Quince años después, las tiendas de campaña han vuelto a la Puerta del Sol. El paralelismo es inevitable. Unas 500 personas han pasado la noche del sábado al domingo en un centenar de tiendas después de la multitudinaria manifestación contra el desahucio de Maricarmen Abascal y para reclamar medidas urgentes en materia de vivienda. La Delegación del Govern español cifró la marcha en 25.000 asistentes y, acabada la protesta, el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos llamó a quedarse en la plaza. El escenario es el mismo. También lo es, en parte, la liturgia: una manifestación, una acampada que nace al final de la marcha, tiendas, asambleas y la voluntad de convertir Sol en el escaparate de un malestar que va mucho más allá de un caso concreto. Pero una fotografía parecida no hace necesariamente un nuevo 15M, aunque haya el interés de resucitar aquel espíritu y el fantasma del movimiento vuelva a planear sobre la plaza que lo vio nacer y donde, hoy, se alza también la sede del gobierno madrileño de Isabel Díaz Ayuso. La pregunta que a estas alturas se hace todo el mundo es si el desahucio de Maricarmen ha sido simplemente la chispa de unos días de indignación que han servido para acelerar acuerdos políticos que estaban encallados o si puede convertirse en aquello que representó la manifestación del 15 de mayo de 2011: el detonante que hizo aflorar un malestar acumulado durante años.
Tenemos que acampar todas en Sol! Díselo a tu hermana, diselo a tu madre! Tenemos que ser tantas como podamos! Solo así podemos cambiar el modelo de vivienda de este país!
— Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid (@InquilinatoMad) September 26, 2026
IMPORTANTE! TRAETE TU TIENDA, SACO Y ALGO DE COMIDA Y AGUA pic.twitter.com/eVmFkvSjec
El 15M tampoco nació contra un gobierno del PP
Hay una diferencia aparente que, en realidad, no lo es tanto. Hoy gobierna en España una coalición progresista encabezada por el PSOE, pero el 15 de mayo de 2011 también estalló con un gobierno socialista en la Moncloa, el de José Luis Rodríguez Zapatero, en plena crisis económica y después de las políticas de austeridad que implementó el gobierno de quien, hoy en día, se encuentra bajo la sospecha de corrupción y a quien los indignados de entonces también responsabilizaban de un sistema político que consideraban agotado. Quince años después, mientras el fantasma de aquel movimiento vuelve a planear sobre la misma plaza, el paralelismo no es causal y refuerza una coincidencia incómoda: tanto entonces como ahora, una movilización nacida bajo un gobierno progresista puede acabar cuestionando no solo unas políticas concretas, sino también la relación entre poder, instituciones y ciudadanía.
🔴 Emocionantes imágenes llegan desde la Puerta del Sol, convertida una vez más en la capital de la resistencia. Decenas de tiendas y miles de personas se hacen fuertes en la plaza que vio nacer el 15M. Vídeos de @AlexMeaude pic.twitter.com/kAPSYu04k7
— Yago Álvarez Barba (@EconoCabreado) September 26, 2026
Aquella protesta no se construyó simplemente contra un gobierno conservador. Surgió en plena crisis económica, después del aumento del paro, los desahucios, los recortes y las políticas de austeridad, y dirigió buena parte de su crítica contra el conjunto del sistema político y el bipartidismo PP-PSOE. El lema "no nos representan" sintetizaba precisamente esta voluntad de situarse fuera de las coordenadas partidistas tradicionales. Y que hoy gobierne la izquierda no imposibilita una movilización social contra ella. Incluso puede convertirse en un problema especialmente incómodo para el PSOE y Sumar si una parte de los manifestantes considera que, después de años de gobiernos progresistas, la situación de la vivienda continúa empeorando.
