La campaña del 29N ha sufrido un trastorno inesperado. Hace veintidós años, las bombas que explotaron el 11M en los trenes de cercanías de Madrid dieron la vuelta a las encuestas y en solo tres días el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones generales. Esta vez no ha habido ningún atentado ni ningún grupo armado a quien atribuir la barbarie, pero la sensación de que la carrera electoral ha quedado trastocada es la misma. Pedro Sánchez, que convocó las urnas aspirando a centrar la campaña en la vivienda y que empezaba a tener la esperanza de acariciar una remontada demoscópica, no podía prever que sufriría una tragedia ferroviaria 32 días antes de las elecciones. Han muerto al menos 68 personas, que se suman a las 46 de Adamuz (Córdoba) que perdieron la vida casi de la misma manera, en la misma línea de alta velocidad y hace menos de un año. El presidente del Gobierno y su ministro de Transportes, Óscar Puente, cierran una legislatura marcada por las crisis y las tragedias ferroviarias.
El accidente de Urda llega después de un año cargado de incidencias, retrasos y polémicas sobre el servicio ferroviario. Y de fatalidades. El 18 de enero, un Iryo que cubría el trayecto entre Málaga y Madrid descarriló a la altura de Adamuz e invadió la vía contigua, por donde circulaba un Alvia de Renfe en dirección a Huelva. Solo dos días después, el 20 de enero, un tren de la R4 de Rodalies chocó en Gelida (Alt Penedès) contra un muro de contención que había caído sobre la vía. Falleció un maquinista en prácticas y 37 personas resultaron heridas. Adif suspendió todo el servicio de Rodalies para inspeccionar la red y, durante semanas, los usuarios sufrieron tramos sin trenes, autobuses sustitutorios, averías y anuncios incompletos. El ministerio cesó al director de Rodalies y al responsable de operaciones de Adif, y Junts per Catalunya y Esquerra Republicana exigieron la dimisión de Puente.
La tragedia de Toledo hunde la campaña de "la fuerza del amor" del PSOE
La crisis ferroviaria, en cualquier caso, ya no formaba parte de esta campaña. Atrás había quedado para gran parte del electorado. Ahora, sin embargo, el PSOE encara la carrera electoral teniendo que arrastrar una tragedia a sus espaldas incomparable con la crisis de Ceuta que ocupó todas las portadas del verano y del mes de septiembre; o los disturbios de estos últimos días en Barcelona y Bilbao que habían dado munición a PP y Vox. "La fuerza del amor" era el lema de los socialistas de esta campaña. Pedro Sánchez subía a los escenarios besándose con su mujer, Begoña Gómez, leía versos de Federico García Lorca y bailaba canciones de Rusowsky.
La tragedia de Toledo derrumba todo esto y obliga a los socialistas a replantear la campaña. Fuentes de la sala de máquinas de la Moncloa explican que los ánimos están por los suelos. De momento, el PSOE y el resto de partidos españoles han suspendido todos los próximos actos electorales. Excepto Vox. El líder de la formación de extrema derecha, Santiago Abascal, ha culpado a Sánchez del accidente y de la "insoportable degradación" de la infraestructura ferroviaria. Alberto Núñez Feijóo, por su parte, ha advertido que "el dolor no obliga a callar" —el líder del PP ha recordado que en el AVE viajaba la exministra Fátima Báñez y que no está localizada— y ha exigido una investigación gubernamental "inmediata", otra judicial y una "revisión completa e independiente" de toda la red ferroviaria. La candidata de Junts, Míriam Nogueras, ha advertido en las redes que "no se pueden seguir ignorando los problemas graves que sufren las infraestructuras", y el Frente Amplio ha reclamado responsabilidades políticas "a todos los niveles".
Sánchez admite la desconfianza de la ciudadanía en el sistema ferroviario
De momento, Sánchez ya ha reconocido que la ciudadanía española desconfía de su sistema ferroviario. Y ha admitido que "no es asumible para un país como España" sufrir dos accidentes catastróficos de alta velocidad en un mismo año y en una misma vía. Ha pronunciado estas palabras este mismo miércoles después de desplazarse al lugar de la tragedia. A pesar de todo, ha garantizado que se esclarecerán las causas del accidente: "Si ha habido negligencias, se sabrá, y si ha habido errores en el sistema de seguridad, se responderá con total contundencia". Ha dicho también que "todo indica" que los accidentes de Urda y Adamuz tienen orígenes diferentes, pero que no le corresponde a él determinarlo. La investigación de Adamuz continúa abierta, con la ruptura de un carril o un fallo en una soldadura como hipótesis de la Guardia Civil.
El choque de Toledo tumba a Puente como punta de lanza del PSOE
Una de las funciones que ha tenido esta legislatura Óscar Puente más allá de dedicarse a liderar el Ministerio de Transportes, ha sido la de operar como un portavoz en la sombra del Gobierno; como una punta de lanza del PSOE para aguijonear al PP y Vox con las mismas técnicas de personajes como Isabel Díaz Ayuso. Este miércoles, Sánchez ha perdido este activo electoral: el ministro, que será cabeza de lista del PSOE por Valladolid, ha quedado fuera de juego. Abatido y frágil, ha comparecido desde el centro de control de Adif en la estación madrileña de Atocha. No dimitirá, de momento. Se ha limitado a detallar las causas del accidente.
Según la cronología que ha expuesto, a las 8:30 horas ha caído el sistema automático de seguridad LZB en un tramo de 63 kilómetros por un problema informático, y al menos seis trenes de alta velocidad se han detenido. Se trata de un sistema que funciona desde 1992 y está en proceso de sustitución, porque ya no se fabrica; la línea Madrid-Sevilla es la única donde todavía funciona. El protocolo, en cualquier caso, obliga a reanudar la circulación con "marcha a la vista", a un máximo de 40 kilómetros por hora.
Pero a las 8:36 horas el centro de control ha autorizado al AVE a circular a velocidad normal, hasta 200 kilómetros por hora. Diecisiete minutos y unos 25 kilómetros después, a las 8:53 horas, ha chocado por detrás con el Iryo, detenido ante una señal roja a la entrada de la estación de Urda. El ministro ha calificado la decisión de los operarios de "inexplicable" y ha aterrorizado a los presentes en la sala explicando que se habría podido producir una desgracia doble: se ha ordenado a un segundo tren viajar a velocidad normal pero el maquinista se ha negado recordando que el protocolo le obliga a ir lento. El operario está identificado y ya ha sido interrogado por la Guardia Civil.