Son pocos minutos antes de las ocho y media de la noche. Falta media hora para la convocatoria oficial pero los vecinos de la calle Núñez de Balboa, en Madrid, ya empiezan a bajar a la calle. Una mujer de edad media alta lo hace con una espátula y la tapa de cazuela. Lleva mascarilla a desgana, porque tiene la policía vigilándola. "¿Por qué pica?" "Para que dimita este gobierno. Estamos en una dictadura, nos están quitando los derechos", responde. "Y después todo el mundo aplaudiendo a las ocho de la tarde como corderitos. ¡Venga hombre!", exclama. Forma parte del movimiento de "resistencia" del barrio de Salamanca, la revolución de los pijos de la capital del Estado que quiere derrocar un gobierno. Este jueves han sido de varios centenares. La presencia policial sólo ha llenado las aceras.

El movimiento nació no hace ni una semana en el opulento barrio de Salamanca de Madrid, uno de los más ricos de la capital, donde todavía se pueden ver fachalecos en mayo. Animados por formaciones como Vox, llenan la calle Núñez de Balboa cada noche. Sus impulsores dicen ser "transversales ideológicamente" y defender "la libertad y el fin de la destrucción económica", y denuncian "toda injerencia antiespañola, especialmente la comunista". Califican de "héroes" a las Fuerzas de Seguridad del Estado, que hoy nuevamente les han dejado vía libre. Resumiendo: están contra el gobierno de coalición Sánchez-Iglesias.

Viendo las imágenes de los días anteriores, la delegación del Gobierno ha decidido por fin desplegar un dispositivo del Cuerpo Nacional de Policía. Este mismo miércoles agentes abrieron trece propuestas de sanción contra manifestantes del barrio de Salamanca, pero en ningún momento actuaron para dispersar la manifestación. Acudieron después de que algunos vecinos alertaran a la Policía molestos con las protestas. Pero poco han hecho más allá de cuatro recomendaciones. Las aglomeraciones se han producido de todos modos.

La actuación policial ha consistido, básicamente, en dejar la calle libre para el tráfico de vehículos, arrinconando a los manifestantes a las aceras. Una furgoneta del CNP ha peinado la calle recordando que hay en vigor un estado de alarma que obliga al distanciamiento social. Los que protestaban han respondido con gritos de "libertad". Algunos agentes a pie de calle se han dedicado a reñir a los vecinos que se aglomeraban: "Señor, señora, nos tenemos que ir moviendo. Es hora para pasear".

Entre banderas españoles y mascarillas, también con la bandera española, se manifiestan una amplia variedad de vecinos. A los movimientos anticomunistas se suman otros, como el antivacunas. "No pueden obligarme a vacunar a mis hijos, ni por ley", exclama una mujer de entre 50 y 60 años. Preguntada sobre si no contempla la vacunación ante una pandemia global, responde que "evidentemente que no". También critica la "paguita de 400 euros" del gobierno. Los enviaría a "todos a trabajar". E incluso ve conjuras: "El coronavirus es una tomadura de pelo. Yo no he visto ni un féretro ni una autopsia ni nada. Es una tomadura de pelo para hacer entrar España en crisis".

Una veintena de furgones policiales que no han actuado, sólo han dado consejos a los peatones. Los pijos han dicho basta; se les ha acabado la paciencia. "Iros a Catalunya a defender el orden constitucional", ha gritado un manifestante a los agentes cuando ya se diluía la concentración ultra. "Sánchez dimisión, Marlaska al paredón", ha añadido otro.

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