Los lunares forman parte de la piel de la mayoría de las personas. Sin embargo, cuando cambian de aspecto o aparece uno nuevo, es habitual que surjan dudas e incluso miedo. ¿Todos los lunares pueden convertirse en un melanoma? ¿Es peligroso rascarse uno? ¿Quitarlo puede "despertar" un cáncer?
La Dra. Pilar García Muret, jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitari Quirónsalud Barcelona, responde a las preguntas más frecuentes y desmonta algunos de los mitos más extendidos sobre los lunares y el cáncer de piel.
No todos los lunares tienen el mismo riesgo
Uno de los principales temores es pensar que cualquier lunar puede acabar convirtiéndose en un melanoma. Sin embargo, la realidad es mucho más tranquilizadora. "Existen diferentes tipos de lunares y el lunar común es el más frecuente y el que tiene menor riesgo de malignizarse", explica la Dra. García Muret.
La mayoría de los adultos tiene entre 10 y 40 lunares comunes, localizados sobre todo en el tronco y los brazos. Además, conviene recordar un dato importante: solo entre un 20 y un 25 % de los melanomas aparecen sobre un lunar previo. La mayoría se desarrolla sobre piel aparentemente sana.
Rascar un lunar no provoca cáncer
Otro de los mitos más persistentes es que un golpe, un arañazo o manipular un lunar pueden hacerlo cancerígeno. La especialista es tajante: "Rascar, golpear o manipular un lunar no lo convierte en un cáncer". Lo que sí puede ocurrir es que, tras una agresión, el lunar se inflame, sangre o forme una costra. Esto puede dificultar la valoración clínica si ya existía una lesión sospechosa, pero no provoca su transformación maligna.
Los verdaderos factores implicados en el desarrollo del melanoma son otros, principalmente la radiación ultravioleta y determinados factores genéticos que producen alteraciones en el ADN de los melanocitos.
Extirpar un lunar no "despierta" un cáncer
También sigue muy extendida la idea de que quitar un lunar puede hacer que aparezca un cáncer. "Es totalmente falso", afirma la dermatóloga. Cuando un especialista decide extirpar un lunar, suele hacerlo porque presenta características sospechosas o cambios que requieren ser analizados. La cirugía, lejos de favorecer el desarrollo de un cáncer, permite precisamente diagnosticarlo de forma precoz cuando existe.
¿Qué cambios deben hacernos consultar?
Los dermatólogos insisten en que lo importante no es la cantidad de lunares, sino detectar cualquier cambio. Un lunar que aumenta de tamaño, cambia de forma o de color, así como la aparición de una nueva lesión pigmentada, son motivos suficientes para consultar. En este sentido, una herramienta muy útil es la conocida regla ABCDE, que ayuda a identificar posibles melanomas:
- A: Asimetría.
- B: Bordes irregulares.
- C: Color no uniforme.
- D: Diámetro superior a 6 milímetros.
- E: Evolución o cambios con el paso del tiempo.
La Dra. García Muret añade otro concepto especialmente útil: el denominado "signo del patito feo", es decir, un lunar que resulta claramente diferente al resto de los que tiene esa persona.
Tener muchos lunares aumenta el riesgo, pero no es el único factor
Las personas con más de 50 lunares presentan un mayor riesgo de desarrollar melanoma, aunque eso no significa que necesariamente vayan a padecerlo. Según explica la especialista, influyen otros factores incluso más importantes, como la predisposición genética o el daño acumulado por la radiación ultravioleta.
Además, las personas con piel muy clara, ojos claros, cabello rubio o pelirrojo, antecedentes familiares de melanoma o lunares atípicos requieren una vigilancia más estrecha.
El sol sí desempeña un papel clave
Si existe un factor claramente relacionado con el cáncer de piel, es la exposición solar. "La radiación ultravioleta daña el ADN de los melanocitos y aumenta el riesgo de desarrollar melanoma", explica la Dra. García Muret. Especialmente preocupantes son las quemaduras solares repetidas durante la infancia y la adolescencia, ya que el daño acumulado en esas etapas puede manifestarse muchos años después. Por eso, la fotoprotección desde edades tempranas continúa siendo una de las medidas preventivas más eficaces.
Revisar la piel salva vidas
Los especialistas recomiendan realizar una autoexploración mensual de toda la piel, incluyendo cuero cabelludo, plantas de los pies, pliegues y zona genital. En personas con antecedentes personales o familiares de cáncer de piel, más de 50 lunares, lunares atípicos o elevada sensibilidad al sol, es aconsejable realizar revisiones dermatológicas periódicas, habitualmente cada seis o doce meses.
Las fotografías corporales también pueden ayudar a detectar cambios con el paso del tiempo y existen aplicaciones avaladas por sociedades científicas, como eDerma, que facilitan este seguimiento. No obstante, la especialista recuerda que "ninguna aplicación móvil ni las fotografías de internet pueden sustituir la valoración de un dermatólogo".
El mito que más preocupa a los dermatólogos
Entre todas las falsas creencias, hay una especialmente peligrosa: pensar que las cabinas de bronceado preparan la piel para el verano o ayudan a producir vitamina D. "La Organización Mundial de la Salud considera que las cabinas de bronceado tienen una capacidad para producir cáncer de piel comparable a la del tabaco respecto al cáncer de pulmón", advierte la Dra. García Muret. El mensaje final es claro: conocer la propia piel, vigilar cualquier cambio y protegerse adecuadamente del sol.
