Avanzaba una pequeña multitud silenciosa con paso firme hacia la puerta del Tribunal Supremo en Madrid. Eran las 10:50h y los cámaras corrían por la calle lateral del juzgado al grito de "ya llegan, ya llegan". La comitiva frenaba el paso, como dejando espacio para que los periodistas pudieran inmortalizar el momento. El exconseller de Presidència, Francesc Homs, estaba citado a declarar por "haber puesto las urnas del 9-N", como suele decir. Minutos más tarde se sentaría solo, como indica el protocolo, ante el juez, nada más con el recuerdo de los dos besos que le había dado la exconsellera Irene Rigau en la entrada.

Pero el camino hasta la puerta de una de las máximas instituciones judiciales españolas no había sido rodeado de una masa anónima sin identificar. Homs había hecho aparición en el centro del desfile con el expresident Artur Mas a su izquierda, con gesto de orgullo, y éste al lado de la portavoz del Govern, Neus Munté. La tropa era diversa y variada, desde el nacionalismo vasco, con representación de Aitor Estaban, amigo personal de Homs y portavoz del PNV en el Congreso, hasta el soberanismo catalán, con el miembro de la Mesa Marcelo Expósito de En Comú Podem.

También había independentistas confesos, como los coordinadores del Partit Demòcrata, Marta Pascal y David Bonvehí; ciertos miembros de ERC, como el senador y exjuez Santi Vidal; representación del Ejecutivo catalán, como el conseller Santi Vila, miembros de la cámara catalana como Lluis Coromines o el diputado de Junts pel Sí Jordi Turull. La sociedad civil tenía su representación, asimismo, de la mano de Jordi Cuixart (presidente de Òmnium), Jordi Sánchez (ANC) o Neus Lloveras, de la Associació de Municipis per la Independència. Todos coincidían en una idea, que "a problemas políticos, respuestas políticas".

Pero así como la ley iguala a todos los hombres, también la entrada por la puerta del Supremo igualó a la multitud, que había roto su silencio armado con un aplauso. Homs saludaba a los medios y entraba para declarar ante los magistrados. La prensa española increpó entonces en la calle, sorprendida, al expresident Mas sobre la comparación del caso de Homs y la Operación Catalunya con los GAL. De hecho, algún periodista formulaba la cuestión, dejando entre líneas que consideraba de envergadura la idea, así como también les pareció a algunos que era destacable aquello de "la Fiscalía es el brazo armado del PP".

Una hora y cincuenta minutos duraba la sesión para el exconseller, mientras en la calle se disolvía la pequeña manifestación, ahora menos compacta y desacompasada, camino de la Delegación de la Generalitat en Madrid. "La hemos liado mucho, que nos han traído al Supremo... Habrá una condena, seguramente", decía un conseller a El Nacional, ya dentro de la sala de prensa en la calle Alcalá. Otros habían subido al piso donde el delegado Ferran Mascarell tiene el despacho. Eran Mas, Munté, Rigau y algunos alcaldes, como el de Igualada, Marc Castells. La policía se quedaba en la puerta.

Un grupito numeroso, menos diplomático, se había sentado en una terraza, en los pies del Círculo de las Bellas Artes para tomar una cerveza, una coca-cola, un café y pasar el rato. No estaban juntos, sino en formato archipiélago: ahora se sentaban los republicanos catalanes por una parte, ahora la plana mayor del PDC por otra, y los miembros de la sociedad civil con Turull, que les hacía fotos "para bromear de ellos" después. Los jefes de prensa miraban los móviles e iban como locos, de un lado a otro. Así un rato, largo pero ameno, hasta que Homs ha hecho la aparición otra vez en la sala de prensa, ya no solo, sino con los "suyos".

La estupefacción de la prensa madrileña

Según ha podido saber El Nacional, una de las incógnitas que asaltan parte de la prensa madrileña, que estupefacta se ha visto introducida en el conocimiento del espectro soberanista, es la pregunta sobre con qué porcentaje un referéndum podría ser aceptado. Hay quien cree que un 60% sería un porcentaje de mínimos, porque de esa manera, habría una mayoría "calificada" para que la Generalitat pueda considerar el resultado de las urnas. Más allá de los números, la idea es que un referéndum no es ya una quimera.

En Madrid, el caso de Homs se ve como un caso más, aunque algunos periodistas de tribunales creen que no debería haber llegado aquí, ni tampoco a Barcelona porque es algo "político", que no debe tener resolución en los juzgados, sino a través de la negociación y el diálogo entre dirigentes.