Durante años, muchas personas con asma han recibido el mismo consejo: evitar el deporte para prevenir crisis respiratorias. Sin embargo, la evidencia científica actual apunta justo en la dirección contraria. La actividad física no solo es compatible con el asma, sino que puede convertirse en una gran aliada para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
El Dr. Pablo Rubinstein, especialista en Neumología del Hospital Universitari El Pilar, perteneciente a Grupo Quirónsalud, aclara qué hay de cierto y qué no en torno a una de las dudas más frecuentes entre pacientes y familias.
El gran mito: “Si tienes asma, no deberías hacer deporte”
Nada más lejos de la realidad. “Una persona con asma bien controlada puede y debe hacer actividad física de forma regular”, explica el especialista. El ejercicio mejora la condición cardiovascular, la fuerza muscular, la tolerancia al esfuerzo y la autoestima, además de contribuir a una mejor calidad de vida.
El problema no suele ser el deporte, sino practicarlo con un asma mal controlada o sin las medidas adecuadas. De hecho, numerosos deportistas de élite han desarrollado sus carreras con esta enfermedad respiratoria, demostrando que el diagnóstico no tiene por qué convertirse en una limitación.
“La idea clave es sencilla: el asma no prohíbe el deporte; lo que no conviene es hacer deporte con el asma mal controlada”, resume Rubinstein.
¿Por qué algunas personas con asma se ahogan al hacer ejercicio?
Durante la actividad física aumenta la necesidad de oxígeno y respiramos más rápido y profundamente. En muchas ocasiones, además, lo hacemos por la boca, lo que provoca que el aire llegue a los bronquios más frío y seco.
En algunos pacientes, esto desencadena una respuesta inflamatoria y una contracción de los bronquios conocida como broncoconstricción inducida por ejercicio. Los síntomas más habituales son tos, sibilancias, opresión torácica, sensación de falta de aire o disminución del rendimiento físico.
No obstante, el neumólogo recuerda que no toda sensación de ahogo está causada por el asma. Factores como el sedentarismo, la ansiedad, la obesidad, la anemia o incluso algunos problemas laríngeos pueden provocar síntomas similares.
¿Hay deportes mejores que otros?
No existe una disciplina ideal para todas las personas con asma. “La elección debe individualizarse según la edad, la gravedad del asma, las alergias, el entorno y, sobre todo, las preferencias del paciente”, señala el especialista.
En general, suelen tolerarse especialmente bien actividades como caminar a buen ritmo, el senderismo, la bicicleta moderada, el baile, el yoga, el pilates o los deportes con pausas y esfuerzos progresivos.
Por el contrario, deportes de resistencia intensa o realizados en ambientes fríos, secos o con elevada contaminación pueden requerir más precauciones. También determinadas actividades en condiciones extremas, como el montañismo de gran altitud o algunas modalidades de buceo, deben valorarse de forma individualizada.
El control del asma marca la diferencia
Uno de los mensajes más importantes es que el deporte es seguro cuando el asma está correctamente controlada. Según el especialista, este control se apoya en cuatro pilares fundamentales: un diagnóstico preciso, un tratamiento antiinflamatorio adecuado, una correcta técnica inhalatoria y un plan de acción personalizado para saber cómo actuar antes, durante y después del ejercicio.
“Muchos pacientes utilizan el inhalador, pero no siempre lo hacen correctamente. Antes de cambiar tratamientos o aumentar dosis, es fundamental comprobar que la medicación está llegando realmente a los bronquios”, destaca.
Además, recuerda que actualmente existen tratamientos muy eficaces, incluidos los fármacos biológicos para los casos más complejos, que han transformado el pronóstico de muchos pacientes.
¿El ejercicio puede curar el asma?
No. Aunque la actividad física mejora notablemente la capacidad funcional y reduce la sensación de ahogo, no elimina la enfermedad. El asma sigue siendo una patología inflamatoria crónica que puede presentar periodos sin síntomas y fases de reactivación. “Estar en forma ayuda muchísimo, pero no sustituye al tratamiento cuando este es necesario. El deporte forma parte del manejo del asma, no es una alternativa mágica a la medicación”, subraya.
Cuándo conviene consultar
Durante la práctica deportiva hay determinados síntomas que deben hacer detener la actividad y buscar valoración médica: opresión torácica intensa, silbidos al respirar, tos persistente, dificultad para hablar o sensación de que el aire no entra correctamente.
También es recomendable consultar si se necesita el inhalador de rescate con frecuencia, si aparecen síntomas nocturnos, si se evita el ejercicio por miedo o si la recuperación tras el esfuerzo es cada vez más lenta.
En niños y adolescentes existen además señales indirectas que pueden pasar desapercibidas: el menor que evita correr, abandona actividades deportivas o tose sistemáticamente durante el ejercicio podría estar manifestando un asma insuficientemente controlada.
El mensaje final
El mayor mito sigue siendo pensar que una persona con asma debe resignarse a una vida limitada físicamente. “El objetivo no es vivir dentro de una burbuja, sino respirar bien, conocer la enfermedad y disponer de un plan que permita llevar una vida activa y normal”, concluye el especialista. Para niños y adolescentes, además, el deporte representa mucho más que actividad física: favorece la socialización, la confianza y el bienestar emocional.
Por eso, ante un diagnóstico de asma, la recomendación ya no es dejar de hacer ejercicio. La clave está en controlar la enfermedad para seguir disfrutando de él con seguridad.