Contra las políticas de Ayuso y la inacción del Gobierno de Sánchez
Y el síntoma de que esto pueda suceder es que en Madrid ahora se grita contra las políticas de Isabel Díaz Ayuso, pero también contra el gobierno español. El mismo lema del Sindicato de Inquilinas —"O cae el rentismo, o cae el gobierno"— intenta precisamente evitar que la protesta quede absorbida por el tradicional enfrentamiento entre izquierda y derecha. El ático de Ayuso se ha convertido en uno de los símbolos más visibles de la protesta, pero el malestar no se detiene en el gobierno madrileño. El grito "el ático de Ayuso para Maricarmen" condensa la crítica al modelo de vivienda de la Comunidad de Madrid, pero la acampada de Sol también señala directamente al gobierno progresista de Pedro Sánchez, a quien reclama medidas inmediatas contra los desahucios y el encarecimiento de los alquileres. Esta doble presión es una de las claves del movimiento: Ayuso encarna una parte del problema, pero la Moncloa también es interpelada por no haber sido capaz, hasta ahora, de darle una respuesta suficiente.
El 15M, mucho más que una protesta por una sola causa
Esta es la diferencia más importante que aparece entre el movimiento de los indignados del 15M y los que ahora exigen políticas firmes y concretas para afrontar la grave crisis de la vivienda. El movimiento de 2011 tenía una extraordinaria amplitud de agravios. Convivían jóvenes sin perspectivas laborales, hipotecados, parados, trabajadores precarios, activistas contra los desahucios, personas indignadas con la corrupción, críticos con el sistema electoral y ciudadanos que nunca habían participado en ningún movimiento político. Los estudios sobre el 15M remarcan esta capacidad para atravesar temporalmente fronteras ideológicas e incorporar una nueva generación a la movilización política. La acampada actual, en cambio, nace con un objetivo mucho más definido: la vivienda. Para acercarse a la escala del 15M debería pasar algo más: que personas que no forman parte del movimiento por el derecho a la vivienda consideraran que aquello que pasa en Sol también habla de ellas.
🚨 Miles de personas marcharon en Madrid contra los desalojos este sábado. Ahora, pasadas las 10 de la noche, una multitud sigue en la Puerta de Sol y se disponen a acampar ahí.
— Juan Andrés Gallardo (@juanagallardo1) September 26, 2026
Así comenzó el 15M de 2011 el movimiento de los indignados. pic.twitter.com/Y3fltqZ0o3
Maricarmen, el detonante
Los movimientos sociales a menudo necesitan algo que transforme un problema estadístico en una historia comprensible emocionalmente. Maricarmen puede cumplir esta función. Una mujer de 87 años, expulsada del piso donde había vivido durante siete décadas, permite condensar en una sola imagen conceptos mucho más abstractos: especulación, inseguridad de los inquilinos, fondos inmobiliarios, desahucios e incapacidad de las administraciones para encontrar una solución. El caso ha adquirido ya una dimensión que supera la historia individual y es utilizado explícitamente por los convocantes como símbolo. Esto recuerda otro ingrediente del 15M: la existencia de una indignación previa que solo necesitaba un detonante. Pero el detonante no es suficiente. La acampada actual presenta una particularidad que la diferencia de la de 2011: tiene una reivindicación inmediata y una fecha muy próxima.
Los acampados exigen que el Consejo de Ministros del martes apruebe lo que llaman "decreto Maricarmen", con medidas como la prórroga de los contratos de alquiler, más protección ante los desahucios o la regulación de los alquileres temporales y por habitaciones. Si el gobierno aprueba un paquete de medidas que una parte importante del movimiento considera satisfactorio, la protesta podría perder rápidamente su reivindicación más inmediata. Si, en cambio, el decreto no se aprueba, queda bloqueado en el Congreso o es percibido por los manifestantes como insuficiente, el conflicto podría adquirir una nueva dimensión. El 15M tenía una enorme fuerza precisamente porque no había una sola decisión gubernamental capaz de desactivarlo. Sus reivindicaciones iban desde el sistema electoral hasta la vivienda, la corrupción, los bancos o la calidad democrática.
Los cinco indicadores que marcarán el futuro de la acampada
Más que el número de tiendas instaladas este domingo, el futuro de la acampada dependerá de si consigue salir de Madrid, superar el núcleo militante y convertir la vivienda en el paraguas de otros malestares, como la precariedad, los salarios, la emancipación juvenil o el coste de la vida. También será clave que mantenga una cierta autonomía respecto de los partidos, para evitar ser percibida como una batalla interna de la izquierda, y, sobre todo, que sobreviva al primer impacto mediático. El 15M no se hizo grande porque una noche hubiera tiendas en Sol, sino porque la movilización se extendió, incorporó a miles de personas no organizadas y fue capaz de mantenerse viva durante semanas.
