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El Consejo de Ministros ha aprobado, en el marco del Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo, el proyecto de la nueva ley antitabaco, que ahora debe ser aprobado en las Cortes Generales. Con este proyecto de ley, según la ministra de Sanidad Mónica García, se busca "dar el siguiente paso para ampliar el derecho a respirar aire limpio", así como "responder a los nuevos productos y especialmente proteger a las nuevas generaciones". Pero ya ha dado mucho que hablar, principalmente por restringir de igual forma el consumo de tabaco y sus alternativas sin humo (dispositivos para tabaco calentado y vapeadores) y por prohibir su consumo en terrazas de bares y restaurantes.

Adiós al humo en las terrazas y nuevos espacios al aire libre

La medida más impactante para el día a día de la ciudadanía es la ampliación de los espacios libres de humo en entornos exteriores. La ley prohibirá explícitamente fumar, vapear y consumir tabaco calentado en:

  • Terrazas de bares y restaurantes.
  • Marquesinas y andenes de transporte público.
  • Playas, piscinas comunitarias y recintos deportivos.
  • Parques y alrededores de escuelas, hospitales, universidades y centros públicos (con un radio de seguridad de al menos 15 metros de los accesos).
  • Vehículos de trabajo y recintos de espectáculos al aire libre.

Ofensiva contra los vapeadores y nuevos productos

La reforma equipara del todo los nuevos dispositivos al tabaco tradicional.

  • Restricción de sabores y aromas. Se limita la comercialización de líquidos con aromas atractivos para los menores.
  • Control de venta. Productos como pipas de agua, vapeadores o bolsas de nicotina solo se podrán vender en estancos o tiendas especializadas

Protección de los menores y sanciones

La normativa da un paso más allá de la prohibición de venta a menores y prohíbe directamente su consumo. Los menores de edad que fumen o vapeen se enfrentarán a multas de hasta 600 euros (que deberán asumir los padres o tutores) o a la posibilidad de conmutar la sanción por trabajos en beneficio de la comunidad o programas de reeducación.

Para analizar el impacto y la viabilidad de todas estas medidas, hablamos con el Dr. Josep María Ramón Torrell, doctor especializado en tabaquismo.

¿Qué opinión tiene de la nueva ley antitabaco que impulsa el gobierno español?

Veo acertada la medida de ampliar las zonas libres de humo a hospitales, centros deportivos, educativos... Pero creo que la prohibición de fumar en terrazas de bares y restaurantes no tiene fácil aplicación. ¿El camarero tendrá que hacer de policía persiguiendo a los clientes que fumen? ¿Y en la playa, la policía irá controlando que los bañistas no se enciendan un cigarro? Además, tampoco creo que el camino sea prohibir y restringir más.

Este proyecto de ley equipara el tabaco convencional con estos nuevos dispositivos.

Sí, y creo que es un error. En Suecia, por ejemplo, han conseguido reducir el número de fumadores al 5% con pedagogía y fomentando los productos sin humo al tabaco, que han sido demostrados científicamente menos perjudiciales para la salud que el tabaco convencional. Estoy hablando de los vapeadores, de los dispositivos de tabaco calentado y de las bolsas de nicotina. Son opciones alternativas al tabaco que pueden llevar o no nicotina. Y la nicotina, aunque es adictiva, no es dañina por sí misma. Por lo tanto, creo que no podemos poner en el mismo saco la nicotina y el tabaco convencional.

Si el proyecto de ley ve la luz, se perseguirá más a los fumadores, pero no se les ayudará a dejarlo. En pocas palabras, creo que esta nueva ley peca de restrictiva y de poco divulgativa.

Así pues, ¿cree que el Estado debería promocionar estos productos sin humo para los fumadores?

Creo que se debería explicar a las personas que quieren dejar de fumar y que no lo consiguen que existen, qué ventajas tienen y qué defectos tienen. Y encuentro que es una gran equivocación restringir estos productos sin humo tan duramente y gravarlos con impuestos de igual manera que el tabaco porque pueden ser una salida para muchos ciudadanos. De hecho, sin estos productos, no se explica que países como Nueva Zelanda, Inglaterra, Suecia, Dinamarca o Japón hayan conseguido reducir tanto el índice de fumadores en los últimos años.

El fumador no deja de fumar porque se le persigue más, deja de hacerlo porque consigue ver que puede hacerlo. Y eso solo es posible con una regulación que lo acompañe.

Este proyecto de ley antitabaco también pone el foco en los jóvenes, un sector de la sociedad especialmente sensible en lo que se refiere al tabaco y a los nuevos productos relacionados.

Sí, y creo que es un acierto hacerlo. Se les debe dificultar tanto como sea posible el acceso al tabaco y a los productos sin humo y limitar tanto como sea posible la publicidad. Ahora bien, no creo que prohibir el consumo con multas sea la solución.

Volvemos a lo mismo de antes. ¿Crees que la policía tiene tiempo de ir persiguiendo a los adolescentes que fumen o vapeen? ¿Y crees que la solución es castigarlos con una multa que deberán acabar pagando sus padres? Hay que apostar por la regulación y la protección, especialmente en el caso de los jóvenes. Cuanto más los persigamos por fumar, más ganas tendrán de hacerlo, esta actitud de rebeldía es propia de la edad. Creo que este no es el camino, vaya.