La gran pregunta que se hacen estos días gobiernos, diplomáticos y analistas es aparentemente sencilla: ¿por qué Marruecos ha dejado que miles de personas llegaran a Ceuta? La crisis migratoria en la frontera de la ciudad autónoma vuelve a poner al descubierto la fragilidad de las relaciones entre España y Marruecos, marcadas por la cooperación en materia migratoria, pero también por viejas disputas políticas y territoriales. La entrada masiva de migrantes de mayo de 2021 fue interpretada en Madrid como una maniobra de presión, aunque el gobierno marroquí siempre ha sostenido que fue consecuencia de un problema de control fronterizo y no de una acción deliberada. Rabat insiste en que sigue colaborando con España y que también ha desplegado efectivos para contener los flujos, pero las imágenes de decenas de miles de personas avanzando durante horas hacia la frontera alimentan la sospecha de que, como ya ocurrió hace cinco años, el reino alauita ha decidido relajar el control en un momento muy concreto. No hay pruebas que acrediten una operación planificada, pero sí varios factores políticos, diplomáticos y económicos que pueden ayudar a entender por qué esta crisis llega precisamente ahora.
El Sáhara Occidental, el conflicto de fondo
Es imposible entender la política exterior de Marruecos sin el conflicto del Sáhara Occidental. Rabat considera este territorio una cuestión de Estado y cualquier movimiento diplomático de sus socios es analizado bajo este prisma. El primer elemento para entender la pasividad de Marruecos en la crisis de Ceuta, pues, es el conflicto del Sáhara Occidental, un dossier que condiciona desde hace casi medio siglo las relaciones entre Rabat, Madrid y Bruselas. A pesar del giro histórico de Pedro Sánchez en 2022, cuando avaló el plan de autonomía marroquí para el Sáhara, el régimen de Mohamed VI sigue considerando que España y la Unión Europea pueden dar un paso más en el reconocimiento de sus tesis. Varios expertos señalan que Marruecos ha vinculado reiteradamente la estabilidad de la frontera sur con más alineamiento político de Madrid y de Bruselas respecto a sus reivindicaciones sobre el Sáhara Occidental. En este contexto, la presión migratoria se convierte en una herramienta de negociación que permite recordar a sus socios europeos hasta qué punto la seguridad de la frontera depende de la cooperación de Rabat.
Un mensaje a España después de su acercamiento a Argelia
Una de las hipótesis que más fuerza toma es que Rabat haya querido enviar un mensaje al Gobierno español después de la progresiva normalización de las relaciones entre Madrid y Argelia. Para Marruecos, Argelia es mucho más que un país vecino. Es el principal apoyo del Frente Polisario, acoge los campos de refugiados saharauis de Tinduf y defiende desde hace décadas el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. La rivalidad entre Rabat y Argel es una de las grandes fracturas geopolíticas del norte de África. En este escenario, el reciente acercamiento entre España y Argelia puede haber sido interpretado por Marruecos como un cambio de equilibrios. Durante los últimos años, Pedro Sánchez había apostado decididamente por Marruecos, especialmente después de apoyar el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. Aquel giro provocó una grave crisis con Argelia, que suspendió el tratado de amistad con España y enfrió las relaciones comerciales. Ahora, sin embargo, Madrid ha iniciado una reconciliación con Argel, motivada en buena parte por la necesidad de garantizar el suministro energético y diversificar las fuentes de gas en un contexto internacional muy inestable. Desde Rabat, este acercamiento puede interpretarse como un intento español de equilibrar su política norteafricana después de años privilegiando a Marruecos.
Ceuta y Melilla continúan siendo una reivindicación irrenunciable
Para Marruecos, Ceuta y Melilla continúan siendo "ciudades ocupadas". Es una reivindicación histórica que ningún gobierno marroquí ha abandonado. Aunque esta reivindicación raramente ocupa el centro del debate diplomático y Rabat evita convertirla en un conflicto permanente, periódicamente recuerda que considera las dos ciudades una "anomalía colonial". Forma parte de la doctrina de Estado de Marruecos. Cada crisis migratoria sirve también para demostrar una realidad geográfica y política: sin la colaboración marroquí, España tiene enormes dificultades para controlar la frontera terrestre entre Europa y África. No es casual que muchos analistas definan la inmigración como uno de los principales instrumentos de presión diplomática de que dispone el régimen de Mohamed VI.
El precedente de 2021 demuestra que Rabat controla los flujos
La crisis actual es inevitablemente comparada con la de mayo de 2021. Aquel año, más de 10.000 personas entraron en Ceuta después de que España permitiera el ingreso hospitalario del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Cuando la crisis diplomática se recondujo, el flujo migratorio se redujo casi de forma inmediata. Este precedente refuerza la percepción de que Marruecos es capaz de modular la intensidad de los flujos migratorios según sus intereses diplomáticos. Cuando la relación bilateral se tensa, Marruecos puede relajar la cooperación en el control de los flujos migratorios; cuando necesita recomponer los lazos con España, la refuerza. Esta dinámica ha convertido la frontera en un espacio de negociación permanente entre ambos países.
