El tribunal no ha tenido en cuenta buena parte de los testigos del 20-S y del 1-0, tanto de ciudadanos como de policías. ¿Por qué? "Porque ofrecieron una versión filtrada por una profunda carga emocional". Así lo argumenta la sala segunda del Tribunal Supremo que ha juzgado el procés en la sentencia.
El tribunal presidido por Manuel Marchena admite que "la sala ha proclamado el juicio histórico" y que lo ha hecho "sin apoyarse en la versión excluyente de uno u otro de los testigos que depusieron sobre lo que sucedió en los centros de votación del día 1 de octubre". En este sentido, explica que "ninguno de ellos ha sido tomado como testigo de referencia para construir el juicio de autoría. Los diversos centenares de testigos que declararon en el plenario ofrecieron una versión filtrada por una profunda carga emocional".
Habla de "memoria selectiva" de los testigos y que eso debilita la prueba testifical: "El número de personas que se concentraron en estos centros, las órdenes recibidas por los agentes de la autoridad y la dinámica de enfrentamiento que presidió su actuación, han impuesto en todos ellos ―policías y ciudadanos― una memoria selectiva, un recuerdo parcial ―consciente o inconsciente― que debilita enormemente la potencial carga probatoria de cada una de estas fuentes de prueba". Este mismo argumento lo hace extensible a los hechos del 20 de septiembre ante la Conselleria d'Economia.
En la sentencia el tribunal pone en evidencia que el testimonio de los policías confrontado con los vídeos es contradictorio. Pero, aun así, tampoco se cree a los heridos y los testimonios de los ciudadanos que relataron en el juicio el 1-O. Ante la evidencia, coge la directa y anula todos los testigos: "Sólo así se entiende, por ejemplo, que la versión de muchos de los agentes quedara después en entredicho al observar el contenido de los vídeos. La afirmación de que no se usaron las defensas quedó, a veces, desmentida por la realidad de las imágenes. Pero también explica que el testimonio de buena parte de los ciudadanos estuviera marcado por una versión absolutamente parcial de lo que realmente ha ocurrido".
La sala segunda pone algunos ejemplos de contradicción. Como el testimonio de Pere Font, que relató que le habían dado un golpe en los testículos, pero que el informe médico dice que fue en una rodilla. La sentencia relata también un resumen de los testimonios de Marina Garcés, Lluís Matamala, Jaume Pich y Sílvia Carmona que aseguran que el ambiente siempre fue festivo y que nadie golpeó a los policías ni les dio patadas. Pero, según la sentencia, las imágenes demuestran lo contrario.
En este punto del texto, el tribunal responde a las críticas sobre el guion preestablecido que se siguió en el juicio, primero con los testigos y después con la visualización de las imágenes remarcando que "la confrontación de las declaraciones personales con documentos fue declarada pertinente y ofrecida a todas las partes siempre que estuviera en juego la autenticidad del documento sobre el cual se formulaban las preguntas, no cuando lo que se pretendía era ofrecer a la sala una valoración anticipada sobre la credibilidad de los testigos. No existió, por lo tanto, la vulneración denunciada".