El recuerdo del 15M y la descendencia política
Los manifestantes de 2026 disponen de algo que los de 2011 no tenían: la memoria del 15M. Es una fuerza porque Sol se ha convertido en un símbolo inmediatamente reconocible. Plantar tiendas allí activa una memoria política potente. Pero también puede ser una carga. En 2011 nadie sabía qué estaba empezando. Ahora, cada tienda es fotografiada inevitablemente como la posible reedición de un fenómeno histórico. Y esto puede crear expectativas desproporcionadas sobre una protesta que apenas acaba de nacer.
El 15M, además, dejó descendencia política. Contribuyó al debilitamiento del bipartidismo y alimentó un ecosistema del que posteriormente surgieron nuevas formaciones y liderazgos, como Podemos y toda la generación política que emergió después del 15M. Podemos nació en 2014 y canalizó buena parte del descontento de los indignados; entre los liderazgos más directamente asociados a aquella nueva etapa están Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Teresa Rodríguez y Ada Colau.
Un 15M contra el 15M. Ya nada tiene sentido en España...
— Pietro di Torrigiano (@PTorrigiano) September 27, 2026
pic.twitter.com/ScJy6pe7Fu
Esta es probablemente la gran contradicción de Sol en 2026. El fantasma del 15M vuelve a una plaza situada frente a un poder político del que forman parte, directa o indirectamente, algunos de los actores que nacieron de aquel mismo 15M. Y el contraste con el presente es notable. Si el 15-M contribuyó a impulsar nuevos partidos y liderazgos capaces de romper el bipartidismo, quince años después aquel espacio político llega mucho más fragmentado y debilitado. Sumar, IU, Más Madrid y los Comuns preparan ahora una nueva fórmula electoral, previsiblemente bajo la marca Frente Amplio, mientras continúan los contactos para intentar incorporar también a Podemos y llegar a las próximas generales con una candidatura lo más unitaria posible. Irene Montero ya se ha ofrecido a participar en unas primarias abiertas y Ada Colau ha dejado la puerta abierta a volver si existe un "frente realmente amplio". Es en este contexto que resulta especialmente paradójico el regreso del fantasma del 15M: el movimiento que un día dio oxígeno a una nueva izquierda reaparece ahora en las calles cuando aquella misma izquierda busca recoserse electoralmente para conservar capacidad de incidencia en la formación del próximo gobierno.
Sol puede volver a ser Sol, pero todavía no lo es
La comparación entre lo que ocurrió hace quince años y lo que se inició la pasada noche es posible sobre todo por el mecanismo inicial: indignación acumulada, una manifestación masiva, una acampada espontánea y un espacio simbólico que convierte una protesta en noticia permanente. Lo que todavía no existe es aquello que convirtió el 15M en algo excepcional: la transversalidad, la expansión territorial, la incorporación masiva de personas no movilizadas y la transformación de un conjunto de problemas diferentes en una misma sensación de ruptura con el orden político existente.
¿Vuelve el 15M a Madrid? ¿La historia se repite? Una gran multitud protesta y acampa en la Plaza del Sol por la insostenible situación dados los altos precios de la vivienda en España o los injustos desahucios como el de la anciana Mari Carmen pic.twitter.com/AUQmWTRIm8
— Aníbal Garzón 🌎 (@AnibalGarzon) September 26, 2026
El dato decisivo no será, por tanto, cuántas tiendas hay este domingo en Sol. Será cuánta gente habrá el miércoles, después del Consejo de Ministros; si continuarán allí el próximo fin de semana; si aparecerán tiendas en otras plazas; y, sobre todo, si el grito deja de ser únicamente "vivienda" y "Maricarmen" para convertirse en algo mucho más difícil de gestionar por cualquier gobierno: "esto ya no funciona".