Es interesante emparejar las portadas de algunos diarios de hoy. Por ejemplo, Ara y ABC. El diario catalán remarca el dato que justifica la decisión de confinar Madrid: el sistema sanitario está a un paso de no poder tratar a los hospitalizados por Covid-19. Es decir, Madrid se pone en riesgo de revivir los triajes de marzo y abril —quién vive y quién muere— porque no había capacidad sanitaria para hacerse cargo de todos los enfermos. Así se degrada la prevención porque ese volumen de enfermos reclama un número de personas imposible para rastrear los contactos de los contagiados, cosa que refuerza la transmisión de la Covid-19. Eso apunta Ara. ABC, en cambio, prefiere abordarlo desde el punto de vista de las cuentas: si se confina Madrid, la economía española no resistirá el tirón. Son dos maneras de ver la pandemia, dos maneras de explicarla.

La cosa es que mientras Ara ofrece datos, ABC sólo propone doctrina. Este es el drama: por más datos objetivos que ofrezcas —y más vidas que haya en juego—, siempre hay un ABC dispuesto a sostener un kit de hechos alternativos que justifique lo contrario, defender intereses que nunca acaban de explicarse y, en fin, excusarse mediante el juicio de intenciones de otros ("conspiran contra Madrid"!)".

Una cosa parecida ocurre con el tercer aniversario del referéndum del 1-O. El Punt Avui titula "Mandato vigente", como queriendo decir que las consecuencias de aquella votación (la independencia, básicamente) son reales y vivas y tienen que aplicarse, etcétera, mientras todos saben perfectamente que no han intentado aplicarlas y que hay pocas ganas de hacerlo. La conversación sobre la independencia de hace tres años ha dejado paso a la reclamación de la libertad de presos y exiliados, el fin de la represión y la necesidad de más elecciones. En cambio, el diario —el oficialismo indepe en general— procura mantener viva la memoria épica del 1-O y muchos lectores aceptan la disonancia porque es una manera muy humana de conservar la esperanza, porque la alternativa les resulta insoportable o porque no ven motivos para dar la batalla por perdida.

Otra pareja de portadas destacable es El País y El Periódico. El diario madrileño hace un título muy atrevido, en el sentido de que es complicado captar un estado de ánimo general y explicarlo tan crudamente con el apoyo de hechos tan sueltos y escuetos como los que se detallan en los subtítulos. Un lector de talento medio advertirá que, más que explicarle unos hechos, quieren convencerlo de algo o influirle para que lo vea de una manera determinada.

El diario catalán, en cambio, explica un hecho concreto, un caso particular, y lo presenta de forma convincente —el titular es emocionante, la fotografía aun más. Seguramente, el impacto en el lector generará más empatía, no sólo con Maite, sino con todos los amenazados por los desahucios, que se ven como una operación cruel donde un juez, a petición de un banco, envía a los Mossos a echar a alguien de su casa y a pegar a los que se oponen. Así empiezan muchas películas de buenos y malos, esas en que enseguida sabes quién son los buenos y quién los malos.

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