En otro tiempo, ABC habría hecho suyo el titular de El Punt Avui para burlar a toda la torcida independentista volviéndoles en contra sus mismos eslóganes, con ocasión de la inhabilitación del president de la Generalitat, Quim Torra. El diario se habría quedado tan campante. Pero no. El tabloide monárquico ha cambiado la socarronería bon vivant y marquesa de antes por una iracundia huraña y exasperada. Quizás esta actitud les parece más solemne y olímpica, quizás es que el nuevo director aun le está encontrando el tono. A El Punt avui, hoy, tampoco se le ve fino. Titula con la frase famosa de Jordi Cuixart en el Supremo pero la regala al adversario —por muy de luto que pongan la portada—como queriendo decir que lo que teníais que volver a hacer vosotros, indepes catalanes, lo hemos vuelto a hacer nosotros, jueces españoles. Tal vez sea una descripción precisa del actual estado de la cosa.

Ciertamente, al diario de Girona se le ve disconforme. Ara dedica mucho espacio de portada —la foto, magnífica, lo vale— aunque el conjunto da la impresión que se lo coge con pinzas. El resto de la prensa que aquí se revisa, sin embargo, no puede esconder su satisfacción y/o alivio con la sentencia del Tribunal Supremo. Por lo que se ve en las portadas, parece que se abren grandes posibilidades políticas, que se ha desalojado el obstáculo que impedía no se qué, que los puentes se abren, que llueva, que llueva, la Virgen de la cueva.

Rabia y malhumor

Unos se lo toman con rabia y malhumor, como ABC, ya se ha dicho, con ese titular que parece que diga "Atado y amordazado" (¡No! Dice "Inhabilitado y amortizado"). También El País, que presenta hoy una de las especialidades de la casa, el típico editorial donde se hacen el valentón y pretenden humillar a alguien que ya no puede defenderse. Se titula "Torra, sin honor". Ya te imaginas: es el clásico escarnio cobarde a quien no supone ningún riesgo, con el estilo obtuso y cargado de adjetivos vacíos y ruidosos que rezuman afán denigratorio. En eso tiene un aire a la retórica de la sentencia, que habla, entre otras perlas de la literatura jurídica contemporánea, de "contundente, reiterada, contumaz y obstinada resistencia". Caramba con Torra.

La Vanguardia, El Periódico, El Mundo y La Razón, en cambio, procuran pasar página y se inquietan por el porvenir. Parace que pregunten ¿por dónde íbamos? A los diarios barceloneses se les hace la boca agua con las elecciones que vienen. Uno y otro hacen bandera al título principal (y el diario de los Moll también en el editorial) y tienen la maña de dejar bien insinuado que estas elecciones las convoca el Tribunal Supremo, como quien se hace cargo de las copas al final de la fiesta.

...no encontrarán mujer bonita

El diarios madrileños, menos diplomáticos, se frotan las manos con las posibilidades que se abren al ocupar Pere Aragonès la presidencia interina del Governo: mesa de diálogo, presupuestos y reforma de la sedición, según el diario del Grupo Planeta. Parece que quiera marcar territorio —y quizás es lo que hace, de parte del sector oficialista del PP. A eso le llama "era post-Torra". Cuando menos, al presidente depuesto le queda haber dado nombre a una era. El Mundo, más moderado en el pronóstico, da la impresión de que se admira de la resistencia de ERC a romper con Pedro Sánchez, pese a la sentencia. Este titular describe bien la problemática relación de ese diario con algunos principios democráticos elementales, como el de la separación de poderes. Quizá es que saben más cosas y dan por supuesto que aquí funciona de otra manera —no puede descartarse nada.

Ninguno de esos diarios se sorprende por la sentencia. Solo La Vanguardia, en el editorial, dice que, desde 2010, el poder judicial español "ha gestionado con una severidad discutible, una vez más, una problemática de fondo político" y que esta sentencia "ensancha la distancia entre el poder del estado y las instituciones catalanas". Es todo un arte saber expresarse con tanta, digamos, delicadeza y benevolencia —aunque así no encontrarán novia bonita.

Entretanto, en Madrid, la presidenta regional, Isabel Ayuso, continúa la partida con el ministro de Sanidad, Salvador Illa, jugándose la salud de seis millones de madrileños, rehenes de su incompetencia y rebeldía. Pero la salud de seis millones de personas no se puede comparar con la desobediencia en un organismo administrativo como la Junta Electoral central. Al menos en las portadas de la prensa leal.

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