Veintitrés años después de la guerra de Irak, Estados Unidos ha atacado a Irán junto con Israel. La ofensiva de Donald Trump y Benjamin Netanyahu ha derrocado al ayatolá Ali Khamenei. Las piezas del tablero político europeo, sin embargo, se han ordenado de una forma diferente a cuando el iraquí Saddam Hussein era el objetivo del entonces presidente estadounidense, George W. Bush. En ese momento, Francia y Alemania se opusieron firmemente a la invasión del país árabe; y ahora Emmanuel Macron dice que también está en contra mientras envía al Mediterráneo su arma más poderosa, el portaaviones Charles de Gaulle; también mientras Friedrich Merz se reúne con Donald Trump en la Casa Blanca sin criticar su nueva operación militar. El Reino Unido, que entonces formó parte del trío de las Azores, permite bajo la batuta de Keir Starmer que Estados Unidos utilice sus bases en la región para atacar a Irán, pero a la vez marca distancia con una ofensiva que considera que es ilegal. Y Pedro Sánchez, en contraposición al fantasma de José María Aznar, ha sido el líder europeo con menos grises; se ha limitado a enviar una fragata defensiva a Chipre y ha condenado un ataque contrario a la “legalidad internacional” con el lema que millones de españoles utilizaron para manifestarse hace ahora más de dos décadas: “No a la guerra”. Hay precedentes —la remontada de los liberales en las elecciones canadienses de hace un año y la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero después del 11M— que animan al presidente socialista a mantener el choque directo con Donald Trump.
Todos los analistas políticos enmarcan el posicionamiento de Sánchez en una lectura interna. El socialista considera que hacer oposición al magnate norteamericano le beneficia. Hace unas semanas, en declaraciones a ElNacional.cat, los profesores de la Universidad Complutense de Madrid Paloma Román y David Hernández advertían que hacer ondear siempre la bandera contraria a Trump generaba un riesgo: acabar con un choque directo con Trump y que la búsqueda de un rédito electoral desencadenase un conflicto diplomático. Es lo que ha acabado pasando.
El presidente estadounidense comparecía el martes ante los medios junto con su homólogo alemán, el canciller Friedrich Merz. En una guerra, cada uno lucha contra sus propios fantasmas. Y el político germano —abocado al seguidismo de Israel al que están atados los alemanes por haber exterminado a millones de judíos durante el Holocausto y también con el interés de que los estadounidenses continúen defendiendo a Ucrania del embate ruso— salía en defensa de la acción militar. Hace veintitrés años, la posición de este país era de oposición total a la invasión de Irak. También daba vía libre al anfitrión para cargar contra el Estado español: Trump amenazaba con un embargo comercial por la oposición del ejecutivo de PSOE y Sumar a la guerra de Irán y al uso de las bases estadounidenses de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) para esta ofensiva.
El precedente de los liberales canadienses
Pero llevar la tensión al máximo puede, según cómo, comportar efectos sorpresa beneficiosos. El presidente del Catalonia Global Institute, Abel Riu, menciona el precedente canadiense en declaraciones a ElNacional.cat. En abril del año pasado, el Partido Liberal de Canadá —homologable ideológicamente al PSOE— se impuso en las elecciones y retuvo el poder después de meses de malos presagios demoscópicos. Le dio la vuelta a las encuestas; tres meses atrás los sondeos lo habían situado hasta 25 puntos porcentuales por detrás de los conservadores. Analistas e incluso legisladores republicanos estadounidenses coincidían en encontrar la explicación en la interferencia de Trump en la política canadiense, sobre todo con amenazas arancelarias, cosa que perjudicó a los conservadores.

Zapatero, el 11M y la retirada de tropas españolas de Irak
Este experto internacional también recuerda que la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero se explica por los atentados del 11M. La primera cosa que hizo cuando llegó a la Moncloa fue retirar las tropas españolas de Irak, cosa que le supuso un choque con Bush. La ciudadanía española había culpado al gobierno del popular José María Aznar de los ataques a los trenes de Cercanías de Madrid. El PP intentó mentir señalando la falsa autoría de ETA porque sabía que saldría perjudicado en las elecciones —así fue— si la ciudadanía entendía que el atentado yihadista de la capital española era una respuesta a la participación del Estado español en la guerra de Irak. Sánchez, en su declaración institucional de este miércoles, destacaba que una consecuencia de aquella guerra fue el auge de este tipo de terrorismo.
Comparte este mismo análisis el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Miguel Ángel Benedicto. En conversación con este periódico, añade que Sánchez ha utilizado hábilmente y de forma oportunista el lema del “No a la guerra”. Y apunta que, en una sociedad española que siempre ha sido antiamericanista (los norteamericanos potenciaron el régimen franquista, no lo combatieron como al nazismo), el rédito electoral puede ser mayor ante un presidente como Donald Trump, que es de los que más animadversión genera entre esta población. Los dos expertos también recuerdan que el magnate norteamericano no puede impulsar este embargo comercial porque se debe a los acuerdos bilaterales con la Unión Europea. Ahora bien, advierten que jugar con fuego siempre es peligroso, y destacan la enorme dependencia que tiene España de Estados Unidos respecto del gas licuado. Riu añade que la prudencia de otros países en comparación a la oposición de Sánchez se puede deber a la voluntad de no enfadar a Trump y tener garantizado que seguirá contribuyendo en la estabilidad de Europa oriental con la defensa de Ucrania.

Irak, el mismo fantasma que persigue al Reino Unido
El posicionamiento del Reino Unido respecto de la guerra de Irán también se explica a partir de Irak. Esta vez, el actual primer ministro, Keir Starmer, ha pasado en un primer momento de negar cualquier ayuda a Trump y Netanyahu y abogar por la negociación, a permitir el uso de sus bases para que Estados Unidos lance algunos ataques. Sin embargo, se ha mostrado crítico en todo momento con esta ofensiva. Benedicto también añade que esta “mediana potencia”, igual que la francesa, “está más acostumbrada a intervenir si es necesario” en conflictos armados, por lo cual su ciudadanía lo acepta con más facilidad.
Ahora bien, Francia tampoco ha secundado completamente el ataque norteamericano. Emmanuel Macron tomó la decisión de enviar hacia el Mediterráneo su arma más potente, el portaaviones de propulsión nuclear Charles de Gaulle. No obstante, asevera que la ofensiva sobre Irán representa una violación del “derecho internacional”; y sobre él pesan los compromisos de seguridad que tiene con algunos países árabes. Riu, preguntado por este periódico sobre la posición de Macron, opina que el presidente francés puede haber sido “arrastrado” por Sánchez. Señala que Francia es una potencia mucho más importante que España, pero opina que el liderazgo de Sánchez en Europa es fuerte y que es una voz que puede influir en el posicionamiento del resto de líderes continentales. El rechazo a Trump, añade, es transversal en la ciudadanía europea. Y en la española, por eso “lo utiliza en clave electoralista para intentar arrinconar al PP en una situación incómoda”. Habrá que ver si el próximo CIS, como siempre, vuelve a empujar a Sánchez y a darle la razón esta vez en su acción exterior.