Es sencillo. Titulares que hablan de posibilidades, con verbos en condicional, futuribles inciertos, previsiones generales basadas en experiencias personales, historias de lo que no va bien utilizadas como explicaciones globales, correlaciones que se hacen pasar por causas... todos son indicadores de que te quieren engatusar, fastidiar, inquietar, enervar o todo al mismo tiempo. La epidemia de coronavirus pone a prueba el temple de cada diario, especialmente en portada.

La primera página de El Mundo de hoy se lleva el récord: va cargada de retórica de espantasuegras disfrazada de seria gravedad. Por contraste, la de El Punt Avui, que detalla las medidas de choque que ya se han establecido para contener la epidemia, y ralentizar o evitar los contagios, para reducir así la ocupación simultánea de los recursos sanitarios disponibles. El Periódico lo resume de forma sencilla: la cosa está que arde y habrá que aceptar sacrificios e incomodidades no pequeñas.

Mejor eso que anunciar a toda plana el dinero que la UE pondrá a disposición de sus miembros para gestionar la epidemia. El dinero es necesario, pero hace falta saber cómo se gastará porque los fondos por sí solos no bastan. Peor todavía La Razón, el diario que ayer hablaba del pánico en los supermercados —presentando algún caso como una conducta general— y hoy viene a confirmar que, efectivamente, hay pánico. En una línea parecida, de menor graduación, Ara, que en el contexto de los preparativos de los hospitales para acoger a los enfermos habla de un "alud" de pacientes que todavía no se ha producido y quizás no se producirá —esperemos—. Algunas palabras asustan y provocan. Sin embargo, si mañana pasara, también podrán apuntarse el tanto. Gracias por tanto.

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