La noche del 14 al 15 de agosto de 1936 las fuerzas franquistas cometieron una gran matanza con los prisioneros republicanos capturados en la ciudad de Badajoz y en sus alrededores. La columna del ejército colonial dirigida por el teniente coronel Juan Yagüe encerró en la plaza de toros a todos los que consideraban enemigos de los sublevados. La noche del 14 al 15 hubo números ejecuciones, sin juicio previo. De 1.800 a 4.000 personas fueron asesinadas en esa plaza, según los estudios más serios. Aunque varios periodistas extranjeros documentaron la matanza, el franquismo siempre negó las evidencias y habló de "la leyenda" o "el mito" de Badajoz. Ahora, algunos aficionados a la historia de extrema derecha han recuperado el discurso franquista, aunque entre los historiadores académicos hay consenso sobre la realidad de la matanza (el trabajo más sistemático, el de Francisco Espinosa, documenta 1.389 ejecuciones, pero afirma que podrían ser muchas más). Ayer y hoy varios actos conmemorativos, en Badajoz, han querido recordar a las víctimas de aquel crimen y al mismo tiempo denunciar a los que niegan las ejecuciones.

Los actos

Ayer, martes, 200 personas se manifestaron en recuerdo de las víctimas, convocados por Podemos, la CGT, la CNT, el PCE, Izquierda Unida y otras organizaciones de izquierdas. Su lema: "Ni olvido, ni perdón". A continuación se representó la obra 25 de marzo de 1936 en el Teatro López de Ayala. Este miércoles los actos de homenaje tendrán lugar en el cementerio de la ciudad. No se podrán hacer en la plaza de toros, escenario de la masacre: hace algunos años fue destruida y fue sustituida por un centro de convenciones.

Objetivo: Badajoz

Badajoz representaba uno de los grandes obstáculos para el ejército rebelde en lo que se pensaba que sería un avance rápido hasta Madrid. Ocuparla debía permitir consolidar la unión entre las dos zonas bajo dominio de los rebeldes, la del norte (controlada por Mola) y la del sur (controlada por Franco). Pero la ciudad estaba en una zona hostil a los sublevados, porque el campesinado extremeño era víctima del latifundismo y al principio de la guerra se había apresurado a llevar a cabo colectivizaciones. La columna del ejército colonial dirigida por el teniente coronel Juan Yagüe, compuesta básicamente por legionarios y tropas marroquíes, asedió la ciudad, defendida por una pequeña guarnición y un gran número de milicianos sin experiencia bélica. Después de los bombardeos por parte de aviones italianos, las tropas marroquíes consiguieron abrirse paso y entrar en la ciudad. En la ocupación de la ciudad ya se produjeron numerosas muertes de civiles.

El carnicero de Badajoz

Ocupada la ciudad, el general Yagüe ordenó que se concentrara a todos los prisioneros en la plaza de toros. La mayoría eran civiles: milicianos, sindicalistas, jornaleros, alcaldes, concejales... La noche del 14 al 15 de agosto empezaron las ejecuciones extrajudiciales, que siguieron durante un par de días. El número de muertos no se conoce con exactitud, por la ocultación franquista, pero los historiadores lo sitúan entre los 1.800 y los 4.000. Yagüe, en la época, en una entrevista con el periodista norteamericano John T. Whitaker, no negó los hechos y se excusó alegando que no podía dejar su retaguardia en manos de enemigos. Por estos hechos, Yagüe pasó a ser llamado, por sus enemigos, el carnicero de Badajoz. Pero Franco, después de ganar la guerra, lo nombró ministro del Aire. Y aunque la relación entre el general falangista y el dictador no siempre fue cordial, el régimen bautizó calles de todo el Estado con el nombre de "General Yagüe". Todavía lleva su nombre una calle de Logroño y de muchas pequeñas localidades de la zona.

Foto de portada: Juan Yagüe, el carnicero de Badajoz. Narodowe Archiwum Cyfrowe.

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