El president Carles Puigdemont tiene a punto desde anoche la respuesta: no da marcha atrás en la aplicación de los resultados del 1 de Octubre e ir hacia la independencia, al contrario de lo que reclamaba el Gobierno español. Es una posición totalmente firme. Pero Puigdemont acompañará este mensaje con un tono dialogante de apuesta por hablar, por el civismo y por la serenidad, como ayer pasó la tarde en Girona.

El president es consciente de que su mensaje será leído con lupa en las delegaciones diplomáticas, y quiere que quede claro que la mano dura corresponde en todo caso al Gobierno español. Un hecho que quedará confirmado si el jueves el presidente Mariano Rajoy decide aplicar el artículo 155 de la Constitución a Catalunya, e intervenirla. A partir de ahí se entrará definitivamente en un nuevo escenario, si no aparecen antes novedades imprevistas. Con cuanta más suavidad envuelva hoy Puigdemont su respuesta en la forma, más evidente se hará el contraste con la actitud extremadamente dura que anuncia Rajoy.

Hasta ahora el Govern catalán ha ganado el relato de la defensa propia en la esfera internacional, que se ha consolidado especialmente después de la represión policial contra el referéndum y las imágenes que difundieron los medios globales, y entiende que ello favorece que al final aparezca la mediación que busca.

Aparte de la respuesta de Puigdemont, hoy también será importante porque vuelven a declarar ante la Audiencia Nacional en Madrid el mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, y los presidentes del ANC y Òmnium, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. Durante la recepción del 12 de Octubre en el Palacio Real se especuló en que el juez podría ordenar prisión para Sànchez y Cuixart, lo que impactaría de forma impredecible en la escena política catalana. Pero esta posibilidad no está confirmada.