La mayoría de las portadas de hoy hablan de la visita de Pedro Sánchez a Barcelona, donde consoló a los policías heridos y avisó de que la cosa va para largo. También tuvo tiempo de hacer saber que había llamado a la alcaldesa de Barcelona y a la presidenta de la Diputación de Barcelona. Sobre todo vino a no entrevistarse con el presidente de la Generalitat, que era de lo que se trataba. Hay, sin embargo, diferencias en la presentación. El País y El Periódico transforman el acontecimiento en una especie de visita de Estado. La derecha mediática madrileña, en cambio, no se traga la maniobra y le acusan de doble juego —La Razón— o le reprochan que hasta ahora no se haya dado cuenta de la magnitud de la tragedia —El Mundo y ABC. Las elecciones del 10-N se acercan, el PSOE está que se cae y el PP necesita toda la ayuda que puedan darle.

Entretanto, La Vanguardia abre su primera con un clásico: los empresarios se movilizan y reclaman "una salida" a la crisis. Tiene un punto cómico. El titular tampoco engañaría si cambias "los empresarios" por "el independentismo", "el president Torra", "el medio millón de las Marchas por la Libertad o "la Plataforma de Afectados por la Hipoteca", "por los recortes sanitarios" o cualquier otra víctima. Claro, "los empresarios", por alguna razón que nunca acaba de aclararse y se da por supuesta y evidente, están hechos de una pasta que otorga a sus pretensiones un propósito más noble y más sano que las de cualquier otro actor, sean los independentistas, Torra o la buena gente de la PAH. Ellos también "reclaman una salida a la crisis", con tan mala suerte, sin embargo, que no son la gente ni la salida al gusto de La Vanguardia. La vida es dura.

Ara y El Punt Avui no marcan mucha diferencia. El titular principal de Ara es ingenioso, porque no se sabe bien si sube o baja. El Punt resuelve el día con la entrevista a Joaquim Forn. No es el único preso político entrevistado. Carme Forcadell lo es en Ara y Jordi Sànchez, por partida doble, en La VanguardiaEl Mundo, que le hacen decir lo que quieren. Entre las frases escogidas por los titulares de portada, llama la atención la coincidencia de los tres presos en utilizar la palabra "violencia" para aludir a las asonadas, disturbios, algaradas, bullangas... protagonizados por gente que protesta por la mismísima sentencia que los tiene en prisión.

Eso es, justamente, lo que todas esas portadas entierran. Pasan los días y sobre la sentencia apenas si hay análisis. Las razones del veredicto han quedado enterradas entre las losetas arrancadas del suelo y los restos del contenedores quemados. Pasa igual con la información sobre las, digamos, discutibles actuaciones policiales que todo el mundo mira y remira en las decenas de vídeos y testimonios que circulan en las redes sociales.

Ciertamente, los diarios catalanes hablan a menudo de "penas elevadas", una expresión ya casi tópica que no se sabe si refiere a la longitud de las condenas o a su desmesura. Cada uno entiende "penas elevadas" como quiere y aquí paz y después gloria. El hecho es que se presta poca o ninguna atención a cómo se han fabricado cargos fabulosos para arrastrar el caso al Supremo, interferir el Parlament y el Govern, imponer prisiones preventivas desproporcionadas, y dar por  hechos unos delitos cuyo encaje con la realidad es fruto de una creatividad jurídica fuera de medida —o, más bien, a medida. Tampoco llama la atención que la sentencia penalice la protesta y limite los derechos y libertades civiles (ahora le toca a Gonzalo Boye). Solo hace una semana de esa tremenda sentencia. El silencio que la rodea grita tanto. Por eso las portadas de hoy demuestran que la no visita de Pedro Sánchez a Barcelona ha sido todo un éxito. Teatro del bueno.

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