y causa de amputación.
¿Cómo debe ser la rutina diaria de higiene, secado e hidratación de los pies en verano?
Revisar ambos pies a diario, incluyendo la planta y entre los dedos. Busque ampollas, cortes, grietas, enrojecimiento, callos o cambios de color. Si no puede verlos bien, utilice un espejo o pida ayuda. Hidrate la piel con una crema específica para pies, excepto entre los dedos, donde la crema puede favorecer la humedad y las infecciones. Cámbiese los calcetines todos los días y, si suda mucho, también durante la jornada. Elija calcetines de algodón o fibras técnicas, sin costuras gruesas.
Use calzado cómodo y transpirable. Antes de ponérselo, revise el interior para comprobar que no haya piedras, arena, objetos o costuras que puedan causar lesiones. Nunca camine descalzo, ni en casa, ni en la playa, ni en la piscina, ni sobre el césped.
Si observa una herida, ampolla, enrojecimiento, secreción, hinchazón o cualquier lesión que no mejore en 24–48 horas, consulte de inmediato con un profesional sanitario o una unidad de pie diabético. Una atención precoz puede evitar complicaciones graves.
¿Qué características deberá tener el calzado de verano ideal para estos pacientes y cuáles deberían evitarse?
Para una persona con diabetes, el calzado de verano debe proteger el pie del calor, los traumatismos y las rozaduras, sin dejar de ser fresco y cómodo.
Características del calzado ideal:
- Puntera cerrada y amplia, para proteger los dedos y evitar que queden comprimidos.
- Material transpirable, como cuero blando o tejidos técnicos que permitan la ventilación.
- Suela antideslizante, flexible y con buen agarre.
- Interior sin costuras o con costuras mínimas para reducir el riesgo de rozaduras.
- Cierre regulable (velcro o cordones) que permita un buen ajuste sin apretar.
- Talón sujeto, para aportar estabilidad y evitar que el pie se deslice.
- Espacio suficiente para mover los dedos y, si es necesario, para usar plantillas personalizadas.
- Debe ser un calzado cómodo desde el primer momento; no es recomendable "ablandarlo" usándolo.
Calzado que debería evitarse:
- Chanclas o sandalias tipo "ojotas", ya que dejan el pie desprotegido y obligan a los dedos a hacer un esfuerzo para sujetarlas.
- Sandalias muy abiertas, que exponen los dedos a golpes, cortes y quemaduras.
- Zapatos de plástico o materiales que no transpiran, porque favorecen el exceso de sudor y las rozaduras.
- Calzado estrecho o con punta fina, que aumenta la presión sobre los dedos.
- Zapatos de tacón alto o con suela muy rígida.
- Calzado desgastado, deformado o con costuras interiores que puedan lesionar la piel.
¿Cómo influyen las altas temperaturas en la absorción de la insulina y en los niveles de glucosa en sangre? ¿Hay más riesgo de hipoglucemia?
Las altas temperaturas pueden cambiar la forma en la que el cuerpo utiliza la insulina. El calor provoca mayor vasodilatación, lo que puede hacer que la insulina se absorba más rápidamente y aumente el riesgo de sufrir una hipoglucemia en algunas personas.
¿Por qué la deshidratación estival es especialmente peligrosa en personas con diabetes y cómo afecta a la estabilidad glucémica?
La deshidratación en un paciente con diabetes es peligrosa, ya que favorece las hiperglucemias.
Con la subida de las temperaturas, es muy importante mantenerse adecuadamente hidratado para evitar la aparición de deshidratación y su repercusión a distintos niveles, incluyendo las cifras de glucosa. Cuando hace calor, el cuerpo tiende a producir más sudor, generando una pérdida extra de agua y electrolitos. Una de las señales que emplea el cuerpo para alertarnos de esa situación es la sensación de sed.
La hiperglucemia, a su vez, aumenta la frecuencia en la diuresis, empeorando la deshidratación y entrando en un ciclo vicioso.
Las vacaciones suelen desajustar los horarios de comida y ejercicios. ¿Cómo se deben gestionar estos cambios en la rutina sin perder el control de la enfermedad?
Las vacaciones no tienen por qué traducirse en un peor control glucémico. La estrategia más eficaz es hacer cambios preventivos:
- Anticiparse a los cambios de rutina.
- Monitorizar más la glucosa.
- Realizar pequeños ajustes cuando sean necesarios.
De esta forma, es posible disfrutar de las vacaciones manteniendo un buen control y reduciendo el riesgo de hipoglucemias e hiperglucemias.
¿Qué señales de alarma específicas deben hacer que el paciente acuda a urgencias sin esperar a que acabe el verano?
Hipoglucemia grave:
- Pérdida de conocimiento.
- Convulsiones.
- Confusión intensa o incapacidad para tragar o tratar la hipoglucemia.
- Hipoglucemia que no mejora tras dos ciclos de tratamiento (15-20 g de hidratos de absorción rápida y nueva comprobación a los 15 minutos) o que reaparece de forma repetida.
Hiperglucemia:
- Glucemia persistentemente >250–300 mg/dl, que no responde a la insulina correctora.
- Presencia de cetonas moderadas o altas (en sangre u orina).
- Náuseas, vómitos, dolor abdominal, respiración rápida o profunda, aliento afrutado o somnolencia, ya que pueden indicar una cetoacidosis diabética.
Deshidratación grave:
- Incapacidad para retener líquidos por vómitos.
- Mareo intenso o desmayo.
- Disminución importante de la cantidad de orina o ausencia de micción durante varias horas.
- Confusión o alteración del nivel de conciencia.
Golpe de calor:
- Temperatura corporal elevada
- Piel caliente, alteración del estado mental, confusión, desorientación o pérdida de conciencia.
También conviene consultar de forma urgente si:
- Presentas vómitos o diarrea persistentes que dificultan comer o administrarte la insulina.
- Sospechas que la insulina ha perdido eficacia por exposición al calor y no consigues controlar la glucemia.
- Tienes una enfermedad aguda (como una infección) acompañada de glucemias muy elevadas o cetona.
