El Hospital Quirónsalud Barcelona se ha destacado como pionero en el tratamiento de la hiperplasia benigna prostática con la incorporación de una nueva técnica. En este caso, el doctor Enrique Rijo, miembro del Equipo de Urología y responsable de la unidad de próstata del Servicio de Urología del hospital, ha sido el primero en emplear en España el procedimiento conocido como Rezum el pasado mes de enero.

Este consiste en la inyección de vapor de agua en la próstata, lo que provoca la necrosis del tejido (muerte celular), que es después eliminado por el propio cuerpo solventando los problemas ocasionados por el crecimiento de la próstata en el paciente. La intervención se lleva a cabo a través de la uretra y no requiere ingreso, por lo que puede realizarse de forma ambulatoria.

En Estados Unidos la técnica Rezum cuenta con la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para el tratamiento de la hiperplasia benigna de próstata desde hace cuatro años. Ahora, con este bagaje de experiencia acumulado, llega a España, donde empezará a aplicarse en todo el territorio a partir de abril; el Hospital Quirónsalud Barcelona es el centro de referencia por su experiencia previa.

Técnica mínimamente invasiva

Una vez que el procedimiento se lleva a cabo, el paciente ya puede regresar a su casa y lo único que necesita es llevar una sonda durante cuatro días, que le será retirada también en el centro hospitalario donde se le practica la intervención. "Esto es debido a que se produce una inflamación que puede obstruir el flujo de la orina. Pero es un pequeño peaje que hay que pagar por esta técnica, que no supone tampoco un inconveniente mayor", continúa el doctor Rijo.

El último estudio de la técnica Rezum publicado recientemente en la revista científica Urology comunicó una tasa de retratamiento de solo el 4,4% de los casos durante los cuatro años de seguimiento. Al tratarse de una intervención mínimamente invasiva, se reducen también los riesgos asociados y los efectos secundarios. Molestias al orinar, escozor o una pequeña presencia de sangre en la orina es lo máximo que puede llegar a producirse. En todo caso se trata de efectos temporales y transitorios. "A partir de las dos semanas el paciente empezará a notar que mejora en su sintomatología, aunque no será hasta los tres meses que se consigan los beneficios máximos", incide el doctor Rijo.

Con este procedimiento además se preserva la próstata y todas sus funciones, al ser mucho menos radical que otras técnicas. Esto hace que pasado un tiempo pueda ser necesario volver a practicar la intervención. "La próstata puede volver a crecer, pero hasta pasados diez años como mínimo es probable que no sea necesario intervenir nuevamente. 

Una enfermedad altamente prevalente

La hiperplasia prostática benigna es un trastorno asociado con la edad y con una alta prevalencia. Tanto es así que un 50% de los hombres con edades entre los 50 y los 60 años la padecen. En aquellos con más de 80 años, el porcentaje asciende hasta el 90%. Es por tanto un trastorno que en los próximos años se espera que aumente significativamente con el envejecimiento de la sociedad.

No se trata de una enfermedad que ponga en riesgo la vida de los pacientes, pero sí que incide de forma significativa en su calidad de vida. El agrandamiento de la glándula prostática ocasiona que la uretra se comprima, reduciendo e incluso llegando a bloquear el flujo de la orina. Existe la posibilidad de un tratamiento farmacológico con alfabloqueantes. Pero estos tienen efectos secundarios, como la eyaculación retrógrada, y pueden perder eficacia con el tiempo.

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