El peregrinaje de diferentes agentes de los cuerpos policiales por la sala de plenos del Supremo donde se juzga a los responsables del procés se mantiene incansable con el comienzo de la octava semana de juicio. Desde el discurso del clima pre-revolucionario que ha desplegado a media mañana el jefe de la brigada de información de la jefatura superior de Policía de Barcelona, Manuel Quintela, hasta los miembros de la policía local de Badalona que se encontraron con Jordi Cuixart en llena incautación de carteles del referéndum, y sin olvidar el curioso careo que han provocado la declaración de un Mosso y dos Guardias Civiles, relatando el encontronazo que vivieron en Lleida.

El primero a intervenir este martes ha sido el responsable de información de la Policía que ha hablado de ataques a las instalaciones de los cuerpos estatales - "que todavía no han acabado a día de hoy" - y ha acusado a los Mossos de actitud pasiva cuando no directamente de obstaculizar la acción policial.

Después de ocho semanas, la imposibilidad de exhibir los vídeos con las actuaciones policiales sigue pesando como una losa sobre la sala. Todavía no había pasado una hora del comienzo de la sesión y ha restallado en plena declaración del jefe de la brigada de Información, ante una protesta del abogado Jordi Pina.

"Yo sé que forma parte de la escenografía del juicio que todos los días haya una reclamación sobre los vídeos y todos los días nos remitimos a la decisión de la sala", ha reprochado al presidente de la Sala, Manuel Marchena, que no esconde la profunda irritación que le provoca este tema. De poco ha servido que el letrado intentara explicar las razones de su protesta. Marchena lo ha cortado con el habitual "no me interrumpa".

En el Supremo hay menos público. Más estudiantes, que aparecen de repente cuando se hace evidente el vacío de la sala. Y menos periodistas. Las sesiones empiezan a resultar muy repetitivas y los acusados van quedando engullidos por la goma espuma de los bancos de terciopelo rojo. La desconexión se hace casi inevitable. A menudo charlan entre ellos, o leen, o escriben.

La declaración del jefe de la brigada de Información se ha alargado toda la mañana y ha aportado pocas novedades. No ha sabido explicar nada sobre excesos policiales, cuando lo han interrogado las defensas. A penas subrayar que el cuerpo cuenta con un servicio disciplinario propio y muy severo que no necesita que nadie les recuerde. "Creo que alguna cosa ha habido", ha acabado admitiendo.

Lo que sí controlaba al responsable de la brigada es el informe sobre Roger Español, el hombre que perdió un ojo en la carga en el instituto Ramon Llull, y al cual ha acusado de protagonizar previamente cinco ataques directos a los agentes. Entre el público, su abogada, Anaïs Franquesa, que estaba presente en la sala como observadora, no ha escondido la irritación.

Careo policial

La tarde ha empezado con los dos policías locales de Badalona que han explicado que se tropezaron con ciudadanos colgando carteles del referéndum - "porque se lo pedía el cuerpo y por el bien de Catalunya," según les argumentaron-, y procedieron a requisar el material cuando vieron aparecer a Cuixart y al concejal del Ayuntamiento José Téllez, que interrumpió la acción policial en una actuación por la cual el concejal ha sido juzgado y absuelto.

Dos Guardias Civiles han protagonizado, acto seguido, un curioso careo con un Mosso a través de las respectivas declaraciones donde han explicado dos versiones absolutamente contrapuestas del choque que vivieron en Lleida al día siguiente del 1-O, cuando los agentes del cuerpo catalán estaban de servicio y los guardias civiles paseaban de paisano.

Todo empezó, según los agentes estatales cuando los Mossos los increparon con un "allí van los piolines" acompañado de unos aplausos sarcásticos e insultos que provocaron que la gente presente en la calle les fueran rodeando.

La versión del Mosso se inicia en el momento en que ven pasar al grupo de cinco personas que les observan fijamente y el compañero le suelta al oído "estos podrían ser piolines". A partir de aquí uno de los guardias civiles se gira y les pide la identificación. ¿Les aplaudieron?, ha pedido el fiscal, Jaime Moreno. "No, ningún aplauso". ¿Les insultaron? "No!.

La tarde todavía ha servido para que Xavier Melero, el abogado de Quim Forn, consiguiera que de nuevo un guardia civil le confirmara -y ya van cuatro- que no hubo ningún briefing el 1-O y que, por lo tanto, las órdenes de actuación estuvieron fijadas antes de saber cuál sería la respuesta de los Mossos el día del referéndum. Cuarto desmentido, por lo tanto, a la versión que expusieron en la sala los máximos responsables del operativo policial.

Con el comienzo de la octava semana de juicio a penas se ha podido sumar la declaración de un centenar de testigos Hay 500, como recordaba a menudo Marchena en las primeras sesiones para reclamar agilidad. Esta voluntad de acelerar incluso provocó alguna sesión maratoniana. Hace semanas que el presidente del tribunal ha renunciado ya ha reclamar agilidad. Cuando los presos han abandonado hoy el Supremo todavía había luz de día.

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