Barcelona, Badalona o también Tarragona han sido los casos más mediáticos y los que quizás han acaparado más portadas y titulares, pero son 51 los municipios catalanes, de los 200 que no alcanzaron la mayoría absoluta el pasado 26-M, donde los pactos han apartado de la alcadía la lista más votada. Una circunstancia que no es nueva, pero que el hecho de que esta vez haya pasado en grandes ciudades –entre ellas Barcelona y Madrid–, ha puesto en evidencia, una vez más, que las elecciones se pueden ganar en las urnas y perder en los despachos y han reabierto el debate sobre si hace falta una reforma de la ley electoral para evitar los llamados "pactos contra natura".

Uno de los primeros en abrir el melón del debate fue el cabeza de lista del PP en Badalona, Xavier García Albiol, que a pesar de conseguir más de un 37% de los votos y quedar muy por encima de la segunda fuerza –Guanyem-ERC consiguió un 24,5%–, se quedó sin la alcaldía. En una entrevista a Rac 1, el popular consideró que en casos como el de Badalona, en el que la diferencia es tan grande, "se tendría que dejar votar la lista más votada" y allí donde es más ajustado, como en Barcelona o Madrid, se tendría que optar por un sistema de segunda vuelta entre los candidatos más votados.

Foto: Sergi Alcàzar

Una opción, la de la segunda vuelta, que encuentra partidarios y detractores de todas las ideologías y colores políticos. Los secretarios de política municipal de ERC, Marc Sanglas, y del PDeCAT, Ferran Bel, también lo ven con buenos ojos y así lo expresaron en un debate coloquio esta semana organizado por Alcaldes.eu. De hecho, Bel aseguró que este debate se tenía que "imponer" y que "se tiene que hacer una reforma". "Lo habíamos intentado y lo volveremos a intentar", añadió en este sentido.

En declaraciones a El Nacional, Sanglas no se expresa con tanta contundencia, y defiende que es más una "reflexión" que una "propuesta" firme, aunque sí que asegura que un sistema de doble vuelta, como lo que hay en Francia tiene "aspectos positivos". En este sentido, remarca que ayudaría a los municipios a "garantizar estabilidad" porque evitaría que la oposición bloquee y que los pactos tengan "más legitimación". Sin embargo, cree que habría que poner a debate si la segunda votación tiene que ser entre los dos o los tres candidatos más votados y si se establece algún tipo de porcentaje.

Doble vuelta, una opción con cara y cruz

No son tan partidarios de este sistema algunos politólogos, como Ernesto Pascual, profesor de Ciencia Política de la UOC, que, a pesar de reconocer que podría mejorar la "gobernabilidad", también alerta que habría el peligro de volver a caer en el "bipartidismo" y haría que el sistema fuera menos representativo. En este sentido, avisa: "Nos tenemos que plantear si queremos gobernabilidad o representatividad y pluralismo". Es más, remarca que en una sociedad tan "polarizada" como la catalana, donde hay dos bloques, podría provocar que "mucha gente quedara excluida".

El también politólogo Pablo Simón no es tan contrario a este sistema, de hecho, defiende que no hay ninguno que sea "mejor ni peor". Eso sí, avisa de que la doble vuelta tiene "una cara y una cruz". Por una parte, reivindica que evita el malestar de los votantes con los "pactos contra natura", pero también recuerda que el sistema actual es "más representativo" y acepta mejor el "pluralismo".

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Ahora bien, también reconoce que la mayor parte de los países de nuestro entorno tienen sistemas más adelantados de desbloqueo y defiende que se podrían explorar diferentes opciones para que los ciudadanos pudieran evitar pactos indeseados y escoger más directamente al alcalde, una figura que en nuestro país reconoce que tiene "mucho poder", casi como si fuera un "sistema presidencialista".

De Italia a Nueva Zelanda: ¿cómo son el resto de sistemas?

La doble urna de Italia

"Nuestro sistema no es extraño", deja claro Simón, que recuerda que Dinamarca o Bélgica también se rigen por un sistema proporcional representativo como el del Estado español. A pesar de eso, avisa de que hay una gran variedad por todo el mundo más allá de este modelo o el de doble vuelta, como se aplica en Francia o Grecia, que permiten a la población una elección más directa y mejor percepción de la participación política entre el electorado. Sería un ejemplo el sistema mixto de Italia, que, tal como explica Simón, permite votar en dos urnas: una para la elección del alcalde y otra por la composición del pleno. Sin embargo, recuerda que el alcalde siempre tiene mayoría.

Otra opción son las listas abiertas. En Alemania varios estados como Bremen o Hamburgo, o en las elecciones municipales en varios estados, han instalado este sistema. Un modelo que, de hecho, se aplica también en Catalunya con los pueblos de menos de 250 habitantes, donde los electores votan directamente a los candidatos y no al partido, un sistema como lo que se utiliza por el Senado. Sin embargo, preguntado Sanglas (ERC) por la posibilidad de exportar este sistema a escala catalana, avisa de que en el 80% de los casos, los electores acaban votando a todos los candidatos del mismo partido, por lo que no acaba de corregir los problemas que presentan las listas cerradas.

Las 'elecciones-primarias' de Suecia

Simón pone otro ejemplo: el de Suecia, donde se introdujo un sistema en el que podías escoger directamente a los concejales de un partido. Es decir, que permitía alterar el orden establecido por el partido en la lista y que, defiende, "mejoró mucho la calidad de la representatividad". Con este modelo, el politólogo defiende que, ante la ausencia de encuestas municipales, el sistema permite a los partidos distinguir entre los "buenos" políticos y los "malos" y avisa que funciona casi como un "sistema de primarias". "Sería interesante saber cuántos votos aportó Elisenda Alamany a ERC", se pregunta Simón.

Foto: Sergi Alcàzar

En este sentido, añade que el sistema de elección directa haría que hubiera "competición dentro de los partidos" y que se premiara el que se lo "trabaja" y no el que "es más leal a la cúpula". Simón reconoce que este sistema da "vértigo" a los partidos porque "pierden el control de la organización" y se alteran sus equilibrios internos, pero defiende que les obliga a trabajárselo más y cree que eso "es muy buena para el votante y para el sistema político".

El voto único transferible de Nueva Zelanda

Finalmente, Pascual añade dos nuevas posibilidades de reforma: aumentar el umbral de entrada al ayuntamiento –por el que se reducen los partidos y la fragmentación y se mejora la gobernabilitat– u optar por el modelo de voto único transferible. Este último es el que se utiliza en países como Australia o Nueva Zelanda y permite a los ciudadanos ordenar los partidos en función de sus preferencias. Un sistema que evita los pactos no deseados por los votantes y mejora la gobernabilidad, pero que, tal como reconoce Pascual, complica la votación y necesitaría mucha explicación y de una nueva "cultura política" en el Estado para implementarse.

A pesar de este abanico de posibilidades, Pascual recuerda que lo que sería más fácil sería exponer realmente qué pactos se harán después de las elecciones, y recuerda que en Alemania se explican a priori y, así, se evitaría los pactos "increíbles" y que los votantes se sientan decepcionados con ellos. De la misma manera que reprocha a los partidos que no cumplan los programas electorales, un hecho que recuerda que sería "impensable" en países como Japón, y concluye: "aquí es el festival del humor".