La manifestación contra Pedro Sánchez por dialogar con el Gobierno ha sido convocada oficialmente por el PP y Ciudadanos. Pero también se han sumado Vox, España 2000, la Falange, Falange Española de las JONS, Alternativa Española y Democracia Nacional. Y el candidato independiente a la alcaldía de Barcelona Manuel Valls, que ha justificado su presencia porque la convocatoria es "transversal". Concretamente, la transversalidad va de la derecha a la extrema derecha, la misma derecha y extrema derecha que ya salió a las calles contra José Luis Rodríguez Zapatero.

El detonante ha sido la figura del "relator" aceptada por el gobierno español en el diálogo con la Generalitat, que no es un mediador, sino "alguien que tome nota", coordine y facilite las conversaciones. Ni siquiera se ha llegado a ningún acuerdo, con unas negociaciones que han quedado congeladas porque en Moncloa no aceptan un referéndum de autodeterminación. Pero eso no es un impedimento para que la derecha hable de "alta traición" y salga en nombre de la unidad de España.

El nuevo aznarismo, representado por su mayor discípulo Pablo Casado, vuelve a las calles de la capital española para rechazar cualquier tipo de diálogo, como ya pasó durante la presidencia de Zapatero. En aquel caso era para rechazar la negociación incipiente con la banda terrorista ETA. Curiosamente, la izquierda abertzale que entonces ya trabajaba por la paz también reclamaba una mesade partidos y actores sociales para resolver el conflicto político vasco, en base al acuerdo de Ajuria Enea de 1988 (suscrito por Alianza Popular).

En un caso eran terroristas que todavía mataban, y en el otro dirigentes son políticos escogidos democráticamente en las urnas. Pero primer Pablo Casado --diciendo que "la agenda de Catalunya es la agenda de ETA" -- y después Dolors Montserrat --asegurando que la "violencia" es equiparable-- se han encargado de equipararlo. El relato es vasco y el patrón venezolano: Sánchez es "ilegítimo" y tiene que convocar elecciones, han dicho los impulsores de la protesta.

El relato es vasco y el patrón venezolano: Sánchez es "ilegítimo" y tiene que convocar elecciones, han dicho los impulsores de la protesta

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"En mi nombre, no"

Justamente la plaza de Colón de Madrid, al lado de la sede del PP en Génova, fue el principal epicentro de las grandes manifestaciones contra Zapatero, impulsadas por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y patrocinadas por los populares. También lo fue de otras movilizaciones masivas de la derecha durante la legislatura socialista, como contra el aborto o contra la reforma del Estatut del 2006, que culminó la recogida de firmas en contra de lo que habían votado los catalanes.

De mostrar unidad a las concentraciones contra el terrorismo, donde aparecía junto con Zapatero detrás de las pancartas, Aznar pasó a liderar --con permiso de Rajoy-- las protestas contra ETA y, también, contra el gobierno español. El motivo: el anuncio del diálogo con la banda terrorista. La primera de estas grandes marchas tuvo lugar el 23 de enero del 2005.

Tenía que ser un acto de condena al terrorismo, pero las consignas que predominaron fueron contra el gobierno de Zapatero. Fue la reaparición pública de Aznar, que dirigió un mensaje a Zapatero pero también a Rajoy: con los terroristas no se dialoga nunca, aunque abandonen las armas. El entonces ministro José Bono y la entonces eurodiputada socialista Rosa Díez fueron insultados y agredidos por manifestantes. Fueron unos cuantos miles de personas en la Puerta del Sol.

Un año después, en febrero del 2006, ya serían centenares de miles —110.000 según la delegación del gobierno español y 1,4 millones según la Comunidad de Madrid- en la plaza de Colón. Unos manifestantes que recibieron a Rajoy entre gritos de "presidente" y centraron la mayoría de sus dardos contra Zapatero. El presidente dela AVT, el hoy senador de Vox José Alcaraz, leyó un manifiesto contra la negociación con ETA. "En mi nombre no", decía la pancarta de la cabecera.

Entre el 2005 y el 2011, sólo en Madrid, tuvieron lugar una docena de manifestaciones masivas contra Zapatero por su política antiterrorista. Un denominador común: una exhibición de españolismo. Las protestas continuaron incluso después de que ETA rompiera el proceso de paz. Los convocantes argumentaban una negociación en la sombra, en la línea de los "pactos secretos" de Sánchez con Torra.

Entre el 2005 y el 2011, sólo en Madrid, tuvieron lugar una docena de manifestaciones masivas contra Zapatero por su política antiterrorista.

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El pasado contradictorio

A pesar de la exaltación en las calles cuando está en la oposición, la derecha española actúa de forma diferente cuando está en el poder. El mejor ejemplo es Aznar como presidente. En su segundo año en la Moncloa, unos meses después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, miembros de su gabinete se sentaron a negociar en Zurich con ETA, sin ningún veto en la agenda. Fueron el secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos, y el asesor del PP Pedro Arriola. Durante los meses previos acercó a 133 presos a cárceles próximas al País Vasco.

Tampoco es extraña la figura del mediador o el relator para el expresidente español. En su caso, escogió al obispo Juan María Uriarte para liderar las conversaciones con la banda terrorista, porque como vasco tenía interlocución con varios espacios políticos, también el de la izquierda abertzale.

Es un rol que los populares también han utilizado en tiempos recientes y en Catalunya, bajo el mandato de Mariano Rajoy. En el caso del 9-N, los que estuvieron hablando en la sombra fueron Pedro Arriola y el expresidente del Parlament y responsable del Pacte Nacional pel Dret a Decidir Joan Rigol. En el caso del 1-O, desde el lehendakari Íñigo Urkullu, el cardenal Joan Josep Omella y el síndic de greuges Rafael Ribó, hasta un grupo de importantes empresarios catalanes.

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