Aunque tradicionalmente se ha asociado a la adolescencia, el acné también afecta a un número creciente de adultos, especialmente mujeres. Brotes persistentes en la mandíbula, lesiones dolorosas o marcas que no desaparecen son algunos de los motivos más frecuentes de consulta en Dermatología y, en muchos casos, tienen detrás un componente hormonal que requiere un abordaje específico.
Desde Quirónsalud recuerdan que el acné adulto no debe considerarse un problema meramente estético. Además de dejar cicatrices permanentes si no se trata adecuadamente, puede afectar de forma importante a la autoestima y a la calidad de vida. De hecho, según recoge la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), cuatro de cada diez mujeres que consultan por esta causa tienen más de 25 años, una realidad que ha incrementado las consultas por esta enfermedad en la edad adulta.
No es el mismo acné que aparece en la adolescencia
La Dra. Montserrat Salleras, jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitari Sagrat Cor, explica que «en el acné adulto, el problema no es únicamente 'tener grasa': hay una alteración del folículo pilosebáceo en la que se combinan obstrucción, inflamación y, en muchas pacientes, una mayor sensibilidad del folículo a los cambios hormonales". La especialista aclara además que «no significa necesariamente que exista un trastorno hormonal, pero sí que el folículo reacciona con más facilidad".
A diferencia del adolescente, las lesiones suelen concentrarse en la parte inferior del rostro, especialmente en la mandíbula y el mentón, y es frecuente que la piel combine tendencia grasa con sensibilidad, irritación o sensación de tirantez.
Los cambios hormonales son uno de los principales desencadenantes
Los especialistas señalan que las fluctuaciones hormonales relacionadas con el ciclo menstrual, el embarazo, el posparto o la transición a la menopausia son algunos de los factores que favorecen la aparición de brotes en la mujer adulta.
A este complejo mapa endocrino se suman otros elementos del estilo de vida diario que actúan como catalizadores de la respuesta inflamatoria de los folículos pilosos, entre ellos el impacto del estrés mantenido —que estimula de forma directa la actividad sebácea—, el tabaquismo, la ingesta de determinados medicamentos o el uso de cosméticos inadecuados y rutinas demasiado agresivas que alteran la barrera cutánea y acaban empeorando el cuadro clínico.
Uno de los errores más frecuentes: tratar la piel como si tuviera 15 años
Uno de los errores más frecuentes y extendidos a la hora de abordar esta afección en la madurez consiste en tratar la piel como si tuviera 15 años, un enfoque sumamente agresivo que puede desencadenar el efecto contrario al deseado en el rostro. Según la Dra. Salleras, «uno de los errores más habituales es tratar el acné adulto como si fuera el adolescente: secar, exfoliar y ‘arrasar' la piel". La dermatóloga advierte sobre las consecuencias de esta práctica al señalar que «cuando la barrera cutánea se irrita, aumenta la inflamación y se vuelve más difícil controlar el brote". Por ello, insiste en que el abordaje terapéutico y cosmético debe adaptarse estrictamente a las características de la piel adulta, que suele ser mucho más sensible, reactiva y propensa a experimentar deshidratación o tirantez que durante la adolescencia.
Para evitar la tendencia a sobrecargar el rostro con activos incompatibles o exfoliaciones físicas lesivas, la jefa del Servicio de Dermatología recalca que «cuando una piel con acné se irrita por exceso de productos, lo que vemos es más inflamación, más marcas y peor tolerancia a los tratamientos médicos. A veces, el primer paso terapéutico es ordenar la rutina y hacerla sostenible".
Cuándo conviene acudir al dermatólogo
Es recomendable acudir al dermatólogo cuando el acné aparece por primera vez en la edad adulta, es doloroso, deja manchas o no mejora tras varias semanas de cuidados adecuados. También conviene solicitar valoración ante cambios hormonales, irregularidades menstruales o un impacto emocional significativo.
«Escuchar a la paciente, desarrollar un tratamiento adaptado y explicarle cada paso del proceso es tan importante como el tratamiento que se indica", concluye la jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitari Sagrat Cor.
El tratamiento se adapta a cada mujer e incluye tópicos con retinoides o ácido azelaico, antibióticos en fases inflamatorias, terapias hormonales cuando existe un componente endocrino, isotretinoína oral en casos seleccionados y procedimientos dermatológicos para mejorar las marcas y la textura.
También aconsejan solicitar una valoración especializada cuando los brotes coinciden con alteraciones hormonales, irregularidades menstruales o tienen un impacto importante sobre el bienestar emocional de la persona.
El tratamiento depende de cada paciente
El tratamiento del acné adulto debe individualizarse en función de la gravedad de las lesiones, la presencia de cicatrices, la existencia de un componente hormonal o las circunstancias personales del paciente.
En los casos leves suelen emplearse tratamientos tópicos, mientras que cuando las lesiones son moderadas o graves puede ser necesario recurrir a tratamientos orales, como retinoides, antibióticos o fármacos antiandrogénicos en mujeres seleccionadas.
Además, el dermatólogo puede solicitar un estudio hormonal cuando la distribución de las lesiones o la historia clínica hacen sospechar una alteración endocrina.
El objetivo no es solo eliminar los granos
Los especialistas recuerdan que el tratamiento precoz busca también prevenir la aparición de cicatrices permanentes y reducir el impacto psicológico que esta enfermedad puede tener en la vida diaria.
Mantener una rutina adecuada de higiene facial, utilizar cosméticos no comedogénicos, evitar manipular las lesiones y seguir el tratamiento pautado por el dermatólogo son algunas de las recomendaciones básicas para controlar el acné adulto y minimizar sus secuelas.