Bruselas paga para que Marruecos actúe de muro de contención
Marruecos es consciente de que ejerce una función estratégica para toda la Unión Europea. Durante los últimos años, Bruselas ha destinado cientos de millones de euros para que Rabat refuerce el control de sus fronteras. Bruselas ha incrementado de forma significativa los fondos destinados a Marruecos para la gestión de la migración: 500 millones de euros para el periodo 2021-2027 y 624 millones más en el paquete anunciado en 2023, de los cuales 152 millones se destinaban específicamente a políticas migratorias. Rabat, sin embargo, ha dejado claro que considera estas cantidades insuficientes para asumir el coste del control de sus fronteras.
Cada vez que la frontera se desborda, también aumenta la dependencia europea de Marruecos. Y esto refuerza su capacidad para negociar más recursos, más cooperación y más peso político ante las instituciones europeas. La crisis actual también llega en un momento especialmente sensible para la política migratoria europea. Bruselas continúa negociando el despliegue del Pacto Europeo de Migración y Asilo, mientras los estados miembros discuten el reparto de responsabilidades y el refuerzo de las fronteras exteriores. Demostrar que Marruecos sigue siendo imprescindible en este dispositivo refuerza su posición negociadora en futuros acuerdos comerciales, agrícolas, pesqueros y financieros con la Unión Europea.
La amistad con Trump y un contexto internacional favorable
A todo esto se añade la mejora de la posición internacional de Marruecos, especialmente a raíz del fortalecimiento de su relación con Estados Unidos, que ha dado más confianza a Rabat para defender sus intereses. La proximidad entre Mohamed VI y Donald Trump va mucho más allá de la diplomacia, como ambos países se han encargado de recordar últimamente. Durante el primer mandato del republicano, Washington reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, a cambio de que Rabat normalizara las relaciones diplomáticas con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham. El reino alauita se convirtió en uno de los principales aliados de Estados Unidos en el norte de África, y desde entonces Marruecos se ha consolidado como un socio estratégico de Washington, con múltiples derivadas, que combina cooperación militar, en seguridad, comercio y apoyo diplomático para reforzar su papel en la estabilidad del Magreb y en la arquitectura de seguridad que Estados Unidos impulsa en Oriente Medio. En este escenario, varios analistas consideran que Rabat es consciente de que dispone de un apoyo privilegiado de Washington, una circunstancia que refuerza su capacidad de negociación y amplía su margen de maniobra diplomático ante España y la Unión Europea.
🚨🇲🇦🇺🇸IMPACTANTE: Marruecos acaba de bautizar una autopista de 1.055 kilómetros como:
— Eduardo Menoni (@eduardomenoni) July 26, 2026
“President Donald J. Trump Highway”
Trump respondió:
“Gracias al muy respetado Mohammed VI, Rey de Marruecos. ¡Qué gran honor! Espero recorrerla completa muy pronto”. pic.twitter.com/OkiukvBAS6
La sintonía entre Trump y Mohamed VI es tan estrecha que Marruecos incluso le ha puesto el nombre del presidente estadounidense a una autopista de 1.055 kilómetros, un gesto extraordinariamente inusual que simboliza el nivel de la relación bilateral. Esta posición privilegiada ante Washington da al régimen alauita un margen diplomático muy superior para presionar tanto a España como a la Unión Europea. Además, esta relación privilegiada contrasta con el deterioro de las relaciones entre el líder republicano y Pedro Sánchez. En los últimos meses, Trump ha convertido al presidente del gobierno español en una de sus principales dianas políticas en Europa, criticando abiertamente sus posiciones sobre la OTAN, el gasto en defensa, la inmigración y, especialmente, el apoyo a la causa palestina y las reiteradas críticas de Sánchez al gobierno de Benjamin Netanyahu.
Los problemas internos también explican parte del fenómeno
No toda la explicación es geopolítica. Los problemas internos de Marruecos también ayudan a explicar el alcance de la crisis migratoria. El país atraviesa una situación económica complicada, marcada por el paro juvenil, las desigualdades sociales, los efectos de la sequía y la presión migratoria procedente del África subsahariana. Tiene una población muy joven. La mitad de la población marroquí tiene menos de 31 años (edad mediana: 30,8 años). Los menores de 25 años representan el 41,3% de la población, es decir, más de 15,8 millones de personas. Pero estos millones de marroquíes afrontan un futuro marcado por la falta de trabajo, la precariedad laboral, los bajos salarios y la falta de oportunidades. Aunque la economía ha registrado avances durante los últimos años, este crecimiento no se ha traducido en una mejora generalizada del nivel de vida, y las desigualdades continúan siendo muy profundas, especialmente entre las zonas urbanas y las rurales.
Para muchos jóvenes, España representa el sueño de acceder a un trabajo, mejorar sus condiciones de vida y enviar dinero a sus familias, unas remesas que son una fuente de ingresos imprescindible para muchos hogares marroquíes. Esta combinación de frustración, falta de expectativas y proximidad geográfica hace que cualquier relajación en el control fronterizo se convierta en un potente efecto llamada para miles de personas que ven en la emigración la única salida a una situación económica y social que arrastran desde hace años. Este contexto también dificulta el control absoluto de la frontera cuando miles de personas deciden concentrarse simultáneamente en un mismo punto.